Breve manual para el amor

Amar es un arte. Como todo arte, necesita de análisis y reflexión. Y no todos estamos dispuestos a invertir nuestra energía en su comprensión. Es más fácil hablar del amor como algo complejo y visceral. Es más fácil decir que el mundo no entiende nuestras intenciones y encender el estéreo a todo volumen con canciones dramáticas como «él me mintió».

El amor no es algo inalcanzable. Pero debes hacerlo real.

El amor es sencillo. Sí. Lo es. O lo sientes o no lo sientes. No puedes sentir un 50 % por ciento de amor. Punto. No puedes decir «estoy más o menos enamorada, enamorado». No hay puntos intermedios en la escala.

El amor es sencillo. Encontrar a quién amar es complicado. No es una elección que debas tomar a la ligera. Dos personas desconocidas pueden atraerse y tener sexo. Pero no esto no significa que tengan intimidad. La intimidad se logra cuando compartes ideas, principios, sentimientos, miedos, preocupaciones y risas.

Amar es complicado. Amar es la expresión del amor convertida en acción. Y las acciones nos pueden perjudicar o beneficiar. De aquí proviene el miedo a amar, que, en sí, no es el miedo a amar, es el miedo a equivocarte en la persona que quieres amar. Que deseas amar.

Para amar se necesita una relación. Ponle el nombre que tú quieras. Novios, esposos, visitantes nocturnos. Al final, todas las personas en todas las relaciones se convierten en amantes. Pero el amante verdadero es quien considera al amor como un arte. Con delicadeza. Con cuidado. Con plena comprensión. Y por supuesto: sin culpas ni dramas. El peor infierno personal es sentirnos culpables por amor. La culpa en el amor es un cáncer que carcome lentamente. Debe ser evitada a toda costa.

El amor es un sentimiento egoísta

Sí. Lees bien. Es un sentimiento egoísta. Esto va en contra de todo lo que te han enseñado o has aprendido del tema. El verdadero amor no es un veneno tomado por Romeo y Julieta. El amor debe iniciar contigo. No te encierres en una jaula mental pensando una y otra vez por qué nadie te ama. El amor verdadero empieza contigo. Debes amarte. Debes comprenderte. Debes respetarte. Debes quererte antes de que alguien más lo haga. En el amor verdadero no caben las personas incompletas. El pensar que necesitas a una persona para sentirte completa, completo es un error. Primero te construyes antes de construir una relación. Primero eres tú.

Tu aceptación es lo más importante. Para tener compañía, debes disfrutar la soledad. No te hablo de la soledad de un encierro por las noches en tu cuarto. Hablo de la soledad que te permita entender tu verdadera naturaleza. Tus verdaderos sentimientos. Tus verdaderas necesidades. Tu aceptación es lo más importante. Después, sólo después viene el acto de amar.

No quiero que busques el amor lamentando tu soledad. No es así. Recuerda que tus acciones son un llamado a las personas en tu misma frecuencia. Si todos tus días para ti son una lamentación, las personas en la misma sintonía llegarán con su pesadumbre contigo. Debes preguntarte ¿qué tengo para compartir con alguien? Las quejas generan más quejas. Los miedos generan pánico. He aquí la piedra angular. Construir una relación es como construir una casa. Nunca se construye sobre dos columnas incompletas. Entonces las personas incompletas, las personas que sienten un vacío jamás podrán tener una relación saludable. Y si llegan a crearla, la relación se convierte en dependencia. Y la dependencia no es amor. Es el miedo a la responsabilidad de nuestra existencia.

Construir una relación lleva tiempo. No es fácil. Es una habilidad que requiere tiempo para perfeccionarse. Algunos la desarrollan más temprano que otros. Lo importante es ofrecerte la oportunidad de intentarlo. El miedo a salir dañados o lastimados es tan fuerte que nos priva de una segunda, tercera o cuarta oportunidad. Cuando en realidad, la vida es una infinita oportunidad de hacer las cosas bien. Y hacer las cosas bien significa una relación en la que te sientas a gusto. Plena, pleno. Satisfecha, satisfecho.

Hay etapas en las relaciones. La primera es la exploración. Es la emoción del descubrimiento de la otra persona. De sus pensamientos, de sus acciones, de su cuerpo. La segunda es la fase que revelará si el trayecto será placentero o tortuoso. Es la fase en la que dos mundos crean algo nuevo. Algo único. Algo diferente. Hay personas que tienen la tóxica costumbre de comparar relaciones. Esto es imposible. Cada relación es distinta. Incluso si regresas con una persona con la que previamente tenías una relación, esta será diferente ya que los dos, los de antes, ahora son distintos. El cambio es permanente. Y que bueno. Es una de las leyes inquebrantables en la vida. El cambio en una relación es importante porque se da de forma natural. Con el simple pasar del tiempo. Y más importante aún es el progreso. El progreso es opcional. El progreso es la fase definitiva en la relación.

Imagina una relación como un largo viaje. En el camino hay obstáculos. Y los obstáculos forman parte del viaje. Son pruebas que te permiten valorar si continuar juntos o caminar a parte. He aquí otro error que comenten muchas parejas: las personas siguen siendo sujetos independientes, aunque convivan en una relación. Pensar que una pareja es la fusión de dos personas es un error. Es la convivencia de dos personas. De dos personas completas. De dos personas felices y satisfechas de estar de cualquier forma; juntas.

#PiensaFueradelaSilla


Soy bien aburrido. No digo chistes. No me importan los mismos temas que hablan los demás. No leo noticias desde hace cuatro años. Por eso me debes de seguir aquí, en Medium.

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