Cómo dejé de ser prisionero de las notificaciones de mi teléfono

Probablemente estás chequeando este artículo de tu celular. Te sonó un beep que te dice que te llegó un correo, un post en Facebook, Medium o LinkedIn, y aquí estás.

Tienes mil cosas más importantes que hacer, que pensar y que sentir, pero sin embargo instintivamente tomaste el teléfono y revisaste que novedades había.

Puede que estés en una reunión, en una conversación con amigos, comiendo con tu familia o jugando con tus hijos. Nada de eso importó más que el chequear el porqué te habrá llegado una notificación.

¿En realidad esperas que esa notificación sea algo tan revelador que valga la pena perder tu momento y tu ‘engagement’ con lo que estás haciendo? ¿Tan poco interesante es tu vida que estás dispuesto a dejarla de lado a la primera vibración del teléfono?

Recuerdo hace no mucho el fenómeno lo llamábamos red dot debido a que en esa época todos usábamos Blackberrys y estas tenían una lucecita roja que te decía si había o no notificaciones. Era entonces el mirar y chequear permanentemente la famosa lucecita todo el día a ver si se prendía, sólo para desbloquear el teléfono, abrir tus emails y ver que tenías un email spam de una multitienda.

Notificaciones que cambian la vida

No soy el mejor para dar consejos en esto, también me la he pasado chequeando el teléfono, pero con un simple ejercicio he entendido el valor de las notificaciones: ¿Cuántas veces en la última semana tuviste realmente una notificación, un email, un WhatsApp, o lo que sea que uses, que si no respondías de inmediato iba a significar un perjuicio tan importante que valía la pena dejar de hacer lo que estabas haciendo?

La respuesta es fácil y probablemente la misma para la mayoría de nosotros: ninguna. Siempre fuemejor seguir jugando con mi hija o conversando con mi mujer. Siempre. (Imagino que si eres un médico que trabaja en emergencias, un bombero o si estás en medio de una situación crítica personal o laboral hace sentido el estar conectado, pero esos son casos excepcionales y se puede planificar para ellos).

¿Cómo me desconecto?

Dado lo anterior, comencé a probar acciones que me permitieran estar más desconectado y conectado. Desconectado de mis notificaciones y conectado a mi realidad. No ha sido un viaje fácil, y me ha costado mucho pero hoy puedo decir que mi relación con mi celular (en mi país llamamos celular al teléfono móvil) es proactiva y no reactiva, es decir, yo decido cuando chequeo todas mis notificaciones y no el teléfono.

Y como siempre pasándome al lado práctico, aquí hay 6 acciones que he tomado que me han permitido reconquistar mi tiempo y engagement con mi trabajo, hobbies, familia y amigos:

  1. Configura tus notificaciones para que no hagan sonido ni vibren, sino que sólo para que tengan un icono en la app que te indique si hay algo nuevo. Como nunca tengo ninguna notificación TAN importante que merezca interrumpir mi tiempo, no necesito que ninguna app me interrumpa. Si estoy esperando algo importante, de todas maneras tendré mi teléfono al lado y lo que hago es que me pongo una alarma para chequearlo cada X minutos. La clave es uno tomar el control de su tiempo y no depender del teléfono.
  2. Apaga todos los sonidos del teléfono, incluído el ring. Esta depende mucho de cuantas llamadas recibas y qué tan importantes son. En mi caso, todas mis llamadas pueden esperar, es decir, puedo yo llamar de vuelta cuando tenga el tiempo para hablar. No hay nada peor que cuando estás con alguien conversando, le suena el celular y contestan con un «¿quién es?» —si la posibilidad de que una llamada de alguien que no conoces es más importante que nuestra conversación entonces mejor hablemos por WhatsApp—. Apagar el ring del teléfono y chequear cada cierto tiempo si tengo llamadas perdidas me ha ayudado mucho, y por supuesto tengo ciertos números de teléfono que están configurados para que el teléfono sí suene. Entonces cuando suena, sé que es de un numero importante para mí y es una llamada relevante —y no es del banco para ofrecerme un seguro.
  3. Revisa tus emails en horarios predefinidos y revísalos todos hasta llegar a Inbox Zero. Yo los reviso como primera cosa en la mañana, a mediodía y dos veces en la tarde. Siempre que los reviso me doy un tiempo, lo hago en el computador o iPad, y siempre llevo el inbox a cero. El problema es que muchas veces gastamos tiempo leyendo el mail en el teléfono solo para leerlo nuevamente después en el computador. Como los mails que recibo son importantes, requieren de mi tiempo y de mi engagement y por lo mismo los reviso con tiempo y a consciencia.
  4. Cierra el Outlook/Gmail/Airmail o cualquier otro cliente de correo que uses. Ábrelo cuando decidas tú revisar tus correos, no cuando te llegue cualquier cosa (esta es para el PC).
  5. Esta es simple y me ayudó mucho: mueve la app de emails al final del teléfono, o por lo menos fuera de la pantalla principal. Mismo objetivo anterior y muy práctico.
  6. Finalmente la más importante: saca el teléfono de tu dormitorio. Házlo ahora y no lo pienses. Probablemente tienes hasta el cargador metido en tu pieza, entonces sin más vueltas anda, toma el cargador y llévalo a otro lado, cualquier lado, y punto. Ahora cada noche cuando dejes cargando tu celular, será en otro lado.

Estas acciones han tenido un efecto secundario muy bueno, que es el de no estar pendiente de todos los sonidos o vibraciones del entorno que antes hacían que pasara pensando mi teléfono estaba notificándome de algo o sonando. Cuando veo a gente nerviosa por la calle me los imagino constantemente pensando si ese sonido o vibración no habrá sido su teléfono en el bolsillo.

Finalmente la base de lo anterior es simple: no hay nada tan importante que merezca interrumpir mi día y mi día es tan importante que lo planifico y ejecuto yo mismo.

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