Calor en las orejas
Otra tarde más, la calefacción puesta en la oficina, sobra la ropa y faltan las ganas. los auriculares que me aíslan del ruido apretan ya demasiado. Demasiado calor, demasiadas horas.
Luz artificial y el estor bajado para que el sol no moleste en la pantalla del ordenador. Mil conversaciones sin emoción entre compañeros y el rencor a flor de piel. Un rencor de estar bajo techo, bajo una calefacción pesada, bajo obligaciones que ya no quiere nadie.
Me arden las orejas, la cabeza pesada y el cuello estancado. No son sino síntomas de nada postural o ambiental, sino del aburrimiento, la desgana o la desidia…
Si tan solo pudiera no darme cuenta de que la música hace rato que ya no está puesta. Si tan solo me olvidase de qué temperatura hace.
Y tan solo hace falta dar un paso, un paso al frente y ser valientes y responsables para no dejar que la deriva y la inercia nos ganen nuestros sueños. Solo hace falta un paso para no permitir que se te vuelvan a calentar las orejas por culpa de una música que no escuchas.