El capi apuntando a un buen hombre de etnia dudosa

‘Capitán América: Guerra Civil’ y ‘the white man’s burden’

Fue Kipling quien acuñó la expresión The White Man’s burden (La carga del hombre blanco), en un épico poema sobre la intención americana de colocar bajo su jurisdicción imperial a las —hasta el momento españolas— Islas Filipinas. Se podría discutir la intención de Kipling con el poema, no faltan ideas, pero lo cierto es que la lectura más simplista de todas, para urras y vivas de los colonialistas y eurocentristas, fue la que sobrevivió al tiempo. Dice el poema:

Take up the White Man’s burden, Send forth the best ye breed
Go bind your sons to exile, to serve your captives’ need;
To wait in heavy harness, On fluttered folk and wild — 
Your new-caught, sullen peoples, Half-devil and half-child.
Take up the White Man’s burden, In patience to abide,
To veil the threat of terror And check the show of pride;
By open speech and simple, An hundred times made plain
To seek another’s profit, And work another’s gain.
Take up the White Man’s burden, The savage wars of peace — 
Fill full the mouth of Famine And bid the sickness cease;
And when your goal is nearest The end for others sought,
Watch sloth and heathen Folly Bring all your hopes to nought.
Take up the White Man’s burden, No tawdry rule of kings,
But toil of serf and sweeper, The tale of common things.
The ports ye shall not enter, The roads ye shall not tread,
Go make them with your living, And mark them with your dead.
Take up the White Man’s burden And reap his old reward:
The blame of those ye better, The hate of those ye guard — 
The cry of hosts ye humour (Ah, slowly!) toward the light: — 
“Why brought he us from bondage, Our loved Egyptian night?”
Take up the White Man’s burden, Ye dare not stoop to less — 
Nor call too loud on Freedom To cloak your weariness;
By all ye cry or whisper, By all ye leave or do,
The silent, sullen peoples Shall weigh your gods and you.
Take up the White Man’s burden, Have done with childish days — 
The lightly proferred laurel, The easy, ungrudged praise.
Comes now, to search your manhood, through all the thankless years
Cold, edged with dear-bought wisdom, The judgment of your peers!

Fuera esa o no su intención, la expresión se convirtió en el argumento central para el mandato colonial de la raza blanca sobre las estúpidas razas inferiores del mundo, todo para ayudarlas en su desarrollo moral, claro. Es para su propio bien que las domina, las esclaviza y las subyuga.

Su carga es, por así decirlo, la dura misión que conlleva estar armado con las armas de las sabiduría y vestido con la resplandeciente armadura de la pureza blanca.

Es un argumento que se ha utilizado con abundancia a lo largo de la historia, tanto para justificar la necesidad de domar a los negros para que no se maten entre ellos, catequizar a los indios para protegerles de su propia perdición o utilizar las bombas de hidrogeno como último recurso para frenar el avance imperial japonés.

No restan dudas de que al pobrecito de Obama también le pesa cada vez que un drone dispara al niño equivocado, the black man’s burden. Pero qué se le va a hacer, es el peso que ha tocado al domador: la única palabra que conocen las bestias es látigo. Vistas así, las muertes colaterales son casi medallas al honor, recuerdos de que uno ha aguantado the burden honrando a sus white man’s antepasados.

En la foto, Obama aguantando el burden.

Me acordé de tan funesta expresión al ver la última película de Marvel, Capitán América: Guerra Civil, en la que Iron Man y Capitán América se ven enfrentados bajo un dilema de compleja solución. Si recuerdo bien, todo ocurre después de que, en una acción de los Vengadores en Lagos, Nigeria, la Bruja Escarlata, en un intento por salvar al Capitán América utilizando su telekinesis, acaba por causar una explosión en un edificio vecino, con molestas víctimas mortales de por medio.

Pero, ¿quién se venga de los Vengadores?

Ante la especial situación jurídica de los superhéroes, las Naciones Unidas (liderados por un Kofi Annan cover) deciden crear un acuerdo internacional y supeditar las acciones de los Vengadores a decisiones tomadas de forma conjunta entre los países firmantes. Algo así como una mezcla entre Consejo de Seguridad y S.H.I.E.L.D.

Es aquí cuando Iron Man y su grupito, visto el caos que han generado en Nigeria, deciden apoyar la moción y, sorprendentemente, el bueno de Capitán América se rebela. En un primer momento, uno considera chocante que el buen soldado americano se rebele contra su propio gobierno y el veto de la UN, ¿no se habrá vuelto antisistema?, pero con un poco más de reflexión se da cuenta de que el Capitán no hace más que cargar con el buen y viejo white man’s burden, es decir…

…aunque generemos víctimas mortales y nos pasemos por el forro la opinión de los demás, tenemos que hacer lo que hacemos para el bien de los ignorantes pueblos de la tierra.

No es más que una rebelión a lo Bush, cuando manda a Soria a la UN y decide invadir Iraq a su huevo y riesgo. Así como el buen Capitán, Bush sabe que cuando tiene razón, tiene razón. Y no tiene miedo ninguno en asumir la dudosa tarea de cargarse a unos cuantos moros, amarillos o negros cuando la realidad se lo exige. No hay que olvidarse de que el buen Dios, que es de Texas, le apoya y suscribe.

El final de la película sólo confirma el hecho de que Iron Man, el aburrido niño comportado, está rotundamente equivocado en seguir el juego democrático de la UN. Una vez más, es el ímpetu individualista del estrellado capitán el que permitirá que se haga justicia, aunque el mundo entero crea lo contrario.

Odiados, repudiados, criticados en el mundo entero, los americanos siguen su senda de hombres blancos, llevando con dificultad en la espalda todo el peso de la ignorancia de los pueblos. Buena gente que son.

¿Qué le vamos a hacer si hay que pegarles para que respiren, piensan, oprimirles para que trabajen, cortarles las manos para que respeten, matarles para que aprendan? Es el dolor inherente a la misión de hombre blanco en la tierra y del avance moral de la patria de los apátridas: it’s the american man’s burden.