Cinco buenas razones para concluir que lo más importante de una fotografía es el fotógrafo que sostiene la cámara.

La escena es más o menos así: Levanto la cámara, hago la fotografía. Miro con atención a mi retratado, doy unos pasos atrás. Lo intento de nuevo. Al final, tendré tres imágenes distintas, que quizás se completan entre sí y que de alguna forma, definen con claridad lo que deseaba mostrar como concepto. Alguien me observa a unos pasos a la derecha y cuando termino de fotografiar, se acerca a donde me encuentro.

— ¡Que gran cámara! — pregunta con gran entusiasmo — debe tomar fotografías extraordinarias.

Furia inmediata. Aprieto los labios, intentando contener el improperio que pienso de inmediato. Paciencia, me recomiendo. El entusiasta continúa detallando todas las virtudes del aparato que sostengo entre las manos, muy convencido que sin duda es el artífice de alguna obra de arte. Me la cuelgo al hombro y retrocedo, con un gran esfuerzo de voluntad.

— Sólo es una cámara. — Pero claro, una buenísima cámara que sin duda hace unas fotos estupendas ¿Puedo verlas? — no me muevo y lo miro con atención, en silencio. Parpadea confundido — Disculpa ¿dije algo grosero?

Me pregunto como explicarle que no se trata sólo de algo ofensivo, sino de un menosprecio general a la labor del fotógrafo, a la preparación artística del profesional, al hecho mismo de crear una imagen. ¿Cómo se le explica a alguien que una cámara es sólo una herramienta precisa pero que aun no es capaz de tomar decisiones conceptuales? No lo sé y quizás en ese momento específico no me importa. Continuo de pie, en silencio, pensando en cuantas veces la fotografía se minimiza a una técnica vistosa capaz de captar imágenes casi por accidente. En cuantas ocasiones, se asume como una pieza menor en el concepto de lo artístico. Y me duele, por supuesto. En la medida que la fotografía es el lenguaje que escogí para expresarme y el que de hecho, refleja mi modo de pensar de manera muy fidedigna y profunda.

Al final el entusiasta pareció entender por cuenta propia que había cometido algún tipo de improperio — aunque creo nunca tuvo muy claro cual — y se alejó por cuenta propia. Pero luego del incómodo momento, continué pensando en todas las ocasiones, en que alguien insistió que la fotografía se trata del equipo y no del concepto que sostiene la imagen. En las veces que he escuchado debates sobre las ventajas de una gran herramienta tecnológica en lugar del lenguaje fotográfico que se expresa. Y me pregunto hasta que punto ese equívoco — que demuestra el desconocimiento de una considerable cantidad de personas sobre lo que la fotografía es como expresión individual y estética — demuestra que la capacidad creativa del fotógrafo aún se encuentra en entredicho. Un pensamiento angustioso pero sobre todo realista, que parece englobar no sólo los cuestionamientos sobre lo que la cámara hace — y en cuanto favorece al trabajo del fotógrafo — sino en el valor de la creación individual sobre la imagen resultante. Porque la fotografía, de hecho, es una creación personal, a pesar de la idea persistente que se trata de habilidad técnica más que otra cosa. Una pieza artística que comienza en la imaginación del autor y se completa con la imagen que logra crear.

De manera que, dicho lo anterior, me parece meritorio analizar los planteamientos concretos que demuestran que la cámara es sólo un aparato a través del cual, el fotógrafo logra expresarse. Un planteamiento que engloba además, la capacidad del fotógrafo para crear y la idea misma del arte que se manifiesta en imágenes inmediatas. ¿Y cuales serían esos argumentos infalibles al respecto? Los siguientes:

  • Ninguna cámara toma decisiones artísticas:

Todo fotógrafo toma decisiones artísticas al fotografiar. Aunque no esté consciente de cuales son ni el motivo inmediato por el cual las toma. Pero lo hace, al crear condiciones y parámetros específicos sobre composición, color, luz, la manera como escoge el punto focal preponderante en la imagen, como compone el espacio y el concepto. Aunque parezcan idénticas, ninguna fotografía es igual a otra y de hecho, cada imagen se construye en base a las infinitas y la mayoría de las veces abstractas referencias que cada fotógrafo lleva consigo al crear. Aún no existe una cámara capaz de elaborar conceptos artísticos, de expresar por cuenta propia ideas conceptuales complejas. Y aunque por supuesto, no descarto pueda ocurrir en el futuro y eso provocaría una considerable transformación en lo que ahora consideramos como arte fotográfico, una fotografía es el resultado de muchas y e intrincadas decisiones y la cámara, sólo la herramienta a través de la cual se expresan.

  • Un buen equipo puede mejorar los aspectos técnicos de una fotografía, un mal concepto jamás tendrá sentido incluso utilizando la mejor cámara:

A todos nos ha ocurrido alguna vez: una fotografía nos parece impecable y extraordinaria y de inmediato, pensamos en las decisiones artísticas y técnicas del fotógrafo. Admiramos no sólo los colores y la precisión de la herramienta, sino lo mucho que mejoró — o aportó — al concepto esa combinación de factores. Eso demuestra, sin duda, que una fotografía puede mejorar gracias a un buen equipo — o a su correcta utilización, en todo caso — y además, deja claro que una imagen que impacta, es una imagen que lograr conmover, aterrorizar, incomodar, incluso producir repulsión. O lo que es lo mismo, provoca una emoción. La mera belleza no trasciende a lo que la imagen es y de hecho, es sólo la superficie inmediata de lo que puede ser una comprensión mucho más profunda del hecho fotográfico. Según el ejemplo que menciono, una buena fotografía puede beneficiarse de las ventajas de un gran equipo fotográfico para ser más contundente de lo que podría ser con otro de menor calidad.

Pero vayamos al caso contrario. Una fotografía muy nítida y colorida sin el menor impacto. Una combinación de elementos técnicos sin la mayor belleza o que es tan corriente, que la olvidamos de inmediato. Eso, a pesar que el gran equipo con que posiblemente fue tomada, tenga la capacidad para lograr una toma muy nítida y atractiva. Pero es evidente, que lo que sostiene una imagen es algo más que lo que puede mostrar, porque en realidad una buena fotografía transmite ideas, no sólo es una combinación de elementos técnicos. En palabras de Roland Barthes, una fotografía es inolvidable en su capacidad para cautivar la imaginación. Y esa particularidad sólo es posible gracias al concepto que la sostiene, las decisiones artísticas que la crean y a la idea artística que crea a través de la combinación de todos los elementos que la forman. Lo técnico, es sin duda, una mera formalidad.

  • Porque la fotografía se ha basado desde siempre en la capacidad del fotógrafo para crear y no en la cámara que sostiene. Y su evolución, lo hace inevitable:

La fotografía nació mucho antes del hecho real, mecánico y químico que dio lugar a la imagen capturada en emulsiones precisas. Nació desde que Leonardo Da Vinci concibió la cámara Oscura y elaboró toda una idea sobre la necesidad de conservar imágenes a través del tiempo. Desde Niephe hasta Daguerre hasta George Eastman, la fotografía ha evolucionado en consecuencia de esa necesidad primigenia de capturar y eternizar un momento extraordinario y no, en la capacidad de la cámara para lograrlo. Porque la cámara evolucionó en la medida que las técnicas de captura de la imagen se hicieron más elaboradas al momento de construir una idea sobre lo que se capta y no sobre la manera de hacerlo. Poco a poco, la imagen fue transformandose no en un mero reflejo de la realidad — como fue el objetivo esencial de la imagen como f0rma y como arte — sino en una expresión subjetiva de su autor. Entre tanto, la cámara evolucionó en precisión para facilitar la labor al fotógrafo, pero por casi cincuenta años se mantuvo esencialmente idéntica en su capacidad para hacerlo. Y aún así, la fotografía — como arte — continuó evolucionando. Haciéndose cada vez más profunda, más intrincada, compleja y sobre todo, metafórica. En otras palabras, la evolución de la fotografía no dependió de la transformación de la cámara, sino de la necesidad del autor de brindarle sentido estético y artístico a lo que fotografiaba.

  • Una cámara es sólo una herramienta y se demuestra en el hecho de la educación fotográfica autodidacta:

Comencé a fotografiar a los once años. No sabía por qué lo hacia en realidad — a no ser mi obsesión con el mundo que me rodeaba — pero si sabía que quería continuar haciéndolo. Tenía una cámara Kodak desechable y eso me resultó más que suficiente para aprender algunas cosas concretas sobre la imagen que he conservado durante buena parte de mi carrera como fotógrafa. Aprendí la importancia de la luz, del encuadre, el arte de saber mirar fotográficamente, las ventajas de la composición visual. Todo eso, fotografiando con una cámara pequeña y rudimentaria que simplemente me permitía colocar un rollo de película y apretar el obturador.

Por supuesto, una vez que comencé a crecer como creadora visual, necesité equipo más especializado. Pero no porque mi concepto fotográfico dependiera de eso, sino por el hecho que la cámara podía permitirme innovar y construir nuevas ideas. En todas las oportunidades en que he decidió adquirir nuevo equipo fotográfico, lo he hecho porque facilita mi capacidad para construir ideas visuales. No porque construya a través de la herramienta la idea visual en sí. Una cámara sólo es un aparato por medio del cual concibo el mundo de la imagen.

  • Un fotógrafo crea desde su imaginación, no desde el visor de la cámara:

Minor White solía decir que siempre estaba fotografiándolo todo mentalmente para practicar. Una idea que parece resumir ese ejercicio de imaginación concreta que es la creación visual. Y es que para un fotógrafo que elabora una idea fotográfica concreta, la herramienta a través de la cual se expresa es mucho menos importante, que lo que necesita expresar. La mayoría de los fotógrafos podrán obtener resultados visuales extraordinarios con un equipo modesto, elaborando conceptos en imágenes consistentes. Un fotógrafo es un admirador de su entorno, un observador sensible sobre lo que ocurre en el mundo que le rodea y sobre todo, un investigador concienzudo sobre la base artística que sustenta su trabajo visual. Y esa es una labor que no empieza ni termina con la cámara. Para la mayoría de los grandes de la fotografía, el aparato que permite la toma fotográfica es sólo la decisión última para construir una visión elemental sobre lo que crea, sueña, imagina, opina. Una y otra vez, la imagen trasciende el mero hecho mecánico de apretar el obturador para crear una idea mucho más profunda sobre lo que se desea crear y sobre todo, lo que se necesita concebir como arte fotográfico.

Tal vez la anterior es una lista corta de reflexiones para sustentar el concepto artístico de la fotografía más allá de la cámara. Pero aún así, resume el hecho que el fotógrafo es en realidad un artista que concibe el mundo desde la percepción visual y no un mero operador mecánico de una herramienta tecnológica avanzada. Entre ambas cosas, la fotografía parece recuperar su valor simbólico y sobre todo, sustentarse sobre lo que asumimos indispensables para crear en fotografía: esa necesidad misteriosa del autor de la imagen por expresar ideas complejas a través de su propio lenguaje visual.