Comediantes que coquetean con la sociología

«Quiero entender cómo funcionan las cosas», suelta la polémica comediante Chelsea Handler a su psicólogo, que la mira expectante a través de unos anteojos de marco grueso. Más tarde se la ve yendo a Silicon Valley para aprender el proceso a través del cual se elabora una app para smartphones. «Creo que es importante hablar sobre raza. ¿Qué es ofensivo? ¿Qué es aceptable?» le pregunta a Al Sharpton, ministro bautista muy cercano a Obama y célebre activista por los derechos civiles. Pero eso fue después de intercambiar ideas sobre relaciones y casamiento con una sala llena de niños de jardín. Y antes de jugar al ping pong con una neuróloga mientras testeaba su comportamiento ante distintas drogas.

Entender cómo funcionan las cosas. Con ese objetivo se lanzó Handler a producir Chelsea Does, una docuserie estrenada en Netflix el 23 de enero, en la que la comediante se mete de lleno en temas tan actuales y complejos como el matrimonio, la tecnología, el racismo y las drogas. Claro que estos no son temas ajenos a cualquier humorista de stand-up, pero fue el formato de documental mezclado con reality show y la investigación comprometida que Chelsea y su equipo hicieron (mechada por supuesto con su excéntrica personalidad y su humor áspero y sin remordimientos) lo que sorprendió a todos.

Pero Chelsea Handler no es la única comediante que se embarcó en la tarea entender cómo funciona el mundo y por qué hacemos lo que hacemos. El talentoso humorista estadounidense Aziz Ansari, conocido por el papel de Tom Haverford en la serie Parks & Recreation y por sus exitosísimos números de stand-up, no pudo con la curiosidad que le generaban las vicisitudes de las relaciones actuales y decidió escribir un libro al respecto.

La editorial Penguin Books se había acercado a él para proponerle hacer un libro sobre comedia (una práctica usual entre los humoristas que, como Ansari, han alcanzado gran notoriedad). Sin embargo Aziz prefirió cambiar la perspectiva: «quería que fuera un análisis de cosas que a todas las personas les pasan», reflexionó. «Se me ocurrió escribir un libro de humor que también fuera un libro de sociología, y que entonces tuviera más peso».

La editorial unió entonces a Aziz con Eric Kinenberg, profesor de sociología en la Universidad de Nueva York y autor de Yéndose solo: El extraordinario aumento y sorprendente atracción de vivir solo. El resultado fue un libro tan divertido como interesante, consecuencia de una investigación seria y profunda que llevó a los autores por distintos lugares del mundo (incluyendo Buenos Aires).

Eric Klinenberg y Aziz Ansari

Aziz intercala en sus páginas ingeniosas observaciones y desopilantes anécdotas con datos de focus groups, estadísticas y demás estudios producto de sus exploraciones junto a Kinenberg.

«Cuando empecé el proyecto, pensé que los grandes cambios en el romance eran obvios —desarrollos tecnológicos como teléfonos inteligentes, sitios de citas online y redes sociales—. A medida que iba ahondando más, sin embargo, me di cuenta de que la transformación de nuestras vidas románticas no puede ser explicada sólo por la tecnología; hay mucho más en la historia. En un período muy corto de tiempo toda la cultura de encontrar amor y una pareja ha cambiado radicalmente. Hace un siglo la gente encontraba una persona decente que vivía en su barrio. Sus familias se reunían y, después de que decidían que ninguno parecía un asesino, la pareja se casaba y tenía un hijo, todo para los 22 años. Hoy la gente pasa años de su vida en la misión de encontrar a la persona perfecta, a su alma gemela. Las herramientas que usamos en esta búsqueda son diferentes, pero lo que ha cambiado realmente son nuestros deseos y —más sorprendentemente— los objetivos subyacentes de la búsqueda misma». La introducción no parece adelantarnos un libro de comedia. Sin embargo, lo es. Un comediante no parece ser un candidato digno para escribir un libro sobre sociología. Sin embargo, lo fue.

Modern Romance no había sido lanzado a la venta aun cuando Ansari comenzó a filmar la exitosa Master of None (también en Netflix), una serie que él mismo escribió, produjo y protagonizó. En ella explora los inquietantes dilemas del amor actual, los que lo llevaron a escribir Modern Romance, pero también va de frente con otras problemáticas actuales: racismo en la televisión, sexismo, inmigración. Con puntería y como quien no quiere la cosa, toca además aquellos temas que hacen ruido en la mente de los jóvenes adultos en casi todo el mundo: la vocación, tener o no hijos, la familia y el concepto de «amor para toda la vida».

Observar y entender

Es cierto que los comediantes siempre han sido grandes observadores sociales, particularmente los que se dedican a hacer stand-up. La especialidad de estos monologuistas es identificar aquellos detalles presentes en distintas situaciones de nuestro día a día y hacer que los veamos través de su mirada tan particular, con una vuelta de rosca que nos deja con los abdominales doloridos de risa. «Tal cual», se nos escapa exclamar entre las carcajadas, porque de repente descubrimos una verdad con la que nos identificamos, algo que estaba ahí todo el tiempo y que era tan obvio que lo habíamos pasado por alto.

Incluso cada vez más los comediantes usan ese poder de observación y comedia para exponer situaciones injustas —es que lo polémico, disfrazado de chiste se digiere mucho mejor—. La irreverente Amy Schumer, por ejemplo, hace constantes denuncias sobre las distintas formas de discriminación hacia el sexo femenino, siempre enmascaradas como sketchs cómicos. Su show, Inside Amy Schumer, estuvo en boca de todos durante el 2015 y disparó varias conversaciones sobre sexismo y desigualdad entre géneros. Louis C.K., desde su serie Louie, explora elocuentemente algunas de esas pequeñas miserias humanas que todos conocemos. Uno de sus episodios más memorables «So did the fat lady» (También lo hizo la chica gorda), termina con un monólogo en el que se expone de una forma cruda y realista la disparidad de los estándares de belleza entre hombres y mujeres. En esa ocasión, las risas se reservaron para más tarde.

Sin embargo, es el paso extra de «tratar de entender» que diferencia los últimos trabajos de Handler y Ansari y que parecería acercarlos —aunque sea más por objetivos que por métodos— a la investigación sociológica. No se trata solo de observar, exponer y hacer reír, sino también de encontrar un por qué.

¿Una nueva era para la comedia?

La vertiginosa evolución de la tecnología y de la forma en la que nos comunicamos tiene a todas las industrias pensando en cómo reinventarse, y a todos los seres humanos intentando adaptarse de la mejor manera a un mundo de constantes y aceleradas transformaciones. En este contexto no sería raro que la reinvención de los comediantes consistiera en pasar de ser meros observadores a indagadores dispuestos a entender lo que nos pasa a los humanos en nuestro día a día y por qué. «Conversar con la experiencia humana», así es como el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman definió una vez a la sociología.

No del todo distinto, por ejemplo, a lo que hizo Ansari cuando entrevistó en profundidad a distintos grupos de personas (incluyendo un revelador círculo de ancianos) sobre su vida amorosa. Esto nos puede llevar a concluir que cuando, además de hacer reír, los comediantes realmente intentan entender un fenómeno social, los sociólogos y estos excéntricos personajes persiguen un mismo objetivo: rasgar un telón para dejar que todos vean el origen universal de sus luchas personales.

Sería totalmente desacertado siquiera sugerir que los humoristas podrían reemplazar la labor de los profesionales de la sociología, pero es posible que la imaginación y curiosidad de los comediantes en rol de sociólogos amateurs puedan llevar a que nos hagamos preguntas que se transformen en reales investigaciones sociológicas —y de esa manera también ayudar a que caminen por el mundo aquellas ideas que muchas veces quedan encerradas en los confines del ámbito académico—. Pero acompañadas de una buena carcajada, claro.

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