Cómo cambió mi opinión de la humanidad cuando dejé de usar «Me gusta» en Facebook por dos semanas

Una mirada optimista a lo que puede ocurrir cuando dejas de usar esta función


El 1 de agosto anuncié que dejaría de usar «Me gusta» en Facebook. Mi explicación era, en ese entonces, que deseaba limitar lo que le enseñaba a Facebook para que este cesara de dirigir su publicidad hacia mí. Pero en realidad era otro asunto de mayor importancia lo que despertó mi curiosidad: cómo cambiaría mi experiencia en Facebook si dejase de suministrarle información sobre mí al usar «Me gusta».

Dejé de usar «Me gusta», y fue difícil

De lo primero que me di cuenta fue de lo difícil que es no dar «Me gusta» en Facebook. Mientras me desplazaba por los cientos de publicaciones y comentarios, mi dedo instintivamente se desviaba hacia el botón «Me gusta»; se ha convertido en una respuesta automática, un reflejo. Cuando veía una noticia que me interesaba, o que quería que otros supieran que me interesaba, inconscientemente le daba el clic de aprobación.

Dar «Me gusta» es como asentir sin palabras en medio del ruido; es la manera más fácil de decir «sí, estoy de acuerdo» o «yo también». Incluso me sentía culpable cuando no me gustaba una publicación, como si la falta de mi «Me gusta» denotara desaprobación o falta de afecto. Sentí que mi habilidad para comunicarme trastabillaba un tanto. Por años, la función «Me gusta» me ha librado de escribir muchísimos comentarios; tantos, que hoy fácilmente podría tener una novela (muy jocosa) de la misma extensión de Guerra y paz.

Mi evasión de «Me gusta» se hizo más llevadera con el paso de los días, y me benefició pues noté una gran diferencia en las noticias de Facebook que recibía. No estaba segura de si valía la pena compartir mi experiencia hasta que leí un artículo escrito por Mat Honan llamado I Liked Everything I Saw on Facebook for Two Days. Here’s What It Did to Me. Honan, en cambio, le dio «Me gusta» a todo lo que salía en Facebook. Su experiencia fue completamente opuesta a la mía. Al ser comparados, nuestros hallazgos comprobaron lo que me temía que mi experimento revelaría.

Beneficio #1 de no dar «Me gusta» en Facebook: trasmisión de mejores noticias

Es imposible determinar con certeza científica si el contenido de las noticias que recibo en Facebook es diferente, aunque parece serlo.

Uno creería que el darle «Me gusta» a ciertas noticias le indicaría al algoritmo que mostrara más de lo que uno quiere ver, pero el algoritmo de Facebook no es humano; este no entiende los matices psicológicos de por qué nos gusta una cosa y no otra, aunque contengan palabras clave similares y sean vistas por audiencias semejantes. De modo que, cuando le daba «Me gusta» a varios vídeos e imágenes de historias conmovedoras de animales, el algoritmo me daba más historias sobre animales, pero no eran tan conmovedoras. Eran historias de trato inhumano. Aparentemente Facebook malinterpretó mi amor por los animales y lo confundió con el deseo de ver imágenes de elefantes siendo maltratados.

El algoritmo cometió el mismo error con publicaciones sobre política, moda y estilo de vida. Al mostrarme más de lo que, según mis gustos, infirió que yo deseaba ver, resultó incluyendo muchas cosas que en realidad no me gustaban; el algoritmo no puede detectar las connotaciones políticas, filosóficas y emocionales de dado tema. Gustar de la página de un hospital veterinario local no es equivalente a querer ver perros abusados, y gustar de una publicación sobre una boda muy bella no es lo mismo que querer ver la historia de todo ser humano inspirador que haya existido en Nueva York. Es imposible que el algoritmo sepa eso porque el algoritmo no puede conocer a las personas.

Es como si el «Me gusta» me hubiera atrapado en un universo en el que mi entorno es dictado por los movimientos inconscientes de un autómata publicitario: ¿Te gusta el yogur? ¡Yogur sin Límites te encantará más! ¿Te gustaron ocho videos de preciosos gatitos? ¡Entonces te va a encantar esta imagen gráfica de ocho gatitos siendo torturados por científicos!

Ahora que pongo más comentarios en Facebook y no hago clic en «Me gusta» en absoluto, el contenido que recibo es más relajado y conversacional. Como si aquellos que se pelean por llamar la atención hubieran sido «retirados de la sala» tan pronto dejé de solicitar, impensadamente, ese tipo de actualizaciones al usar «Me gusta». No he vuelto a ver ni una sola imagen desagradable de tortura animal, estar expuesta a tanto extremismo político, ni ahogarme en la afluencia de excesiva ternura cuando te gustan las publicaciones sobre gatitos. (No puedo vivir sin los gatitos).

Siento que la razón se ha reinstaurado. Puedo comentar sobre una tierna foto de un gato sin que me inunden todos los vídeos de animales que ochocientas personas compartieron esta semana, y puedo hacer un comentario en una publicación sobre las relaciones raciales sin que Facebook me presente un intercambio interminable de vituperaciones.

Facebook sin «Me gusta» parece ser casi cuerdo.

Beneficio #2 de no dar «Me gusta» en Facebook: más humanidad y amor

Cuando me prohibí usar «Me gusta» para comunicarme, el deseo (insatisfecho) de hacerle saber a la gente que los escuchaba y que me gustaba su contenido se apoderó de mí. De repente me sentí invisible. Leía, pero nadie sabía que estaba ahí, y eso me llevó a la conclusión de que mi manera de interactuar en Facebook debía cambiar. Sin poder contar con el «Me gusta», tenía la opción de comentar o arriesgarme a parecer antisocial y alejarme aún más. Así que empecé a comentar con más frecuencia que nunca en esta plataforma.

En lugar de simplemente darle «Me gusta» a una foto de un recién nacido, ahora digo: «¡Qué hermosos mechones!». Hoy día, en una publicación de un aniversario de bodas, en vez de hacer clic en «Me gusta», escribo: «¿Recuerdas cuando nos escondimos de tu abuela en el cenador para fumar?». Utilicé oraciones para compartir una victoria parental y el secreto para disfrutar de un licuado hecho con col (hay que licuarla primero), y para hacer bromas sobre la psicopatía de los gatos domésticos.

Antes de dejar de usar «Me gusta» me sentía aislada de mis comunidades en línea: había menos conversaciones, más perogrulladas y elogios, y mucha pompa política y religiosa. Era exhaustivo y deprimente. Todo eso cambió cuando lo dejé del todo. Estuve más presente y comprometida, pues tenía que usar mis palabras en vez de dar un «Me gusta» insípido. Me tomé el tiempo de decirle a la gente lo que pensaba y sentía, hacerle saber a mis amigos que estaba al tanto de sus vidas, y compartir tristezas y alegrías con otros seres humanos.

Resulta ser que hay más amor y humanidad en las palabras que en el uso de «Me gusta».

En pocas palabras, el fin de «Me gusta» mejoró Facebook y trajo de vuelta el amor

Una vez más, este no es un experimento científico. No registré estadísticas, no les hice un seguimiento a usuarios específicos, y no creé gráficos circulares que desglosaban la información. No obstante, el resultado de mi experiencia es claro y completamente opuesto a lo que Mat Honan descubrió al darle «Me gusta» a todo: Facebook es mejor sin esta función.

Cuando hacía clic en «Me gusta» a todo lo que no me aburría tanto o me generaba sentimientos de odio, las actualizaciones eran, más bien, «tarimas» para que la gente expresara indignación, salpicada de bodas, bebés de animales, y, solo de vez en cuando, contenido que valía la pena seguir. Desde que abandoné «Me gusta» por completo, el contenido de Facebook se asemeja a una velada con invitados muy eclécticos. Hay conversación, desacuerdos (más que nada) sin hostilidad y hay conexión. Estoy recibiendo más de lo que en realidad quiero y no versiones extremas de lo que «me gusta».

Sin contar el incompetente algoritmo social, desde hace mucho he expresado mi descontento con los Términos y Políticas de Facebook, los temas de privacidad y los «empujoncitos» que han llevado a una gran parte de la población del planeta a adoptar conductas cada vez más indeseadas. Una vez removido el «Me gusta» de mis hábitos, sin embargo, comencé a disfrutar Facebook. Es posible que tus amigos sean más agradables de lo que parecen ser cuando dejas de usar esta función perturbadora, y el sentimiento de desconexión que muchos de nosotros experimentamos se deba a la «sordera» del algoritmo.

Cuando suprimimos «Me gusta» empezamos a «gustarnos» más. Hasta podríamos llegar a conectarnos.

Renuncia al «Me gusta». Observa cómo se acrecienta tu humanidad en Facebook

Dale un descanso a «Me gusta» y observa lo que puede pasar. Opta por dejar comentarios. Contempla el cambio en tu contenido. No he utilizado «Me gusta» desde el 1 de agosto, y los cambios en las actualizaciones que recibo han sido tan positivos que dudo volver a usarlo en el futuro cercano.

Para nadie es un secreto que muchos de nosotros creemos que la humanidad, el amor, y los términos medios más amables ―que no exigen extremismos―, están desapareciendo, pero pienso que simplemente están siendo ahogados por un algoritmo no-humano. Pienso, también, que podemos traer esas experiencias sociales tan vitales de vuelta a la luz.

Olvídate de «Me gusta» y vive la experiencia de amplificar una mejor señal. ¿Qué le puede pasar a Facebook sin tus «Me gusta»? ¿Qué le pasará a tu percepción, no solo de Facebook, sino del mundo en general? ¿Que nos pasará a nosotros?