Cómo es volar en la clase Suite, de 23.000 dólares, de Singapore Airlines

La mejor experiencia del mundo en una aerolínea, de Singapur a Nueva York.

En 2008, Singapore Airlines introdujo su clase Suite, la más lujosa clase de vuelo disponible comercialmente.

Las suites eran exclusivas de su buque insignia, el Airbus A380, y van más allá de camas planas, ofreciendo cabinas privadas con puertas correderas que te envuelven en tu pequeño circuito de lujo. El interior fue dispuesto por el diseñador francés de yates de lujo Jean-Jacques Coste y viene acompañado con un sillón de cuero suave cosido a mano por el maestro artesano italiano Poltrona Frau. Quizás por lo que más se la conoce, Singapore Airlines se convirtió en la primera y única aerolínea comercial con una cama doble en el cielo.

Sin embargo, la experiencia viene con un alto precio. Con billetes de ida y vuelta costando hasta S$23.000 (o US$18.400), es completamente inalcanzable para la mayoría.

Antes, la única forma de volar en las suites para una persona normal era pedir un préstamo. Luego recordé que la mayor parte de mi patrimonio personal corresponde a millas de viaje en lugar de dinero.

Así que en septiembre de 2014, después de gastar una colosal cantidad de millas…

¡Tenía billete en clase Suite para la ciudad de Nueva York!


Este es mi viaje en fotos.

Llegué al aeropuerto Singapore Changi y fui a los mostradores de Singapore Airlines para la facturación.

Mientras me unía a la línea de facturación, fui saludado rápidamente por el personal.

«Buenas noches, señor, ¿en qué puedo ayudarle?»

Súbitamente me di cuenta y en plan «AH, NO, LO SIENTO», enérgicamente me marché, dejando a la señorita asombrada.

Casi me había olvidado que Changi tiene un lujoso salón de facturación especial para los pasajeros de Primera clase y Suite.

Dentro, parece el vestíbulo de un hotel, y hay incluso un botones que te lleva el equipaje.

Curiosamente, mi maleta ni fue pesada. Supongo que cuando viajas en Suite, puedes llenar tu equipaje de piedras y salirte con la tuya.

Pronto, estaba en posesión del Billete de Oro.

Volar en Suite también incluye una invitación para la Sala Privada, la cual el personal orgulloso decía que era «más alta que primera clase».

Llegué al salón y se me acercó una asistenta. «¿Puedo acompañarle a la Sala Privada?», preguntó.

La seguí pasando a unas 50–60 personas en el salón de la clase Business. Andaba notablemente rápido, pareciendo temerosa de que me disgustase la presencia de la clase obrera. Aquí fui transferido a otra asistenta que me acompañó por el salón de Primera clase y luego por unas puertas correderas dobles y automáticas antes de ser transferido a otra asistenta más.

Finalmente, después de más de 16 kilómetros de pasadizos secretos y de ser escoltado por 3.000 personas, llegué a la Sala Privada.

Entrando en los confines de la Sala Privada, el personal me saludó por mi nombre. Es como si ya supieran de mi, incluso antes de conocerme.

No tenía hambre pero había oído hablar con entusiasmo de la cocina. Así que me senté, pedí una copa de champán y el plato de Satay de pollo y cordero…

...y la Langosta de Boston al horno con Gruyere, Emmental y Cheddar…

…y también la hamburguesa de carne de vacuno de primera con Foie gras, hojas rúcula y un huevo de codorniz frito. Ah, y un batido de mango también.

Totalmente lleno, me di cuenta de que era hora de embarcar.

Había un puente dedicado exclusivamente a los pasajeros Suite. De pie al final del puente había un asistente de vuelo listo para saludarme.

«¡Buenas noches, Sr. Low!»

Me di cuenta de que se dirigirían a mi por cualquier título que eligiera en mi perfil Singapore Airlines KrisFlyer. Al instante me arrepentí de no haber elegido Presidente Low o Princesa Derek.

Me acompañaron a mi suite.

Elegí la suite del medio, que se puede unir con la suite de al lado para formar una cama doble.

«¿Le gustaría tomar una copa de Dom Pérignon, señor?» Y respondí a semejante pregunta de la única forma aceptable: Sí.

«Señor, ¿le gustaría una copia de cada periódico que tenemos hoy a bordo?»

En este momento, los miembros de la tripulación se acercaron para presentarse personalmente. Entre ellos estaba Zaf, quien era el sobrecargo del vuelo.

Resulta que es el tipo del vídeo de seguridad de la aerolínea.

Zaf me dijo que había solo 3 pasajeros en las 12 suites, y bromeó diciendo que podría tener un dormitorio, un comedor y una sala de estar si quisiera.

Y así elegí mi comedor.

Dom Pérignon y Iced Milo en la mano, era el momento de despegar.

Aproveché este momento para comprobar que ofrecían a bordo. Auriculares de Bose, por ejemplo.

Un kit de Salvatore Farragamo, que incluía una colonia.

Todo lo demás era Givenchy: mantas, almohadas, pantuflas y pijama.

Tan pronto como el avión alcanzó la altura de crucero, me ofrecieron otra bebida.

Viendo que era casi la una de la mañana y que estaba empezando a disfrutar de toda la experiencia, decidí pedir un café para mantenerme despierto.

No sé mucho de café, pero sé que el Montaña azul jamaicano cuesta un montón. Medio kilogramo de granos del Montaña azul se vende por $120 en Philz Coffee.

Así que pedí el Montaña azul, y fui adulado por Zaf. «Tiene un muy buen gusto con el café, señor.»

Zaf vuelve con el café y me habla de la selección de café gourmet, y cómo el Montaña azul era «de lejos el más destacado».

Sin glamour alguno me trago la taza de una vez, mientras finjo que aprecio los rasgos finamente balanceados del Montaña azul.

Le pido que me recomiende un té, y rápidamente me trae un TWG’s Paris-Singapore.

Y luego se arrodilla a mi lado mientras cato el té. Me habla de la alta calidad de las hojas de te. Me habla de las bolsas de té de algodón cosido a mano. Me habla de las fragantes flores de cerezo y las frutas rojas preparadas en el té. En algún momento, puede que mencionara la historia del comercio de café y la East India Company, pero no estoy seguro.

Dice que lleva en la aerolínea 19 años. Durante los últimos 2 o 3 años, ha servido a Leonardo DiCaprio y Morgan Freeman volando en la clase Suite.

Supuse que si Zaf estaba tan dispuesto a recomendarme café y té, podría preguntarle: «¿puedes recomendarme una película?»

Eligió El gran hotel Budapest, una fantástica película que disfruté completamente. De memoria, él podía nombrarme a los actores y hablar sobre lo brillantes que eran sus interpretaciones en la película.

«¡Es increíble!», exclamé. «¿Eres un erudito del cine?»

«Solo soy alguien a quien le gustan las películas», dijo modestamente.

«¡Te llamaré cada vez que necesite una recomendación en el futuro!»

«Eh… ¡vale!», dijo tan alegremente como pudo.

Al instalarme, comenzó el servicio de cena.

Habiéndome llenado con tres entrantes antes en el salón, no estaba particularmente hambriento así que me preparé para una cena de 5 platos.

De aperitivo tomé caviar Malossol con ensalada de langosta e hinojo. Y despues de limpiar el plato en tres bocados, repetí.

En mi tercer aperitivo, tomé Foie gras de pato con ensalada de hinojo y naranja, remolacha y mizuna.

Elegí la sopa de pescado como primer plato.

Y crema bávara de vainilla con coulis de frambuesa como postre.

Después de la cena, decidí quemar calorías caminando por el avión. Pregunté a la tripulación si podían hacerme una visita guiada por el A380 y voluntariamente aceptaron.

Caminamos por las escaleras frontales hacia la clase Business, por debajo de la cubierta superior y bajo una escalera de caracol a la clase Economy. Zaf dijo que le encantaría llevarme a la cabina de pilotos, pero que la aerolínea había dejado de permitirlo recientemente por razones de seguridad.

Cuando volví a la suite, las luces estaban ya atenuadas, indicando que era hora de dormir.

En la suite, no solo te acuestas en un sillón reclinado. En su lugar, te echas a un lado mientras los asistentes de vuelo de Singapore Airlines transforman tu suite en un dormitorio, con un colchón de felpa sobre una cama de tamaño completo. Cuando la suite de al lado está vacía, el separador puede ser bajado para crear una cama doble.

Zaf y una azafata se pusieron a hacer la cama.

No sé ni cómo expresar esto con palabras.

Necesitaría un poeta para describir lo increíble que era esto.

Salté en la cama gritando como una niña pequeña.

Me pasé la siguiente hora vagueando en todas las posiciones posibles.

Algunas personas podrían decir que esto parece el viaje más solitario de la historia. Y a esto tengo que decir:

Y mientras estás haciendo cosas estúpidas como éstas en la suite, puedes usar el botón de «No molestar» para una mayor privacidad.

Durante todo el vuelo, los asistentes revisan tu estado casi cada 3 minutos sin ser intrusivos o molestos. Solo tienen que pasar a tu lado con una mirada rápida.

Hice una visita al aseo para ponerme los pijamas ofrecidos.

Es un aseo, ¿qué estabas esperando?

Hay un asiento que se pliega que es más cómodo que la mayoría de los asientos de clase Economy.

Y de ahora en adelante, dormí. Bueno, no en el baño, por supuesto.

Cuando me desperté, vi el reloj y mi corazón se hundió. Menos de 3 horas para Frankfurt. Había dormido 6 horas, o $6,000 del coste del viaje.

Así que me animé, pedí chocolate y fui generosamente recompensado con dos.

Aterrizamos en Frankfurt para una parada de dos horas, y los tres que íbamos en clase Suite fuimos acompañados al salón Lufthansa Senator que tenía un Spa y una ducha caliente.

De vuelta en el avión, una nueva tripulación estaba a bordo para el viaje a Nueva York.

Eran las 8 de la mañana y decidí empezar el día con un Singapore Sling.

Para el desayuno, usé el servicio Libro de comida de Singapore Airlines.

Te permite reservar una comida específica antes del vuelo, que luego es especialmente subida a bordo para ti.

Pedí la Langosta Thermidor con espárragos con mantequilla, tomate asado y arroz con azafrán.

Y un postre, que no recuerdo cuál era.

Cuando llegó la hora de la siesta, no quise molestar a la tripulación con la cama doble, así que opté por la cama sencilla.

La separación entre las dos suites del medio se sube para formar un muro.

La cama sencilla es muy espaciosa por sí sola.

Al levantarme, inmediatamente me presentaron la segunda comida que había reservado en el Libro de comida.

Un filete de carne de vacuno de primera diseñado por el célebre cocinero Alfred Portale.

Cuando llegamos finalmente a Nueva York, hubo un gran problema, no quería dejar el avión.

Tengo que decir que, después de que me sirvieran Dom Pérignon en una habitación suite doble a 36.000 pies, no estoy seguro de que las experiencias de vuelo pueda ser mejores que ésta.

Pero eventualmente me bajé del avión, porque Nueva York no está mal.

Publicado originalmente en: dereklow.co

Derek es ingeniero y emprendedor. Él creó el Berkeley Ridiculously Automated Dorm (BRAD), un hit viral en YouTube que tiene menos visitas que los 10 momentos de los gatos más monos. Ha sido destacado en TIME, Forbes, CNN, The Guardian y TechCrunch. Sabe lo estúpido que puede ser escribir una autobiografía en tercera persona.

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