Cómo me olvidé de escribir

Una historia de pérdidas, aprendizaje y crecimiento personal…


Hace dos años me mudé a Londres con mi novia. Acababa de salir de la Universidad con un título en Literatura Inglesa y escritura creativa y me sentía (ingenuamente) listo para triunfar a toda costa. Nos mudamos, encontramos un pequeño departamento, Sophie comenzó la universidad y yo empecé a buscar trabajo. Poco más de un mes después, viajaba una hora y media (ida y vuelta) a un pequeño pueblo al norte de Londres para trabajar como redactor en una revista especializada.

Un año más tarde y ya estaba trabajando en una revista diferente (esta vez con sede en Londres) y fui ascendido a Editor. De alguna manera había avanzado rápidamente en el salvaje mundo de la edición. La revista en la que trabajaba se concentraba en la tecnología de la música y, en consecuencia, me encontré semanalmente en algunos de los estudios de grabación más famosos de toda Europa.

Pero en el camino —en medio de visitas a estudios, viajes internacionales, discusiones con freelancers y blogueros, facturas y presupuestos, la construcción de una presencia en línea, el cambio de dirección editorial de la revista y aprendiendo a lidiar con la burocracia sofocante de una importante casa editorial— olvidé cómo escribir.

Empecé a luchar con artículos sencillos, publicando entrevistas de forma textual sin añadir contexto o realizar una investigación. Me presenté a las reuniones y las pasaba fácilmente, apoyándome en preguntas genéricas y mi capacidad de hacer hablar a la gente. Mi carisma reemplazó mi creatividad. Lo peor es que funcionó. Mis superiores me alababan y yo les creí. Ese fue mi mayor error.

Me olvidé de que el hecho de recibir elogios no significa que estés haciendo un buen trabajo. Es fácil quedar atrapado en las alabanzas de los demás y olvidarte de tu propia definición de éxito. Para ellos, el éxito implica llegar a tus objetivos de venta. No había sido un vendedor en casi una década, e incluso entonces no era muy bueno. Cambié mi idea de lo que era el éxito por la de las personas encima mio.

Para mi, éxito es crecimiento personal. Éxito es definir tu propio conjunto de valores y alinear el trabajo y tu vida personal con esos valores. Significa seguir aprendiendo y cuestionar constantemente por qué estás haciendo lo que haces. Peor que olvidarme de escribir, perdí mi sentido de la curiosidad, que es la habilidad más importante de un escritor. Sin ser capaz de mirar el mundo a través de los ojos de un escritor, perdí mi capacidad de conectar con aquellos que leen mi trabajo.


Escritores complacientes anónimos:

Un programa de seis pasos para recuperar tu espíritu de escritor.

Aunque aún estoy embarcado en mi propio viaje de regreso a ser un escritor competente, estos son los pasos más útiles que he encontrado mientras busco recuperar mi espíritu de escritor:

Arrepiéntete de tus pecados de escritor

Al igual que con otros programas diseñados para quienes sufrimos aflicciones graves, el primer, y más importante, paso es admitir que no puedes escribir, o que tu escritura ha perdido su sustancia y significado. Repite esto como un mantra y recuérdalo cada vez que te sientes a escribir. Incluso si es algo totalmente aburrido (como un comunicado de prensa) encuentra algo que corresponde a tus valores personales como escritor.

Reconoce que otros escritores pueden darte fortaleza

Vivimos en una época gloriosa en la que todos los hechos, opiniones e inspiración que deseamos están a nuestro alcance. Si buscas un tema sobre el cual escribir, o necesitas ayuda o consejos, lo podrás encontrar en línea. Leer la obra de otros escritores es una buena manera de diseccionar el funcionamiento de sus cerebros. No hay nada malo en seguir los pasos de alguien a quien admiramos profesionalmente. Estudia su trabajo y averigua cómo se inspira.

Piensa como un escritor

Como dije antes la curiosidad es el rasgo más importante de un escritor exitoso [enlace en inglés]. Haz preguntas todos los días. Sal y habla con la gente. Mira a tu alrededor. Escucha. Espia (este es mi favorito). Lee, lee, lee y, cuando hayas terminado, lee algo más.

Encuentra una rutina

Suena aburrido, ¿verdad? Pero los escritores famosos casi siempre han seguido una rutina: Jack Kerouac escribía a la luz de las velas, Ernest Hemingway se paraba y Haruki Murakami comienza a las 4 en punto [enlaces a artículos en inglés]. La idea es establecer y mantener una rutina que abrace tu creatividad. No importa si decides despertarte una hora más temprano y escribir, mientras tu cerebro todavía está empapado en tu subconsciente o escribir a altas horas de la noche (o incluso en la hora de almuerzo) lo que importa es establecer un horario y mantenerlo.

Aprende a disfrutar las correcciones

Escribir no solo es sentarse cuando te sientes inspirado y teclear una novela, guión, artículo, o lo que sea. Escribir es corregir. Termina tu borrador en papel y luego repasa lo que escribiste. Dáselo a un amigo para que lo revise. Enviáselo a tu mamá. Entrégalo a quien quiere leerlo y luego revísalo tu mismo.

No te dejes llevar

Si bien hay un lugar para el ego cuando eres escritor, la humildad, casi con total seguridad, te abrirá más puertas. Pide ayuda y búscala activamente. Busca personas que han tenido éxito y envíale preguntas. La escritura es una profesión solitaria, pero nosotros somos criaturas sociales. Expónte y te sorprenderá lo que recibirás a cambio.


Reconocer tus defectos es el primer paso para convertirse en un escritor más creativo y productivo. Separar unos minutos, una vez por semana para reflexionar sobre lo que estás haciendo mal (o bien) es la mejor manera de mantenerse responsable por tu trabajo y de asegurarte de encontrar tu espíritu de escritor.