
Cómo yo leo libros
Un manual para principiantes y para personas con obsesiones dañinas de lectura
Tengo 38 años. He amado los libros desde hace mucho. Mi mamá asegura que desde bebé — pero posiblemente no tanto.
He leído. Siempre es un peligro decir que uno ha leído mucho porque a la gente le causa todo tipo de reacciones: “yo he leído más”, “tengo un amigo que leyó más”, “Cortazar leyó más”, “Tolstoy leyó más”, etc.
Lo importante es que he leído bien. He seguido consejos de lectores maduros y he ido optimizando una técnica de “saber qué y cómo leer”. A continuación unas cuantas de mis reglas personales de lectura.
Nunca termino un libro que no quiero leer
Cuando tenía unos 22 años, estudiando en la facultad de Bellas Artes tuve la gran dicha de ser compañero de Abelardo Brenes — el papá de Abelardo y Arnoldo Brenes. Don Abelardo tenía en ese entonces 82 años, 60 años más que yo. Había terminado 7 especialidades en Medicina, también estudió Farmacia y en ese entonces estaba cursando la carrera de Grabado en la Escuela de Bellas Artes. Don Abelardo, más allá de lo que habrá leído en sus múltiples carreras coleccionaba libros, compulsivamente.
Un día hablando con él me dio un consejo que he seguido al pie de la letra y que me ha librado de horas y horas de infelicidad: “Gastón, nunca se termine un libro que no quiere leer. Su libro favorito lo está esperando en algún estante, mientras usted pierde el tiempo leyendo el que no le está gustando.”
Don Abelardo sabía algo a sus 82: la vida tiene final. “Tempus Fugit”, me decía a menudo, “el tiempo vuela”. En la vida solo vamos a leer cierta cantidad de libros por la simple y sencilla razón de que un día vamos a estar muertos, y ese día ya no se lee más.
Cada minuto de la vida en que leo un libro que no amo, es un minuto menos con un libro que sí voy a amar. Lo cierro y abro uno nuevo. De todos modos, libros es lo que más me sobra.
Rayo y subrayo los libros
Los libros son míos, yo no soy de los libros. Los libros están repletos de sabiduría y de consejos, de chistes y de tristezas, de sexo y de amor. Los libros buenos están llenos de historias que quiero recordar y saborear una y otra vez en mi vida.
De uno de mis papás, Roberto — mi padrastro — aprendí a rayar los libros. Roberto ha leído y leído y leído. Roberto lee con un lapicero en la mano. Con tinta negra subraya, marca las páginas importantes, conecta un párrafo con otro que está en otra página, hace referencias bibliográficas a otros libros del mismo tema y se deja recados a sí mismo. Roberto es dueño de sus libros. Son parte de su vida y los tiene a su servicio. Roberto además le hace un favor a las siguientes generaciones, a los libros malos les pone en la portada “MALO”.
Yo aprendí eso de él. Mis libros son una maraña de apuntes y subrayados. Mis libros son míos. Los que más amo, más rayados están. Los más importantes están llenos de ideas y de dibujos.
Recuerdo en la casa de Mercedes González tener la dicha de ver un libro de Impresionismo Francés que le había pertenecido a su padre, Manuel de la Cruz González. Estaba repleto de notas y apuntes. Marcaba por encima de las pinturas de Van Gogh todo lo que quería recordar luego. Los libros eran de él y para él.
Ahora que yo leo en Kindle, hago lo mismo. Dejo notas y hago highlight. La versión digital de la misma maña.
Repito libros
Como dicen las botellas de acondicionador: Rinse and Repeat. Yo no es que he leído muchos libros, es que he leído mucho los mismos.
Los libros son como canciones, tienen un inicio y un fin, tienen una melodía y tienen una historia. Lo que los hace diferentes a las canciones es que se duran mucho en terminar. Sin embargo siempre he pensado que no repetir libros sería como tener una canción favorita y oírla sólo una vez.
Entre algunos de los libros que repito y repito están The Catcher in the Rye, The Discovery of Heaven, The Chosen, The Promise, My Name is Asher Lev, 100 años de Soledad, Essential Rumi, In Search of the Miraculous, Un viejo que leía novelas de amor y Las enseñanzas de Don Juan. Repito capítulos, párrafos, finales u oraciones. Repito lo que me da la gana cuando me da la gana.
Lo importante es repetir. Volver a reírme y sorprenderme de cómo alguien pudo haber escrito algo tan maravilloso como el libro que estoy leyendo. No importa cuan cliché sea, cada vez que vuelvo a estar en Macondo, me sorprende la historia y la maravilla de que exista.
Le doy duro al mismo autor
No soy genio por haber descubierto este principio. A como me gusta casi toda la música de U2, me gusta casi toda la obra de los autores que me gustan.
Me gusta Tolstoy. Me gusta García Márquez. Me gusta Mullisch. Me gusta Chaim Potok. Me gusta Carlos Castaneda. Me gusta Rumi. ¿Cuánto leo de ellos? Todo lo que puedo, siempre y cuando me esté gustando.
Busco con ganas el libro que es para mí
De mi papá biológico, Tata, aprendí que algunos libros nos buscan a nosotros, pero que muchos hay que buscarlos. Encontrar el libro ideal es tarea de pasión y de intuición. Averiguo, me intereso en autores, sigo mi olfato y busco mucho en Amazon.
Cuando estoy frente a alguien que admiro o que tiene algo magnético en su presencia, intento averiguar lo que lee. Cuando tengo un heroe, intento averiguar lo que lee. Cuando tengo un autor favorito intento averiguar sus libros favoritos. Busco. Y como decía el Señor Jesús, "el que busca encuentra".
Yo creo que hay libros que simplemente son para mí. Uno de mis libros favoritos “On Writing Well” de William Zinsser, me lo robé de la casa de una tía. Lo ví, lo sentí, lo agarré del estante en que estaba y simplemente me lo robé. Tenía un algo que me llamó. Ese algo es la magia de algunos libros cuando saben que van a ser amados. Lo he leído incontables veces. Lo tengo dos veces en papel y también lo tengo en mi Kindle (también robado). Lo amo en todas sus versiones y presentaciones.
Hay libros para mí, pero tengo que buscar. Hay lecturas ideales para mí, pero las tengo que conseguir. No es mucho esfuerzo y el poco esfuerzo que toma la búsqueda se me paga muy bien.
Leo
Este es el final. Leo lo que tengo a mano y leo cuando puedo. No soy especial en esto, muchísima gente lee, pero creo que leo bien. Le deseo que lea bien usted también.