Conocerte bien
Conozco cada centímetro.
Cada cara, cada expresión.
Conozco cada parte de lo que te compone.
Conozco tu gusto por el café, el cual tomas todas las tardes.
Conozco la cantidad de azúcar que le pones al café dependiendo de su tamaño.
Conozco tu forma de ser conmigo cuando querés estar solos, sin nadie que nos moleste.
Conozco la forma de hablar que tienen tus ojos, porque a pesar de estar callado tus ojos me hablan por horas.
Conozco tu forma de pensar sobre el mundo, sobre la vida. Sé que a pesar de que por fuera no se note, te encanta reflexionar sobre todo. Y me encanta eso, es como otro yo pero en diferente cuerpo.
Sé que no te gusta que te pida que repita las cosas una y otra vez, porque te gusta que aprenda por mí misma a valorarme y que no tenga la necesidad de tener a alguien repitiéndome a cada rato “lo hermosa que soy”.
Sé que, aunque por fuera no lo aparentes, sos la persona más tierna que puede existir en el mundo.
Sé que cuando te pones mal, le pegas a todo lo que encuentres, que tenés la manía de agarrarte el pelo o pegarte en la cabeza hasta que te desahogues. Y sé que odias que te pida que no lo hagas.
Sé que cuando lloras, el celeste de tus ojos se empaña y queda brilloso, y por más dolor que me da que llores, amo cada parte de tu cara y tu cuerpo hasta en tus peores momentos.
Conozco la costumbre incontrolable que tenés de mover las manos cada vez que escuchas una canción.
Conozco la calidez de tus abrazos, de los que no quiero escaparme nunca de lo confortables que me parecen.
Conozco como te gustan los besos. De esos largos y lentos, sin apuros.
Pero por sobre todas las cosas, conozco tu amor. Ese auténtico amor, del que me atrapaste y ya no puedo escapar. Y tampoco quiero.