Conquistar grandes objetivos
es como salir a lavar el coche

Y conquistar castillos y matar dragones, también. Así es, conseguir «grandes objetivos» es como salir a lavar el coche. Y lo pongo entre comillas porque siempre será subjetivo (lo de grandes, digo). Como sea. Conseguir «grandes objetivos» no es más que la sucesión de pequeñas tareas. Las cuales suelen ser, en su gran mayoría, digamos, monótonas. Lo que no quiere decir que sean aburridas, claro está. Pero, para que lo visualices mejor digamos que es como armar un rompecabezas: al empezar ya sabes cuál es el resultado final y te diviertes poniendo cada pieza donde corresponde. Por más monótono que parezca, después de quince minutos te terminas encariñando con la pesada tarea. Te empiezas a divertir.
Algo así sucede con los «grandes objetivos». Nada del otro mundo. Nada mágico. Sólo eso. Levantarte. Ducharte. Vestirte. Analizar lo que tienes que hacer en el día y… aquí viene el truco mágico: HACERLO.
«Un camino de mil millas comienza con un paso», es un antiguo proverbio chino, probablemente lo hayas escuchado alguna vez y si no, pues nada, todo el mundo tiene una primera vez; de nada. El significado es bastante contundente: tener el coraje de dar el primer paso para conseguir nuestro objetivo.
Un pequeño paso para ti, un gran paso para la humanidad
La verdad es que esa decisión, más que importante, es decisiva. Decidir moverte hacia la dirección de aquello que pretendes conseguir.
Y ahora, ¿qué pasa cuando hemos empezado el camino? De repente te das cuenta de lo grande y vasta que es la travesía. Es en ese momento que las dudas empiezan a surgir. Aquellos que consiguen «el éxito» son aquellos capaces de tomar por los cuernos a su diabólico e intimidante objetivo en cuestión y verlo por lo que realmente es: una serie de tareas pequeñas y manejables que juntas dan forma a esta especie de monstruo que emana olor a cansancio. ¿Por qué la gente deja de hacer cosas? Muchas veces es porque la tarea parecía inmensa antes ellos, porque la veían como ese monstruo que les succionaba la energía con la mirada. ¿Alguna vez te has sentido cansado con tan solo mirar aquello que se supone que tenias que haber hecho pero que, tras dos meses, aún no lo has hecho? Exacto. A ese tipo de cansancio me refiero.
Lo grande es la suma de lo pequeño
Supongamos que tienes el objetivo de escalar una gran montaña. Estás pensando en llegar a la cima, en ver todo el paisaje por debajo de tus pies, en sentirte como el rey y decirle a tus sucios vasallos, de una vez por todas, que te limpien los pies. Te entiendo. Cada vez que piensas en ello tu corazón se acelera. Así que te decides: coges tus cosas, empacas tu ropa, seleccionas tus alimentos, coges el coche, te vas hasta el famoso lugar en donde se encuentra la montaña. Te detienes a observar la montaña. Y entonces ocurre. ¿Qué sientes? Es un juego completamente diferente, ¿cierto?
Observas la inmensidad de la montaña y te das cuenta que, al parecer, no se trata de un pequeño paso. Todo lo contrario. Ese en ese momento cuando la gente deja de persistir. Precisamente es en ese momento cuando dejas que la aparente magnitud del reto te supere. Cuando no eres capaz de ver el reto que tienes enfrente como un cúmulo de pequeños pasos y tareas, lo que haces inmediatamente es contemplar la tarea como una locura, que como no podía ser de otra forma, sólo los locos podrían llevarla a cabo; y tú no te consideras un loco, por supuesto.
Es como querer convertirte en el próximo Steve Jobs. Estás intentado apuntar al resultado en lugar de fijarte en el trabajo intenso e insignificante que hay detrás. Es lógico que el resultado siempre parezca ser maravilloso y muchas veces al fijarnos sólo en el resultado, el objetivo en cuestión parece inalcanzable.
Si puedes analizar e identificar las habilidades, las técnicas específicas que necesitas conquistar para conseguir ese objetivo grande. Entonces ya lo tienes. Tendrás un motivo para levantarte todas las mañanas, la tarea no te desmotivará por su inmensidad pero tampoco por su insignificancia. Sabrás que forma parte de ese gran propósito, de ese objetivo al final del túnel y que tú trabajo es realizarla todos los días, sin excepciones. Es maravilloso. Es como empezar a armar un rompecabezas y saber cuál es el objetivo final. Sabes cuál es la figura final, tan sólo hace falta echar un vistazo a la portada de la caja, con lo cuál sabes que es posible, sabes que ese gran objetivo está ahí. Y por otro lado, sabes que poner cada pieza en la posición correcta forma parte de ese todo. Así es como te mantienes motivado.
Y cuando las cosas explotan en tu cara, cuando las cosas van mal, ya sabes, aquello que pasa de vez en cuando en este planeta al que llamamos Tierra, cuando los malos momentos vengan a ti, tendrás un fundamento sólido dentro de ti, tendrás puntos de referencia en tu mente que te harán recordar: «Sí, yo lo hice y esto es lo que llevo hecho hasta ahora», tendrás resultados tangibles bajo el brazo, serán resultados REALES y por más pequeños que sean, te darás cuenta que la confianza que vas construyendo es más sólida que la confianza efímera que obtienes tras la adquisición de tu nuevo gadget.
Esto se aplica a todo: fallar en un examen, acabar con una relación, perder un trabajo. Estas cosas parecen monumentales si permites que así sea. Se pueden transformar en la montaña, aparentemente, imposible de escalar de la que hablábamos. O podemos optar por otro camino. Podemos optar por el camino de ver a esa montaña como un mapa, un mapa que se compone de pequeños pasos: una hora, un día, todos los días. Y así, llegarás a la cima de esa montaña más rápido de lo que jamás podrías haber imaginado.
Y si no, al menos morirás feliz. ¡Oye, tan malo no es!
;)
Por aquí te dejo una canción que me motiva personalmente: Canción
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