Contra todo

No hay rebeldía más inútil que aquella que se ejerce contra los que luchan por causas justas, contra los verdaderos rebelados. No hay razonamiento más hipócrita que aquel que asume por automáticamente resuelta una injusticia cuando los cambios ocurren en el plano de lo meramente discursivo. No hay militante más necio que aquel que milita por la inacción, auto-proclamándose neutral en cualquier asunto, mientras dedica su vida a la preservación del orden establecido.

Contra todo eso, entre muchas otras cosas, debe luchar hoy en Argentina el feminismo.

Contra rebeldías inútiles. Porque no basta con la existencia del milenario y naturalizado sistema patriarcal, sino que se suman aquellos que entienden la ecuación completamente al revés, que creen que hoy el feminismo es mainstream y que por ende lo épico es ponerse en la vereda de enfrente. Estos rebeldes inútiles suelen apelar a una moral cosmética, una escala de valores que les permite callar ante un femicidio y escandalizarse ante una pared pintada con aerosol.

Contra razonamientos hipócritas. Porque el opresor no admite, ni siquiera en su interior, ser responsable de las injusticias sufridas por el género femenino. Entonces acude a maniobras discursivas en busca de un indulto que no es más que el propio, el único que le interesa. Comienza expresando su apoyo a la lucha, para luego criticar todos los mecanismos utilizados para llevarla a cabo. Se arroga el derecho de aconsejar acerca de las formas de protesta, recomendando acciones invisibles que no molesten al resto de la sociedad. Y concluye minimizando el camino que queda por recorrer, otorgándole propiedades sanadoras a sus palabras iniciales, ofreciendo ese paraguas de cinismo con el que suelen empezar los discursos más agraviantes como prueba de una supuesta toma de conciencia generalizada.

Contra militantes necios. Falsos neutrales. Porque son lobos con piel de cordero. Porque son los más constantes y peligrosos. Se oponen religiosamente a cualquier tipo de evolución. Temen que la sociedad avance hacia una nueva versión en la que no darían la talla. Aman y desean tanto pertenecer que actúan como esclavos con látigo. Auto-flageladores capaces de aplicar castigos contra cualquiera que rompa la hilera sin la cual no sabrían hacia dónde ir, cualquiera que no acepte la condena hacia la que caminan gustosos. Consideran que esa procesión es lo justo y necesario, por lo que se auto-perciben neutrales, aunque sean los cancerberos del palacio de las injusticias.

Hoy las mujeres se enfrentan a un monstruo difícil de batir. Un perro de tres cabezas que entre ladrido y ladrido casi no escucha palabra. Por eso el mensaje es claro. Sin peros, sin matices. «No nos maten más». Se habla del derecho a la vida. Un pedido que demuestra lo mucho que queda por hacer. Por eso hay que sumar voces. Por eso hay que gritar fuerte.

Ni una menos.