Crónicas del lector curioso: Diez libros para reír a carcajadas

Se suele decir que hacer reír es mucho más difícil que hacer llorar. Y debe ser cierto: la mayoría de las veces una carcajada sincera es mucho más inusual que la lágrima viva. Se trata quizás de una percepción muy clara sobre la naturaleza humana y sus complejidades. El llanto —y por ende, la tristeza— parece ser un fenómeno complejo, una percepción sobre nuestro mundo interior basada en una serie de mecanismos que se unen entre sí para crear algo más profundo. Pero la risa es espontaneidad pura, un fenómeno tan extraordinario que nadie aún comprende bien en toda su rareza. Y quizás, eso la hace tan valiosa, tan profunda, tan vital.

De manera que lo que hace reír, es una insólita mezcla entre lo curioso, lo emocional y lo intelectual, continúa siendo un misterio. Si lo sabrá Wilde, que resumió su esfuerzo de crear una obra cómica “como un delicioso e interminable tormento” o Neruda, que habló de la risa como “el lenguaje del alma”. Tal parece que aún nadie ha podido definir exactamente lo que provoca esa gran estallido de alegría, esa mezcla de felicidad y algo más personal y quizás por eso continúa siento tan preciado y frágil. Un pequeño misterio espiritual.

Y si resulta complicado analizar que hace reír, mucho más lo será la manera como la palabra puede resultar hilarante. ¿Qué hace que un libro sea capaz de provocarnos una carcajada? ¿Qué lo hace atravesar esa línea tan sutil entre lo gracioso a lo realmente desternillante? Tal vez se trate de uno de esos pequeños espacios de pura subjetividad que hacen del arte una forma de expresión tan difícil de definir. Mucho más la literatura, con su colección de matices e ideas. De toda esa visión sobre la realidad que se transforma hoja a hoja.

Aún así, puede ser estimulante intentar encontrar ese libro capaz no sólo de ser hilarante sino de despertar ese viejo instinto para la diversión y la risa tan esquivo. ¿Cuales podrían ser entonces los diez libros ideales para reír a mandíbula batiente? quizás los siguientes:

1. “Alta fidelidad” de Nick Hornby

Hornby es el típico buen chico inglés de clase media o así suele definirse así mismo. Sus libros son hilarantes visiones sobre la vida cotidiana inglesa, un toque de existencialismo que el autor utiliza en sabias dosis. Por ese motivo, sus novelas suelen ser pequeñas fotografías del submundo urbano inglés, sus triunfos y tragedias.

Por supuesto Alta fidelidad no es la excepción. Se trata de una historia creada para retratar la melancolía urbana, ese existencialismo superficial y casi confuso de cualquier hombre de mediana edad europeo. Pero Hornby además le añade un insólito sentido del humor y crea personajes inolvidables, mezcla del estereotipo y una delicada humanidad. El libro avanza en medio de una perspectiva amable, chispeante pero sobre todo realista, sobre los conflictos de la mediana edad, el amor moderno y algo mucho más sutil en mitad de camino entre la insatisfacción y la esperanza fallida. Hornby, con un pulso maravilloso para las situaciones y las desventuras, crea un hilarante mosaico sobre no sólo las vicisitudes del hombre corriente moderno sino también, del mundo que crea a su medida. Todo un triunfo de un maravilloso sentido del humor.

2. “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole

El libro La conjura de los necios es toda una rareza literaria: escrito a finales de la década de los sesenta, su autor se suicidó a los treinta y dos años, frustrado por no lograr el éxito editorial, por lo que su madre siguió insistiendo en su publicación hasta 1980, cuando finalmente lo logra. Se convirtió en un clásico inmediato: al año siguiente gana el premio Pulitzer y la crítica lo aclama no sólo por su refinado sentido del humor sino su profundo planteamiento filosófico. Casi tres décadas después de ser escrito, el libro se convirtió en una referencia de la literatura humorística con toques de un profundo existencialismo.

Pero más allá de su curiosa travesía por el mundo editorial, La conjura de los necios es una alegoría fantástica sobre el mundo moderno, un compendio de situaciones crítica y la mayoría de las veces surreales que crean una obra inolvidable. Ambientada en Nueva Orleans, el libro reconstruye la visión del hombre moderno sobre si mismo en una parodia humanista tan imaginativa como sorprendente: el memorable personaje principal Ignatius Reilly decide que el siglo XX carece de belleza, geometría e incluso de interés, por lo que renuncia a él de la mejor manera que puede. No obstante, el alegato contra el materialismo y las contradicciones de un mundo confuso no se limitan a una mirad concreta sino que intentan englobar la identidad del hombre actual dentro de sus propias limitaciones. Somos lo que la sociedad nos permite, nos admite. Y más allá de eso, se encuentra el caos. El intelectual, el emocional. Una búsqueda de ideas peregrinas sobre la identidad contemporánea.

Llena de personajes inolvidables, La conjura de los necios es un triunfo de la imaginación y la capacidad de la literatura —en realidad, de cualquier manifestación de arte— para analizar nuestra percepción del mundo a través de la crítica, la burla y la sátira. Un fresco sobre un mundo neurótico y desigual que Toole logró captar en todo su esplendor.

3. “Diario de una dama de provincias” de E. M. Delafield

Con frecuencia, el humor proviene de lo cotidiano o eso parece sugerir, esta extraordinaria novela, mezcla de género epistolar y análisis de lo absurdo, que no sólo logra recrear la vida corriente desde un punto de vista hilarante, sino que añade una dosis de cinismo que convierte el relato en una gran crítica a los prejuicios, dolores e incluso temores de la vida moderna.

Pero no se trata sólo de una sátira inmediata: Diario de una dama de provincias es una meditada revisión sobre el género humorístico, que logra momentos brillantes gracias a la habilidad de Delafield para construir atmósferas y sobre todo, su capacidad para crear escenas desternillantes. Como hilarante retrato de la clase alta británica, la novela avanza con entusiasmo para burlarse de si misma y cuando lo logra, alcanza momentos de maravilloso brillo, que la convierten en una de las novelas más divertidas de la literatura británica del siglo XX.

4. “La oficina en The New Yorker: El trabajo en viñetas”

Toda una rareza editorial: Se trata de una antología de viñetas que del periódico The New Yorker, conocido por su mordaz sentido del humor y extraordinario uso de la crítica humorística para reflejar la realidad mundial. Luego de una primera recopilación exitosa —El dinero, donde recopiló todas las viñetas relacionadas con el mundo de los negocios— The New Yorker ahora pone el foco en las oficinas, sus rutinas, costumbres y locuras cotidianas desde un punto de vista universal. En una colección de más de 300 viñetas, el libro muestra situaciones tan corrientes como los Lunes por la mañana, jefes, recepcionistas, mensajeros y pasantes desde la clave del humor y además, cargados de la ironía característica de la línea editorial del periódico. Toda una joya de colección para los amantes de la caricatura crítica y también, del humor refinado de la publicación.

5. “Piccadilly Jim” de P. G. Wodehouse

Con sus intrigas domésticas, amores y desamores, quizás Piccadilly Jim no se trata de la novela más original imaginable y Wodehouse lo sabe, por lo que dota a su mundo literario de un sentido del humor aparentemente ligero que la convierte no sólo en una narración fresca sino quizás, toda una alegoría a las pequeñas desgracias de las expectativas frustradas. No obstante, no todo es tan sencillo en una novela de equivocaciones, que en ocasiones sorprende por la profundidad de su planteamiento y en la manera como usa el humor para construir pequeñas situaciones dolorosas. Y es que Picadilly Jim es quizás uno de esos libros que sorprenden sin querer pero sobre todo, divierten con toda intención, a la vez que se sostiene sobre una sólida mirada sobre la identidad del hombre, sus tragedias y mezquindades. Una pequeña travesura literaria altamente recomendable.

6. “Ha vuelto” de Timur Vermes

Al momento de su publicación, esta parodia sobre la resurrección de Adolf Hitler en pleno mundo moderno despertó polémica e incluso malestar. No sólo se trata de una visión durísima sobre la Alemania de la segunda mitad del siglo XXI —con sus desigualdades, dolores e inquietudes— sino un análisis en clave de humor sobre ese gran fantasma en el inconsciente colectivo del país como lo es el nazismo. Pero la novela logró superar y bordear el escándalo y logró mostrar una interpretación hilarante sobre un tema tabú en en nuestro mundo: Adolf Hitler y su influencia. Intrigante, pausada pero sobre inteligente, esta sátira feroz logra convertir al símbolo del mal moderno en una mera idea desigual sobre la identidad del país que lo vio nacer. Todo un prodigio de humor en ocasiones mordaz y otras simplemente liviano que es quizás, el mayor triunfo de la historia que cuenta.

7. “El mal de Portnoy” de Philip Roth

En la tradición de las novelas de Woody Allen, Roth construye una narración casi esencialmente sobre las neurosis de su doliente personaje, un magnifico Alexander Portnoy, quien en un arrebato de sinceridad confiesa a su psiquiatra que el sexo domina su vida. Así de simple y así de directo. Portnoy no se va por las ramas y describe cómo todos los elementos de su vida parecen gravitar, en esencia, sobre sus variados y en ocasiones incontrolables impulsos sexuales. Las sesiones psiquiátricas se convierten en una reflexión sobre los vaivenes de la vida de Portnoy y esas pequeñas vicisitudes que le atormentan: su origen étnico, sus envidias simples y casi infantiles, su asombro y desconcierto por el mundo que le rodea. Pero no nos engañemos: esta novela es sobre el sexo y hacia el sexo se dirige, en medio de una visión elemental y lúcida sobre lo que la lujuria y nuestra obsesión por ella, puede ser. Divertida, conmovedora y por momentos escabrosas, este monólogo sobre las penurias del sexo —que también puede ser cientos de cosas a la vez— deslumbra por su buen hacer e imaginación creativa.

8. Aventuras y desventuras del chico centella de Bill Bryson

Bryson suele llamarse un escritor que es un acierto seguro para la risa y el entretenimiento: Con su buen pulso narrativo e inagotable imaginación, parece siempre encontrar la manera de contar historias aparentemente sencillas desde una perspectiva nueva. Esta no es la excepción: Ambientada en su Iowa natal en la década de los 50, Bryson repasa su infancia desde un punto de vista ideal que además adereza con un sentido del humor en ocasiones profano e irónico. Construida desde un impecable punto de vista —el niño que mira y el niño que construye al mundo— la novela es una colección de hilarantes anécdotas que además, construyen una visión formal sobre la América dorada y tradicional de mitad del siglo XX.

9. “¡Noticia bomba!” de Evelyn Waugh

Como crítica al periodismo basada en el humor que es, ¡Noticia bomba! es un recorrido inteligente por el sensacionalismo, el afán de la primicia y otros tantos vicios de la información moderna. Para crear la historia, Waugh se basó en su propia experiencia como periodista de un tabloide y el resultado es tan divertido como desconcertante: Cuando un naturalista es enviado por equivocación como corresponsal a una guerra Africana, la verdad y la mentira —o lo que podría ser ambas cosas, en todo caso— parecen confundirse en una extravagante visión sobre la obsesión del mundo moderno por la noticia. Una visión irónica sobre el mundo contemporáneo y su afición por la espectacularidad.

10. “Mi familia y otros animales” de Gerald Durrell

Una novela que resume ese elemento desigual y muchas veces confuso que suele llamarse “humor británico”. Y es que Durrell —el escritor— mantiene un sentido filosófico sobre la vida y sobre todo, la manera en que nos comprendemos como individuo. No obstante, Durrell —el personaje— concibe el mundo desde su rareza, su aparente sentido del absurdo y un elemento de absoluta sencillez que sorprende por su efectividad. Tal vez por ese motivo Mi familia y otros animales se sostiene no sólo sobre la risa —es una novela humorística por donde se le mire— sino por la insistente reflexión sobre quién somos y más allá de eso, como nos comprendemos dentro de ese gran reflejo de nuestra identidad como lo es nuestra familia. Un libro complejo, divertido e irónico sobre los lazos fraternos que nos unen y los que no, mezclados en una gran perspectiva sobre esa noción tan abstracta que llamamos identidad.

Una lista corta sin duda, que sin embargo intenta recopilar lo que considero son los mejores ejemplos de los libros que además de hacernos reír, tienen la capacidad de hacernos meditar sobre nuestra individualidad y los elementos que la sostienen. Y es que bien mirado, ambas cosas pueden ser lo mismo o mejor aún, el mejor motivo para analizarnos como parte de una idea mucho más amplia: esa noción sobre el poder de la risa como vinculo de cientos de cosas distintas. Una manera de crear.

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