Creatividad infinita

Esta es una historia de aprendizaje, convertido en amistad, que me enseñó una poderosa lección.


EN EL INSTITUTO APRENDÍ LO SATISFACTORIO QUE ERA crear mis propias oportunidades, y asumí que podría hacer lo mismo en la universidad. Pero la universidad no resultó ser lo que yo esperaba.

Mientras estudiaba, conseguí un trabajo moviendo cajas pesadas en una vieja mansión en Bacon Hill para la editora Little, Brown and Company. Cargaba cajas de libros del ático de la mansión al vestíbulo. Era a mediados de los noventa, y el departamento de arte de la editora estaba pasando de la cola en espray al Photoshop. Incluso tenían una vieja máquina Photostat en su pequeño cuarto oscuro, una enorme y cara máquina que hacía el mismo trabajo que un escáner de noventa y nueve dólares. Sabía que mi camino estaba alrededor de un Mac, y diseñar cubiertas de libros parecía entretenido. Así que un día, cuando todo el departamento de arte estaba almorzando, fisgoneé hasta que encontré una hoja de transmisión para un libro que mostraba el título, el subtítulo, el autor y un breve resumen de lo que el departamento editorial quería para la cubierta. El libro era Midnight Riders: The Story of the Allman Brothers Band, de Scott Freeman. Me senté en una de las estaciones de trabajo y creé una cubierta. En un fondo oscuro, puse «Midnight Riders» en un tipo verde, grande. Luego encontré una fotografía de la banda, también muy oscura, que se veía bien debajo del título. Cuando terminé, la imprimí, le di un acabado mate y la puse junto a los otros diseños de cubiertas dirigidos a los departamentos de editorial y ventas de la oficina de Nueva York para su aprobación. Luego seguí moviendo cajas.

Dos días más tarde, cuando el director de arte volvió de la presentación de diseños en Nueva York, preguntó: «¿Quién diseñó esta portada?» Le dije que la había hecho yo. Él dijo: «¿Tú? ¿El chico de las cajas?» Expliqué que sabía de ordenadores y que iba a la universidad con una beca para las artes. Me ofreció un trabajo a tiempo completo como diseñador. La oficina de Nueva York había elegido mi cubierta para usarla en el libro. Mirando atrás, no es que fuera muy buena, pero la seleccionaron.

Me ofrecían un gran trabajo honesto a tiempo completo. ¿Debería cogerlo? La universidad hasta ahora había sido una decepción. Y aquí me habían dado la oportunidad de trabajar directamente con el director de arte, que resultaría ser un maestro. A mi modo de ver, la gente iba a la universidad para prepararse para conseguir un trabajo como el que me estaban ofreciendo. Básicamente, me estaba saltando tres cursos. Además, iba a aprender mucho más aquí, haciendo lo que quería hacer, que siendo un anónimo a la deriva por la universidad. Así que dejé la universidad para trabajar en Little, Brown, una de las mejores decisiones de mi vida.

No abogo por el abandono. Podría haber entrado en la universidad más centrado en primer lugar, o podría haber intentado cambiar mi experiencia cuando estuve allí. Pero coger un trabajo que me había ganado por mi propia iniciativa era otra forma de controlar mi destino. Esto, tal y como lo veía, era un ejemplo de elaborar mis propias oportunidades.

Es por esto que empezar un equipo lacrosse, producir una obra, lanzar tu propia compañía, o construir activamente la compañía en la que trabajas es más creativamente satisfactorio y potencialmente lucrativo que simplemente hacer lo que se espera de ti.

Creer en ti, tu yo genial, significa tener confianza en tus ideas
incluso antes de que existan.

Para tener una visión para un negocio, o para tu propio potencial, debes reservar espacio para esa visión. Quiero jugar en un equipo de deportes. No se me da jugar en equipo. ¿Cómo puedo reconciliar estas realidades? No me gusta mi trabajo, pero me encanta esta pequeña parte de él, ¿qué puedo hacer en su lugar? Las verdaderas oportunidades en el mundo no aparecen en las ofertas de trabajo, y no saltan en tu bandeja de entrada con el asunto: Una gran oportunidad puede ser tuya. Inventar tu sueños es el primer y gran paso para conseguir hacerlo realidad. Una vez entiendes esta sencilla verdad, un nuevo mundo de posibilidades se abre ante ti.

En mi primer día de trabajo de oficina como diseñador en Little, Brown, entré en la oficina del director de arte, y en silencio me dirigió a su escritorio. Sin decir nada o moverse, llevó su mano izquierda sobre su hombro derecho y cogió un libro en la estantería. Como un Maestro Jedi, nunca me quitó los ojos de encima. El libro elegido era una muestrario de color Pantone, y tenía que ser el que quería porque empezó a ojearlo. Me quedé en silencio, observando como lentamente pasaba las páginas entre colores y más colores. Finalmente, se paró en el rango de los marrones claros y tostados. Encontró lo que buscaba y sacó una de las pequeñas muestras perforadas. La puso sobre su mesa, colocó un dedo sobre ella y, sin decir nada, deslizó la muestra color chocolate hacia mi. Luego afirmó secamente: «Así es como me tomo el café».

Dios mío. Había dejado la universidad por esto. Dejé mi increíble beca. Y ahora tengo que ir al Dukin’ Donuts y preguntarle a la señorita si puede hacer el café.

En tres segundos, todos esos pensamientos pasaron por mi cabeza. Mientras estaba considerando cómo conseguir ese color en la cafetería local con la cantidad de crema justa, el director de arte empezó a reírse.

«¡Estoy bromeando! ¿Qué clase de cabrón crees que soy?» Y así empezó mi aprendizaje en el diseño gráfico y mi introducción a una nueva forma de pensar. El director de arte, Steve Snider, y yo trabajamos codo con codo durante dos años.

El diseño de cubiertas te enseña que para cualquier proyecto, hay infinitos acercamientos. Hay algunos factores en juego en el diseño de cubiertas. Una cubierta tiene que satisfacernos, a los diseñadores, artísticamente. También tiene que gustarle al autor y al departamento editorial haciendo justicia al contenido. Tiene que agradar a Ventas y Mercadotecnia en términos de atraer atención, posicionamiento y promoción del libro. Algunas veces los diseñadores se frustran cuando su trabajo es rechazado por un departamento u otro. «Idiotas. Estúpidos», murmuran, despotricando por la oficina. «Es un diseño brillante». Y quizás lo sea. Pero nuestros colegas de Ventas y Editorial tienen experiencia en sus trabajos, y yo aprendí de Steve a asumir que sus preocupaciones eran legítimas.

Steve me dijo una vez que, para una biografía de Ralph Lauren, había tenido una idea brillante. Quería poner seis cubiertas diferentes, cada una en un color sólido, de muy buen gusto, con el imagotipo de Polo en la esquina superior izquierda en un color contrastado. Tal cual. La foto de Ralph Lauren podría ir en el reverso. Hubiera sido icónico. Pero Editorial lo vetó. Así que eso era todo. Steve seguía orgulloso de su idea, pero entendió que su opinión no era total y absoluta.

Para un libro llamado The Total Package, de Thomas Hine, que deconstruía el mundo del empaquetado de productos, cogí una pequeña caja de cartón de pudin en polvo. La abrí, despegué los pliegos y la aplané. Hice una cubierta que mimetizaba la caja deconstruída, con sus líneas de registro y el pequeño arcoiris donde se comprueban los colores. Estaba realmente orgulloso del producto final. Pero, en lugar de esto, usaron una elegante cubierta en blanco y negro con formas de productos en ella. Mi cubierta no fue usada, pero el trabajo no fue desperdiciado. Lo puse en mi porfolio. Todavía pienso que molaba.

Steve me enseñó que el rechazo de una cubierta no era un problema. Era una oportunidad. Mi trabajo no era ser un artista, creando trabajos que me gustaran. El reto era conseguir un diseño que me encantara y que Ventas y Editorial pensasen que era perfecto. Ese era el objetivo real. «Tus objetivos tiene que ser más grandes que tu ego», Steve solía decirme. Cuando satisfacía a todos los departamentos, solo entonces había conseguido realmente clavar una cubierta.

Cuando Steve y yo estábamos bloqueados, intentábamos inspirarnos. Cogíamos un marco mate precortado y enmarcábamos diferentes cosas por la oficina. ¿Haría el grano de madera de un aparador un buen fondo? ¿Y el cielo azul del exterior? (Steve Snider utilizaría más adelante el cielo azul con nubes como fondo para Infinite Jest de David Foster Wallace.)

A veces había restricciones que limitaban nuestras opciones. Nos decían: «Para este libro, tienes que usar esta foto. Fue tomada por la hermana del editor. Es innegociable.» Y el arte apestaría.

Yo diría: «Genial, déjamelo a mí.» Luego le daría la vuelta al arte y lo reventaría un ochocientos por ciento. Ahora sí molaba. Siempre hay otra forma de avanzar. Mi creatividad no se limitaba a cinco diseños por libro, o ningún otro número. Siempre había otra cubierta potencial. Rápidamente aprendí a no molestarme por el trabajo que había sido desperdiciado. No me tomaba el rechazo como algo personal. Mi creatividad no tenía limites. Quería volver con otra idea. Tenía millones de esas, pensaba. ¡Podría estar así todo el día! Solo era una cuestión de actitud.

El diseño gráfico es una excelente preparación para cualquier profesión porque te enseña que para cualquier problema, hay infinitas soluciones potenciales.

Con mucha frecuencia dudamos de alejarnos de nuestra primera idea, o de aquello que ya conocemos. Pero la solución no es necesariamente aquello que tenemos delante, o lo que ya nos funcionó en el pasado. Por ejemplo, si nos aferramos a los combustibles fósiles como la mejor y única fuente de energía, estamos acabados. Mi introducción al diseño me desafió a tomar un nuevo acercamiento hoy, y el resto de los días.

La creatividad es un recurso renovable. Ponte a prueba cada día. Sé tan creativo como te gustaría, tan a menudo como quieras, porque tú nunca podrás agotarte.

La experiencia y la curiosidad nos llevan a hacer lo inesperado,
[a establecer] conexiones fuera de lo común.

Son estos pasos no lineales los que a menudo nos llevan a los mejores trabajos.

Steve se convirtió en mi mentor. Me llevaba al trabajo cada mañana, y nos hicimos amigos, jugando al tenis los fines de semana. Me sacaba más de treinta años, pero éramos un buen equipo: no tuve un padre mientras crecía; él tenía dos hijas, y siempre quiso un hijo. Eventualmente, empezó a llevarme a las presentaciones de las cubiertas en la oficina de Nueva York. Por el camino, le hacía millones de preguntas, no solo sobre el diseño, si no sobre la vida. ¿Cómo sabes cuándo proponerte a tu esposa? ¿Cuánto dinero pides en tu primer trabajo? Preguntar es gratis. ¡Házlo!

Con el apoyo y la confianza de Steve, dejé Little, Brown para comenzar un negocio freelance haciendo diseños para libros. Fue a finales de los noventa, así que era inevitable que pronto expandiera mis servicios para incluir el diseño de sitios web. Todos los nuevos negocios incluían diseño web en aquel entonces. Podría haber creado una lavandería, que en el imagotipo se hubiera leído modificaciones y diseño de sitios web. Cuando mis amigos se graduaron en la universidad y decidieron crear una compañía web, yo ya estaba diseñando y creando sitios web. Creamos juntos Xanga, una de las primeras redes de blogging social. Aprendiendo diseño con Steve, acabé en el camino que me ha llevado a dónde estoy hoy.


THiNGS A LITTLE BIRD TOLD ME es mi último libro. ¡Ya disponible! Lee más historias como ésta y muchas más lecciones aprendidas. —Biz Stone