Cuando juegas fútbol en el cielo

Si Dios vive en el cielo y juega al fútbol, seguramente lo hace en el Estadio Hernando Siles de La Paz, la capital de Bolivia.

Situado a 3.650 metros sobre el nivel del mar, para nosotros los uruguayos significa trepar por una escalera eterna hacia el techo del mundo. Es que nuestros cuerpos y mentes están acostumbrados a la llanura, a la lisura de una topografía solo quebrada por algún cerro pequeño. La altura máxima del Uruguay es cercana a los 500 metros y subimos allí excepcionalmente y solo para tomar fotos. El cerro de Montevideo, que también luce en el Escudo Nacional, no sobrepasa los 70 metros.

En la altura de La Paz la concentración de oxígeno que reciben tus pulmones es mucho menor, debido a la menor presión atmosférica. Entonces, salvo que tu organismo esté acostumbrado a esa condición, te cansas: de caminar, de trotar, de correr tras la pelota. La cabeza te duele, la pelota viaja con mayor velocidad y en vez de disfrutar del partido, lo sufres.

De hecho, Uruguay, en sus anteriores nueve encuentros jugados en este Estadio no había conseguido ganar. Apenas empatar y perder.

Ahora ganó. Para sorpresa de propios y extraños, que esperaban una derrota uruguaya y solo pedían un score misericordioso. Pero Uruguay venció los miedos, el partido se le dio, los bolivianos jugaron mal y se consiguió un resultado inesperado. Por cierto que celebrado con júbilo.

Uruguay no solo sufre el problema de la altura. También sufre el problema de la lejanía, de la distancia. La mayoría de sus jugadores juegan en Europa. Godín, el capitán, es un buen ejemplo de esta realidad (junto a su compañero Giménez, ambos defensas del Atlético de Madrid).

Godín jugó el sábado 3 de octubre el clásico madrileño, contra el Real de Madrid. Partido duro, un clásico jugado a todo pulmón. Luego viajó para jugar el 8 de octubre en La Paz. Otro partido de desgaste físico y psicológico. Ahora jugará el 13 de octubre contra Colombia en Montevideo. Para volver hacia España con su Atlético. ¿Maratónico? No, de locos.

No extraña ver la cada vez más frecuente cantidad de lesiones graves.

Algo funciona mal en la estructura del fútbol mundial. Hablo de un diagrama delirante, puesto al servicio de intereses económicos y de poder (por decir lo menos) que han desarrollado el deporte a gusto e interés personales. Tanto por parte de individuos como de empresas. ¿Los jugadores ganan mucho dinero? Los de la élite mundial, sí. Al igual que las prostitutas de clase alta.