Cuestiones de género en King Lucas

En DevilishGames acabamos de anunciar el lanzamiento de nuestro nuevo juego, King Lucas. Aunque se publica el día 1 de diciembre, los medios y algunos testers ya han tenido ocasión de probarlo y ha habido algunos comentarios en materia de género que, si bien ya esperábamos, no quisiera obviar.

King Lucas es un juego con muchas referencias clásicas, empezando por el planteamiento de la historia. Se trata de un plataformas de estilo medieval en el que un héroe rescata princesas. El estereotipo sexista es evidente y somos completamente conscientes. Fue este un tema que el equipo nos planteamos en una etapa temprana del desarrollo. No en vano somos sensibles a estas cuestiones e incluso yo, a nivel personal, soy públicamente bastante activo a la hora de participar en la reivindicación feminista y queer. Forma parte de mi agenda política personal (cualquiera que repase mis redes sociales podrá comprobarlo) pero también profesional; como responsable de Marketing y comunicación de DevilishGames participé en las jornadas LEXESP IV de la Universidad de Alicante con la intervención «Stereotypes and Sexism in Video Games: Gender Issues in the language of Video Games».

Con esto no pretendo relevar a King Lucas de cualquier reproducción estereotípica en la que pueda incurrir, pero sí me gustaría ponerlo en perspectiva.

Cuando uno reproduce un esquema narrativo clásico es evidente que caerá irremisiblemente en la reproducción cultural de toda una época. Si haces un remake fiel de un film de John Ford vas a reproducir la construcción cultural del macho que se hacía en los Estados Unidos de los 40, 50 y primeros 60 (y uso la palabra «macho» intencionadamente). Si lo que pretendes es subvertir esa construcción entonces estás haciendo política, no un remake, estás haciendo otra cosa. La cuestión aquí está en la elección: ¿qué quieres hacer y, sobre todo, qué puedes hacer?

Apuntaba Judith Butler en Undoing Gender que todos tenemos gustos y nuestra percepción de nuestra masculinidad y/o feminidad, pero que son percepciones y gustos construidos desde el exterior, no realmente propios. Aun así, es algo de lo que es muy difícil huir. Podríamos hacer política 24/7 y, completamente conscientes del constructo social que somos, renunciar a él y hacer activismo performativo adoptando comportamientos que, hoy por hoy, nos son ajenos, sin embargo más importante que ese cambio performativo es la toma de conciencia de estos esquemas para la aceptación de aquellos que sí tienen comportamientos no normativos.

Tampoco pretendo hacer de este artículo un ensayo pues soy consciente de que hacer una referencia aislada a Butler sería simplista, pero traigo este apunte a la palestra para realizar un paralelismo. En términos comerciales e incluso técnicos, lanzarse a subvertir los códigos del género estilístico en cuyas coordenadas se mueve King Lucas no es tan sencillo. Hablamos con una madre cuya hija había preguntado por qué no podía ser ella una dama (el masculino de caballero en el ámbito medieval) rescatando príncipes. Pensamos: «¡bien por ella!» y a continuación planteamos lo que supondría en términos de programación, arte, guión, tiempo y, en definitiva, costes implementar esto.

Para una compañía de desarrollo independiente como nosotros esto suponía una gran inversión. Incluso el más laxo en la materia puede imaginar que esto supone duplicar mucho trabajo: gráficos condicionales según el usuario decida ser representado en el juego por un personaje masculino o uno femenino, diferentes guiones en según qué idiomas, etc. Hubo que descartarlo.

Por otro lado, aunque hubiésemos podido desarrollarlo, la cosa se complicaba. ¿Por qué dejar fuera también las representaciones de mujeres que quisieran rescatar princesas u hombres que quisieran rescatar príncipes? Permitir la flexibilidad representativa del usuario dentro del juego complica mucho el desarrollo y, finalmente, aún siendo conscientes de ello y estando sensibilizados con las identidades no normativas, no podíamos atender a todas en el juego y hemos intentado ser todo lo respetuosos que hemos podido en el mismo. En el guión, de hecho, no han faltado de hecho reivindicaciones de clase, personajes abiertamente homosexuales, ni princesas que hacen lo que les da la gana por mucho que el Rey quiera casarlas.

Espero que valoréis estos detalles y disculpéis los demás.

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