¿Dónde está el amor?

No sé. No lo encontramos.

Mirá, el amor no es un ser que aparece y te desintegra los tímpanos con «SOY EL AMOR, ACÁ ME TENES, ÚSAME».

No, no. Es tímida el wacho. Un verdadero hijo de puta.

Llega cuando quiere y como puede; a veces se toma colectivos de treinta y ocho horas para pintarte en colores más claros y, cada muerte de obispo, vomita cuando se sube a una calesita. Una vez lo encontraron en la galera de un mago, otra en el supermercado mientras elegía hamburguesas veganas (la semana pasada fue a la cancha a comerse un chori con tu hermano).

Capaz, vos como un inocente, te tenés que bancar que el amor sea el que da la pica para todos los compas después de haberse escondido por veintiséis décadas en la cucha del perro del vecino. O lo pispeaste cuando te viste al espejo todo mojado por la lluvia y el miedo.

Una vez te pisoteó. Te hizo cenizas el alma y te robó tres libros. Y se fue nomás, nunca más volvió a aparecer aunque le hayas dejado las cadenas de la casa en el cementerio. No apagaste la luz ocho meses por si las moscas, que revoloteaban en el techo mientras les rompíamos Rosarios para que se vuelvan mariposas.

Y cuenta chistes, te hace reír como un loco hasta que te sangran los ojos y se te queman los pulmones. A veces es muchos. Lo perdés en la góndola de la juguetería para acercarte después de la reunión de trabajo porque le hicieron descuento en la peluquería y ahora tiene los ojos verdes. Y es más alto.

Hay días en que se va hasta Saturno porque se enoja con nosotros y no quiere llorar en frente de los chicos. Se tapa con una frazada desarrapada, se deja puesto esos órganos que no lava hace dos semanas, empieza a romper los platos (porque tampoco se encuentra) e inverna por más de que esté lleno de flores por todos lados. De esas que te gustan.

Igual es lindo.

El amor, digo.

Te hace sentir una guerra civil hasta en las uñas, ninguna canción de los Beatles le quita las ganas de estirarte los labios para arriba. Te rompe los dientes a mazazos de chocolate blanco y puré. Te revolotea todo el ecosistema a bombardazos de inconsistencia y te dibuja corazones violetas en la panza. Se diluye con el agua del río y lo usan para prenderte fuego cuando tenés frío.

Pero… ¿dónde estás? Dijiste que volvías en cinco minutos y estamos esperándote en el medio de la nada como unos idiotas.

b/v

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