«La vida siempre da dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes, elige siempre la difícil, porque así siempre estarás seguro de que no ha sido la comodidad la que ha elegido por ti». Adolfo Suárez.

¿Dónde habitan las ideas?


«Las ideas son como peces. Si quieres pescar pececitos, puedes permanecer en aguas poco profundas. Pero si quieres pescar un gran pez dorado, tienes que adentrarte en aguas más profundas. En las profundidades, los peces son más poderosos y puros. Son enormes y abstractos. Y muy bellos. […] Hay peces para todo. Todo, cualquier cosa, surge del nivel más profundo.» 1

De esta forma da comienzo «Atrapa el pez dorado», el apasionante libro de David Lynch. Sí, el mismo director de «The Elephant Man», «Blue Velvet», «Twin Peaks», entre otros títulos. Desde la construcción de la metáfora, David, nos ilustra como es factible, casi ineludible, ir hacia las profundidades para pescar ideas valiosas y originales.

Ahora…

¿De qué forma podemos encontrar y capturar más y mejores ideas?

Me refiero a ideas nuevas, buenas, novedosas y originales. Una pez-idea para la foto junto a tu caña. James Webb Young afirma que una idea no es ni más ni menos que una nueva combinación de viejos elementos.

Si bien las ideas pueden manifestarse en cualquier momento, más y mejores resultados se presentarán cuando más relajados estemos y más propicio sea el escenario. Las ideas laten en todo proceso creativo, sin embargo, pocas gozan de su origen en un momento de inspiración. Acaso la idea se incube en un instante de Eureka, pero para que marche, la idea debe curtirse. Como ocurre con un buen vino, a las ideas hay que dejarlas madurar. Hay que trabajarlas. Necesitan ser trabajadas. En el artículo «Las 3B o el ABC de la creatividad», indagué sobre el tema.

Una idea sin acción es solo una idea.

La aptitud de crear es intrínseca al ser humano. Nuestro cerebro es como una gran red social (¡mis sinceras disculpas a la neurociencia por la grosería!) en donde las neuronas se mueven, dialogan entre sí dando lugar a nuevas conversaciones. Una nueva idea en nuestra cabeza es fruto del choque, de la conversación de una red neuronal conectadas entre sí.

«La originalidad consiste a menudo en la vinculación de ideas cuya conexión no se sospechaba previamente», expuso WIB Beveridge.

Si la conversación es habitual, la idea será común, frecuente y con vicio de pensamiento reproductivo. Pero, si la plática entre neuronas estimula una nueva conversación, excita el vínculo entre cosas aparentemente sin relación, estaremos asistiendo al nacimiento de una IDEA. Un punto a favor para la creatividad. Como Steve Jobs expresaba: «la creatividad es simplemente conectar cosas». Aquí radica la importancia de «rebotar» las ideas con las ideas de otro. Eduardo Kastika declara que «crear ya no es tener ideas únicas. La creatividad ya no pasa por la producción de ideas. La creatividad, hoy, se construye por medio de la interacción entre nuestras ideas y las ideas de los demás».

Uno y los demás. Mi idea y la tuya y también la de él.

Las empresas innovadoras no son aquellas a las que se les ocurre algo una vez y luego se dedican a descansar o, como se dice, dormirse en los laureles. Las empresas innovadoras son aquellas que tienen la capacidad para crear, desarrollar e implementar ideas sin cesar. Con distintos grados de innovación, pero con la firme voluntad de estar en movimiento. La diferencia es el trabajo: el esfuerzo, la continuidad, el entrenamiento constante de la creatividad. La creatividad es una actitud que se va cocinando con el tiempo. Aplicando recetas, probando ingredientes nuevos, mezclando y, sobre todo, decidiendo y animándose.

Confiar solamente en nuestros instantes de inspiración para conseguir ideas es una empresa de riesgo porque, ante el mínimo síntoma de malogro, emergerá la tentación de abandonar el barco o decidir procrastinar. La mayoría de las ideas necesitan ser trabajadas. Una idea comienza a cobrar vida cuando está asentada. Registrar una idea es una muy buena señal de acción. Si cuando tenemos sed, bebemos agua, cuando surja una idea, la documentaremos. No te recomiendo encomendar a la memoria la tarea de save as ni tampoco achacar con juicios de valor prematuros. Una idea vale como tal y como material prima para una nueva idea. El secreto para una nueva y buena idea es ser constante en la cocción a fuego lento del pensamiento hasta abordar el resultado propuesto.

Regresemos a la inicial metáfora pesquera de Lynch. Cualquiera de nosotros está en condiciones de lanzar la caña de pescar y apresar ideas que bracean la superficie; ideas que bucean a mediana profundidad, o mejor, los preciados peces dorados que viven en el fondo.

Para el grupo primero no hace falta gran esfuerzo. Se trata de una pesca sencilla: recogeremos ideas que servirán como materia prima para nuevas ideas. Son chispazos fruto del pensamiento divergente.

Para el grupo primero no hace falta gran esfuerzo. Se trata de una pesca sencilla: recogeremos ideas que servirán como materia prima para nuevas ideas. Son chispazos fruto del pensamiento divergente.

Zambullendo la caña en un calado mediano la cosa se pone interesante. Allí, las ideas son más elaboradas que las anteriores. La pesca del día con la que se puede comenzar a laborar.

Zambullendo la caña en un calado mediano la cosa se pone interesante. Allí, las ideas son más elaboradas que las anteriores. La pesca del día con la que se puede comenzar a laborar.

Finalmente, los peces-ideas de la oscura profundidad son el premio mayor. Allí habitan las ideas-acción. Se mueven y te movilizan.

Las ideas-acción aturden; piden a gritos que hagas algo con ellas.

En este punto el pensamiento convergente tiene mucho que ver.

Finalmente, los peces-ideas de la oscura profundidad son el premio mayor. Allí habitan las ideas-acción. Se mueven y te movilizan. Piden a gritos que hagas algo con ellas. Las ideas-acción aturden.

Cuando encuentres y pesques el pez dorado y tengas que enseñarlo, ten en cuenta estas tres simples sugerencias:

Narra lo que vas a presentar. Relata y detalla lo que van a observar.

Revela y expone. Muestraselos

Exhibe dramaticamente. Vuelve a sentir el momento de la pesca.

«Cuando terminas un proyecto, te sientes bien, pero también te queda un vacío. Has estado concentrando toda la atención en ese proyecto y ya está acabado. Es como pescar. El otro día pescaste un pez magnifico y hoy has salido con el mismo cebo y te preguntas si pescarás otro igual […] ocurre que por mucho que esperes cargado de paciencia, no pica ningún pez. Estás en la zona equivocada. […] Lo cual implica dejar la silla en la que has estado soñando despierto y pasar a otra cosa. A veces basta con cambiar algo para satisfacer el deseo». 2

Y tú, ¿ya desafiaste a las profundidades?


1) Lynch, David. Atrapa el pez dorado. Primera edición — Buenos Aires: Literatura Random House, 2014. Pág. 11.
2) Lynch, Op. cit., p.185

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Crear es imaginar escenarios

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