De apreciar el valor de la familia a través de una sesión fotográfica

Hace un par de semanas hice una sesión fotográfica familiar. Aún no termino de editar las fotos, lo he estado postergando. Tengo la sensación que la razón por la cual estoy procrastinando con esta tarea es porque siento que quedé debajo de mis expectativas.

Por otro lado, sé que el trabajo que hice cumplirá las expectativas de la familia que me contrató. Aún así no estoy satisfecho, siento que algo me faltó y aún no sé qué es. Quizá es mi impaciencia hablando, me gustaría crear mejores imágenes, pero no sé cómo. Quiero pensar que conforme vaya haciendo más sesiones iré perfeccionando mi forma de hacer este tipo de fotografía.

Luego recuerdo que al hacer sesiones familiares la experiencia va más allá del trabajo impreso que entrego. Es curioso cómo una sesión fotográfica es un evento especial para una familia. Por alguna razón son más expresivos entre sí, más sinceros en cuanto a sus sentimientos, es como si les diera una razón para poder demostrar lo que sienten abiertamente sin que nadie los juzgue.

Recuerdo que lo que le estoy dando a mis clientes es más que una fotografía que podrán colgar en su pared o enmarcar sobre su escritorio, lo que les doy es un espacio donde pueden ser sinceros entre sí, donde pueden brincar, correr, reír, gritar, hacer cosas que no hacen todos los días.

Me gusta pensar que cuando se reúnen para abrir el paquete que les he entregado, vuelven a vivir la experiencia de ese día y al hacerlo se vuelven más conscientes del valor de su familia y pueden apreciarla un poquito más.


Este es el post número 44/100 de mi proyecto de creatividad. Si mis palabras te inspiraron o te fueron útiles, dale clic al corazón de abajo para que más gente pueda ver este post.