De cuando vi al Sabio

Aclaro lo que voy a narrar no es muy acertado, de ese fascinante encuentro sólo quedan los remanentes, un recuerdo vago.

En el cinturón de Bhabhar, dentro de una cueva me encontraba postrado; durante algunos años mi única compañía había sido aquel hermoso cielo estrellado, jamás pensé que en ese rincón de piedra algún día un Sabio estuviera a mi lado.

El silencio fue hasta ese entonces mi único maestro, pero cuando el Sabio habló, el gurú partió con desaliento; que me perdonen los maestros, pero no es al Sabio a quien desmiento.

Cerré los ojos y vislumbre su llegada: —¿Qué haces aquí gran Sabio? De tu presencia no es digna esta exigua morada.

—Me ha conmovido tu condición febril; el silencio te ha engatusado y en lugar de hacerte esencial, tu arte se está rebajando a una expresión lábil.

La vida te invitó a disfrutar de ella junto a la humanidad, y la verde hierba, ¿Qué haces aquí sentado como una estatua pareciéndote cada vez más a la inerte piedra?

¡Vamos! Deja ya este amargo resabio, ¿Qué no te das cuenta que al estar aquí desterrado eres entre los seres humanos un oscuro agravio?

—Los hombres me distraen con sus mundanos andares, perdóname Sabio, pero yo quiero estar junto a ustedes, los sagrados avatares.

—Te comprendo, el hombre es para el hombre la más grande destrucción, sin antes haber aprendido a amar a la creación, pretende subir a lo más alto, y estar junto a lo que llaman «dios»; se olvidan que las espinas también son parte de la flor.

Se jactan de usufructuar de la sagrada fragancia, y se olvidan que entre la tierra y los gusanos es en donde la raíz tiene su estancia.

Si no puedes apreciar en la mundana simpleza, la divinidad y su grandeza, de nada te sirve ensalzar mil nombres sagrados con astuta sutileza; la dulzura del fruto reside en la semilla y su pequeñeza.

Desde el principio el hombre ha gozado de la radiante naturaleza, pero al verse privilegiado no pudo contener sus aires de grandeza, envileciendo el planeta a su conveniencia, haciendo de su vivencia, la más deplorable empresa.

La Vida que vive en ti te ha obsequiado el universo y su arte, ¿Por qué te ha costado tanto trabajo a Ella entregarte?

—Discúlpame Sabio, pero no sé qué contestarte.

—Le quieren dar a sus creencias suprema notoriedad, y al mundo que han imaginado eterna continuidad; hasta el sol más brillante se extingue en la nada, que el ser humano intente perpetuar su legado, es una absurdidad.

—Ya lo veo querido Sabio, y en lugar de diluirme, a los dioses me he dedicado a buscar.

¡Espera! No te vayas sin antes guiar mi perdido andar, después de lo que me has dicho, no sé qué camino tomar.

—Olvídate de lo ilimitado, no podrás nunca descifrar lo que tú no has creado. Aléjate un poco de tus ideas sobre el amor, antes te recomiendo que te hagas amigo de la flor. Tampoco escuches tanto a la razón, y cuando quieras hablar conmigo, siempre estaré a tu lado, en el canto del corazón.