¿De dónde vienen las ideas?

No es que exista un proceso o una técnica particular, las ideas no llegan porque sí, tu deber es salir a buscarlas.

Por si no lo has notado, nos pasamos demasiadas horas al día frente a una pantalla: computador, televisor, tablet o celular. Todo el día. ¿Y sabes? Las ideas que estás buscando no están ahí: No están en LinkedIn, en Behance, en DeviantArt o en todo Internet. O sea, si nos ponemos serios, claro que hay ideas, y muchas. Pero no encontrarás las ideas por hacer, que imagino que son las que buscas.

Hagamos un ejercicio: Subamos a una máquina del tiempo imaginariauna que podemos construir con pedazos de películas o trozos de algún libro leído por ahí— y hagamos un pequeño salto a ese momento previo a los computadores o, incluso, a la televisión. ¿Qué había ahí? De seguro no había un creativo buscando ideas en una pantalla porque, lógicamente, éstas no existían.

Volvamos a nuestra máquina del tiempo y viajemos más atrás. Esta vez nos iremos a una época con aún menos tecnología: la antigua Grecia.

¿Qué hay ahí? Por supuesto que no hay computadores, ni televisores, ni pantallas, ni radio. Suena un poco obvio, ¿cierto?, pero quiero que pongas atención a la siguiente situación —en serio, haz el ejercicio— porque es una de las cosas que descubrí abstrayéndome de las ya mencionadas pantallas y haciéndome una pregunta: ¿De dónde vienen las ideas?

Supongamos que estos tipos antiguos —en sus antiguas rutinas— comenzaban a ocuparse y a realizar sus tareas diarias, dejando tiempo para observar, para contemplar y cuestionar. Pues no tenían que gastar largas horas arriba de un bus, taxi o auto, ni encerrados en el metro para, luego, encerrarse también en una oficina (sin mencionar el tiempo encerrados en sí mismos, pensando en cómo llegar a fin de mes o en cómo soportar un día más en ese lugar). Nuestros antiguos amigos, querido lector; tenían tiempo para pensar.

Pensar, así de simple. Nuestro día a día se ha vuelto un universo tan rápido, que no nos estamos dando el espacio de pensar, pero de hacerlo bien.

Pensar para resolver, para adelantarse y para mejorar. Pensar en las ideas.

Por otro lado, además del tiempo para pensar, probablemente no estamos compartiendo las ideas. Quizás por miedo a que nos las roben (espera, ¿prefieres que tu idea se deshidrate y muera antes que la haga otro?) o simplemente porque no somos tan sociales como decimos en internet.

Volviendo a los griegos (no, este post no está auspiciado por ningún yoghurt), nos encontramos con un panorama bastante común: espacio para compartir y debatir. Es así —y ahí— probablemente que surgieron las grandes ideas de esa época; conversándolas y buscando mejoras, con tiempos de maduración de éstas y posterior nacimiento.

Sin ir muy lejos, Steven Johnson plantea que las buenas ideas provienen de una especie de fecundación de pequeñas ideas, las cuales pueden ser aportadas por otras personas mediante la retroalimentación y la crítica constructiva. También señala que es necesario un lugar de incubación, defendiendo los lugares de conversación y opinión como los cafés.

En resumen, y respondiendo a la pregunta inicial:

  • Las ideas necesitan tiempo de incubación.
  • Puede salir a flote (Eureka) en el momento menos esperado.
  • Compartidas y debatidas pueden mejorar.
  • No las encontrarás sentado frente al computador en tu oficina.

Para ahondar un poco más en el tema, dejo abajo un par de videos de Steven Johnson sobre el origen de las ideas.

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