
De juzgar y otros pasatiempos contemporáneos
Solemos construir opiniones sin poseer un contexto informado de la vida de otras personas, observamos acciones aisladas y juzgamos sin poseer la información necesaria.
¿Cuánta información necesitamos para emitir una opinión objetiva? Aunque, si lo pensamos bien, nuestra opinión ni siquiera es necesaria. ¿Por qué sentimos que el mundo necesita saber nuestra opinión en cualquier tema?
«Tal persona es así, tal persona hizo aquello, él compro esto, ella besuqueó a tal». ¿Porqué observamos la vida de los demás? ¿Lo hacemos a manera de entretenimiento para distraernos de los asuntos personales que no queremos enfrentar?
¿Juzgamos a los demás y buscamos activamente errores y debilidades en ellos para sentirnos mejor con nosotros mismos? Lo irónico es que muchas veces quien guía nuestro comportamiento es el subconsciente mientras nosotros observamos las luces nocturnas de la ciudad desde la ventana de copiloto.
Soy culpable de generalizar comportamientos y elaborar opiniones desconociendo historias del pasado. A veces me excuso diciendo que todo el mundo lo hace y que las consecuencias son prácticamente nulas si mis juicios sólo viven en mi cabeza y no salen de ahí.
Al final, ¿qué tan objetiva puede ser mi opinión si está nublada por mi pasado, mis experiencias, mis traumas y mi educación?
«Sólo sé que no sé nada».
Este es el post número 75/100 de mi proyecto de creatividad. Si mis palabras te inspiraron o te fueron útiles, dale clic al corazón de abajo para que más gente pueda ver este post.