De plagios, tendencias y sobre cómo ‘Marca’ imita conceptos de ‘storytelling’

Han sido días difíciles para mí. He lanzado evasivas, he intentado que mi pasión de siempre pasara desapercibida por una vez en la vida. Es un dolor que comparto con millones. Los americanistas sentimos vergüenza. Como nunca antes. Y esta vez no por ayudas arbitrales que llevan títulos a las vitrinas, ocasiones de las que no siempre estamos tan apenados. Tampoco por perder un Clásico. Ya ni siquiera por haber festejado el centenario con un amistoso contra Pumas en Estados Unidos. Sentimos pena por haber sido una farsa. Después de todo, la trampa arbitral, por mito o por verdad, forma parte de nuestro ADN, las derrotas son siempre una posibilidad, y los festejos vacíos se compensan con alegorías individuales. Pero ser la peor versión de nosotros mismos es un mal sabor que te acompaña. La amargura del himno que debiendo ser del América es el del Sevilla. La acidez de un escudo que en vez de ser nuestro es el de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos. Es la más grotesca de las sensaciones. Vivir pretendiendo ser otro. Estafar como modo de vida.

Hay valores que ni siquiera la ley restituye. América anunció que no volverá a sonar como una mentira. Matute, nombre de la agrupación pirata que mostró profundo arraigo a los coros sevillanos, se defiende abrazando a los peritos. Dice que su trabajo (le otorgo el posesivo porque habrá que reconocer que hasta un copy paste demanda energía) no es ni una mutilación, ni una copia, ni una modificación, ni mucho menos un plagio. Jorge D’Alessio, el compositor, advierte que su obra la hizo con el amor y el cariño que siempre ha sentido por el equipo. Y los peritos quizás le den la razón. Es probable que en los tecnicismos no exista infracción que perseguir. Que Matute, Jorge D’Alessio, el América y sus aficionados podamos salir a ondear la bandera blanca de la inocencia a partir del dictamen. Pero un papel no destroza percepciones ni oculta verdades. Ni un perito, ni un juez serán más poderosos que la inteligencia de nuestros sentidos. Lo que se ve, y lo que se escucha, no se juzga. Robamos. Fuimos unos embaucadores.

La inspiración se ha vuelto una palabra engañosa. Es tan poderosa que detona en proyectos que cambian al mundo, pero también en innovadores que dicen serlo a partir del hurto a la innovación de otro. En su nombre se cometen plagios sin escrúpulos. La argumentación es siempre la misma. No es un robo, es una tendencia que todos están abrazando. Es cierto, las ideas siempre surgen en relación con otras. Los sentidos detectan oportunidades, las ejecutan y las presumen. Lance Wyman acusa a Apple de plagiar sus diseños de México 68. A él, el hijo de Pedro Ramírez Vázquez lo señala por robarse la autoría de los mismos. Jobs se reía de Microsoft por, a su juicio, haberle robado tipografías y estilos. El plagio, más allá de la conciencia legal, es sobre todo una cuestión personal. La respuesta a preguntarse hasta dónde estás dispuesto a llegar para triunfar. Si al final de ese proceso te sentirás contento de poner tu nombre y apellido en el resultado de lo que sea que hayas creado o plagiado. Una cuestión de principios, justo lo que más falta en estos tiempos.

Varias veces me he sentido robado. Algunas me he preguntado si yo lo estoy haciendo. He comprendido que la respuesta más que en los juicios está en la intimidad. E incluso ahí podemos equivocarnos, porque seguro otros ojos ante la misma pintura han dado con una conclusión diferente. Pero me he propuesto nunca avalar una historia o idea creativa que no cumpla con mostrar el estilo de la marca a la que represento, con utilizar el lenguaje que hemos dado a la misma y con ese toque sutil que haga nuestro un concepto cuya base pertenecía a otro. Parámetros subjetivos, que me dejen dormir tranquilo.

La sensación de robo es una constante en la industria creativa. Si se parte de que está llena de egocentrismo, la de la autoría es una arena poblada. Por eso antes de decir que me siento robado una vez más, que sí que lo siento, diré que no pretendo dar verdades absolutas. Que cada quien es libre de pensar lo que quiera. Bajo esa libertad, confieso que espero que los parámetros de amor propio de los storytellers de Marca les impidan conciliar el sueño después de plagiar un concepto que durante meses hemos posicionado como propio en juanfutbol.

Este plagio, que así le llamo con todas sus letras, duele más. Porque como escritor vivo buscando formatos que me permitan destacar. Aún no soy Villoro para vender cada una de mis letras. Tampoco tengo sabiduría de vida para ser un gusto culposo de millones como Paulo Coelho. Y mi imaginación no ha demostrado estar a la altura de la de J. K. Rowling. Por tanto me queda crear. Intentar bajo mis propias vías. Sobrevivir con mis recursos, principios e inventivas. Así hice plumapixel. Un texto corto, armónico en puntuación, con frases remarcadas a color, negritas y una foto. Me ha funcionado. También mi socio Santiago Cordera lo ha probado con éxito. Es un formato muy mío que cuando Messi falló el penal se transformó, posiblemente, en el texto más leído del mundo al tener un alcance de 16 millones de personas y haber sido más de cien mil veces compartido. Ese logro, como cualquier encuentro ante el teclado, me sabe más que millones de visitas a mi portal o una carretada de aplausos al presentar juanfutbol. No porque sea mejor que los otros objetivos cumplidos, sino porque es personal. Un formato que tiene nombre y apellido. O que tenía, porque ahora Marca ha decidido robarlo (siempre según yo y siempre aceptando que otros podrán opinar diferente)

Ya una vez Marca lo había intentado. Contacté al autor, o plagiador, de inmediato. Nunca recibí respuesta. Pero al menos dejaron de usar el formato. Pensé que algo de orgullo profesional los había llamado a hacerlo. Que pronto volverían con un texto enclavado en un círculo, en un triángulo, en realidad virtual o a través de espectaculares en la calle. ¡Yo que sé! Estaba equivocado. Han vuelto a hacerlo. Porque los medios de siempre copian sin pudor a los de ahora. Sin pudor. Sin escrúpulos. En nombre de la inspiración.

Sé que nada cambiará. Que a estas alturas pelear batallas de terceros es un derroche. Escribí este texto simplemente por desahogo. Porque de algún modo has de sacarte el coraje. Porque aún entendiendo la frivolidad en la que vivimos y los efectos de una globalización que provoca que todo sea para todos, me siento robado. La ley podrá decir lo quiera. Los autores, o plagiadores, tendrán su versión y su realidad. Los valores y principios son de cada uno. Sólo sé que si yo fuera ellos, hoy no podría dormir tranquilo. Lo sé porque como americanista hace días que no logro conciliar el sueño. Más vale morir siendo uno que brillar siendo otro.

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