Dejaré que llueva

Hace un calor bochornoso, ha amanecido verano este otoño. Las piezas no están encajadas. ¿Eso me pasa por mala? Me tengo agotada con tanto alboroto. Quiero salir de la historia, sostenerme en mi empeine, desaparecer delante de todo. No puedo, me está agarrando el agujero. Es como un dolor negro, me enferma mientras me muero.

No encuentro la risa el día que todo es duelo, ¿puedes tú hacerlo? Anda, ven, sírveme de espejo. ¡Ayuda! Estoy pidiendo. Rescátame, sálvame el vuelo.

¿Puedes oír mi ruego?

Me ha tomado una molestia, me ha comido, se ha hecho dueña. Doy vueltas en un estómago vacío, como si no me perteneciera. Se me pudre la vida que no vivo, no encuentro el cartel de salida en este suicidio. Tengo un nudo en la garganta. ¿No es mío?

Tejido. Consciencia. Tela de araña.

No encuentro el contrato que hicimos. No estoy segura de haber acordado lo que has dicho. Quiero revisar el documento, tráeme aquí lo escrito. Ahora. Ahora mismo.

Pataleo en el suelo. Hago ruido. Así aprendí a matar, anulando al oído.

Tic, tac, tic, tac. El latido ha enloquecido. Se parece a un reloj, marca un ritmo que no existe, habla de un tiempo que no ha existido.

¿Yo existo?

Escribo para volver, para tener a quién a acudir, para saber que vivo. Y se calma la tormenta. Y da paso a la lluvia. Agua intensa. No importa, dejaré que llueva.


Publicado originalmente en loscoloresdelespejoblog.wordpress.com el 19 de octubre de 2016.