Del plagio y su vileza

Cuando era niña, mi papá y yo jugábamos a adivinar la canción. Él ponía una pieza de cualquiera de sus discos y yo tenía que decirle de quién era. No se trataba de las canciones del diario, se empeñaba en elegir las más difíciles, aquellas desconocidas. Ganar implicaba reconocer la voz, el estilo, el género; todo eso que hace a una banda o solista único, eso que nadie más tiene.

Para mí, ya adulta, escribir es un acto íntimo y muy personal. Me parece que mis grandes maestros como Bradbury, Asimov, Pratchett y Gaiman (entre muchos otros) tienen razón en algo: nadie puede escribir igual que tú. Todas las personas somos únicas a nuestro modo. Escribir es una forma de reflejar tu visión del mundo. Un tema lo pueden usar muchas personas, pero ninguna de ellas lo contará igual. Incluso hice el experimento; en un par de reuniones di un tema y cada quién inventó una historia completamente distinta. Aun cuando estábamos en la misma habitación, con el mismo punto de partida, todo era diferente.

Por eso me cuesta mucho creer que cuando un texto copia frases literales de otro (con los mismos adjetivos y el orden exacto), se trate de un “accidente” o una “casualidad”. Eso es plagio. De ahí que me impactara tanto el caso de Verónica Murguía y la forma como descubrió queArturo Pérez-Reverte le plagió un texto. Verónica tiene muchísimos logros y no es mi intención ser repetitiva con ello, pueden consultarlos en internet.

El asunto está así: en el libro “Perros e hijos de perra” de Pérez-Reverte (de reciente publicación) se recoge un viejo escrito titulado “Un chucho mejicano”, publicado originalmente el 15 de marzo de 1998. Ese texto narra la misma historia que Verónica contaba en su texto “Historia de Sami” (del 10 de noviembre de 1997) impreso en la revista El laberinto urbano. Lo curioso es que el autor español usa frases completas que son calcas o paráfrasis del texto de Murguía. Incluso está contado en el mismo orden cronológico.

Por respuesta, Pérez-Reverte asegura que la historia se la refirió Sealtiel Alatriste y que él cita fuente pues comienza aclarando eso mismo en el escrito. Además, menciona a Verónica como protagonista del relato. En lo personal, no creo que nadie te cuente oración por oración un texto ¿Sería más bien un dictado? Alatriste se ha desmarcado y dice Pérez-Reverte es el único responsable de las cosas publicadas.

Verónica no busca ir a tribunales ni nada por el estilo. Cito, del artículo que publicó La Jornada, lo que ella desea en este caso:

“No quiero dinero ni voy a entablar una batalla legal con un hombre que es mucho más poderoso y rico que yo. No soy ni poderosa ni rica, pero por esas razones me parece de lo más horrible que alguien haga pasar un documento como suyo, cuando es una persona que tiene una carrera hecha y derecha y no necesita nada y le publican donde sea. Lo que quiero es una disculpa pública, que retire el texto del libro, y si no lo hace entonces que done una parte de las ganancias a un refugio de perros en México.”

Pérez-Reverte no se ha visto tan gentil, niega que haya plagio y responde así:

“Hablar de plagio en un asunto como éste, cuando un escritor refiere lo que le han contado, cita el nombre de la fuente y cita el nombre de una protagonista de la historia, me parece una irresponsabilidad temeraria y un absurdo disparate. Comprendiendo los intereses y sentimientos de la señora Murguía, a la que ofrecí públicamente mis explicaciones y disculpas cuando fui informado por el diario mexicano La Jornada, le ruego sentido común y prudencia, pues la palabra “plagio” aplicada a este asunto resulta por completo fuera de lugar. Precisamente una escritora, como es ella, debería ser aun más consciente de ello.”

El caso suscita polémica; no faltan las opiniones disparatadas de que no hay plagio y las justificaciones absurdas como “es el mismo tema, es obvio que se parezca” o “sólo son un par de oraciones”. No, no lo admito, es muy complicado que dos personas cuenten un historia de forma idéntica. Tampoco podemos decir que una oración es menos plagio. Creer que una frase es poco es una ofensa para las grandes líneas de la literatura que ahora citamos y recordamos los lectores.

Desde el “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”; pasando por “Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.”; llegando a “Al despertar Gregor Samsa una mañana, después de un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto” nos podemos dar cuenta de cómo una sola frase ya retrata todo el trabajo. El escritor necesita esfuerzo para llegar a ella más allá de la frase hecha y el lugar común. Además, en este caso, no es una sola o un par de frases, no.

Hay gente que ya se tomó el trabajo de contrastar los dos escritos y compartir sus hallazgos. En este ejemplo los calcos se muestran en rojo, las paráfrasis en verde y el texto diferente en negro. Este ejemplo colorido no muestra una casualidad.

Análisis de Laura Lecuona González

Más allá de los medios que no hablan del incidente; los bots tratando de ocultarlo; los fans enardecidos de Pérez-Reverte que atacan a Verónica y más, hay algo que me duele profundamente. Antes de decirlo, debo aclarar que yo no conozco personalmente a la autora (es decir, no más allá de mi presencia en sus intervenciones de la FIL o pedirle su firma en un libro). Y es que todo este asunto me deja una duda recurrente: Yo, como escritora no publicada, ¿qué puedo esperar?

Es triste que en un oficio tan hermoso y lleno de posibilidades como la escritura lidiemos con el plagio. Con la incapacidad de ser francos y escribir nuestra visión única del mundo en vez de secuestrar la de otros. Lo grave no es si Pérez-Reverte lo ha hecho antes o si es famoso (si acaso son agravantes. Para mí la verdadera gravedad del asunto reposa en el plagio en sí; la egolatría necesaria para creer que su aura de fama le da derecho a robarse el trabajo de otros.

Me aterra saberme expuesta a que alguien más famoso, rico y poderoso pueda robarme ideas. Me asquea pensar que lo haga con la sensación de impunidad proveniente del narcisismo; como si me hiciera un favor. Precisamente por eso tengo que alzar la voz desde aquí.

Actualización del 20 de marzo de 2015:

Pérez-Reverte se ha disculpado públicamente con Verónica Murguía. En lo personal me parece que la declaración del español es muy ligera y sigue tratando de desmarcarse del plagio. No obstante, admite como origen del partes de su texto el original de Verónica y la escritora mexicana ha dado por concluído el asunto. Aplaudo la valentía de ella por no quedarse callada en el asunto. El artículo completo de La Jornada puede leerse aquí.