Usuarios comunes de Twitter y Facebook por la noche

Derecho al Error

El pueblo con antorchas está a la vuelta de la esquina, o del último tuit. Están dispuestos a perseguirte y quemarte, lanzando mil insultos en el proceso y restregar, como un barro primigenio, su autoridad moral de quién todo lo sabe y define gracias al cuadrito de búsqueda de Google, y unos párrafos de le Wikipedia. Es el éxito de los que persiguen monstruos las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año, en Facebook y Twitter. Es la era de los desaforados policías del pensamiento, de los cazadores de errores, de los destiladores de lo políticamente correcto.

Hay que ayudar a todos los perritos, tener tolerancia con todas las personas, escribir con todos los acentos, responder a todos los mensajes, escuchar con atención a los eruditos de tratados secretos de libre comercio, hacer ejercicios, correr maratones, leer cualquier cosa que no sea Paulo Coelho, comer mucha lechuga, tomar 3 litros de agua al día, escribir tuits como los dicta la academia internacional de lo políticamente aceptable y correcto, no podemos ver mal a un homosexual que nos invade nuestro espacio personal, no podemos llamar a nuestros amigos “gordo” o “negro”, no podemos contar ningún chiste relacionado con preferencias sexuales o mujeres u hombres o gallegos o colombianos o maracuchos o gochos o… Hay que ser inmaculadamente perfectos.

Pero al mismo tiempo podemos burlarnos hasta el infinito de Leonardo DiCaprio y su “absurdo” afán de ser un actor que quiere ganarse un Oscar. Destripar a una persona que lleva 5 nominaciones al premio de la Academia, sin importar que nosotros, los dueños de la prensa destripadora y las antorchas, jamás tendremos una nominación a nada, ni al Goya, ni a la Orquídea de Bronce. Paralelo a nuestro desprecio por Leonardo, nos reímos de Ricardo Arjona, y todo lo ecuánime que somos con los gatitos y perritos se nos olvida, y lanzamos nuestra artillería más creativa y agresiva contra el desafortunado cantante. Simples ejemplos de nuestra estoica cruzada contra los modernos Frankensteins.

Yo es que no lo entiendo muy bien. Pero vivimos en los años dorados de los seres elevados al Nirvana moral que odian toda manifestación artística, cultural, política o científica.

Allá está el Facebook de Ricardo Arjona

Hemos perdido el derecho al error. No podemos equivocarnos. No podemos salirnos del carril invisible. No podemos ser muy famosos, o muy poco famosos. Basta un tuit desafortunado, una mala redacción, un prejuicio no guardado, una idea en formación, o hasta una simple pregunta, para acompañar a Hitler a su lado derecho, en el séptimo infierno.

140 caracteres nos separan del más grande asesino de la historia. Una actualización en Facebook es la distancia que existe entre nosotros y el Hombre Cáncer de los Expedientes Secretos X.

Pero esto no es todo. Para sumarle incongruencia a la cosa. Un capo de la droga si puede degollar perritos, violar mujeres, ser un homofobico empedernido, ponerse gordo, no correr maratones y usar extrañas camisas. Para tener derecho al error, en el mundo de hoy, hay que ser un verdadero hijo de puta. Pobrecito el capo, es que no fue a la escuela, y sus millones de la droga los comparte con el pueblo.

El problema es que las cosas se están saliendo de control. El acceso inmediato al conocimiento y la información está creando opiniones Alka-Seltzer. Creemos que lo sabemos todo y que podemos criticar a diestra y siniestra como si fuéramos expertos en: cine, música, literatura, David Bowie, medio tiempo del Superbowl, cocina, ciencia, tecnología, maratones, premios Oscar, gramática, periodismo, vida de los cavernícolas, teorías de la conspiración, estilos de vida, preferencias sexuales, Lady Gaga, escritores rusos de la década de los 20s del siglo pasado, porno, Pixar, boxeo, tenis, yo-yo, skate, juegos olímpicos, fútbol, vida privada de Messi, ETCÉTERA. Añadiendo a nuestras opiniones y conocimientos recién adquiridos una justificación moral que parece sacada de los sótanos secretos del Vaticano aderezados con un limón sembrado por el fundador del Opus Dei.

Borra ese tuit Franki

Hay que reivindicar el derecho al error. Deberíamos poder equivocarnos mil veces sin sufrir de un bullying infinito. El problema del pueblo en antorchas es que siempre termina quemando tu casa. Con tanto odio dando vueltas, es cuestión de tiempo para que tu cometas el error de olvidar que ya no existe derecho al error, y escribas 140 caracteres “idiotas” y te lancen las antorchas, en el mundo donde todos somos, tarde o temprano, un monstruo, un Frankenstein.