Despedirme

Si quiero.


Empezamos al revés, nuestra historia no es igual a ninguna que se pudiera haber escrito antes, lo primero que hice fue decirte adiós después de darte un beso que no me estabas pidiendo, pero al cual correspondiste finalmente a pesar de mis intentos fallidos de pedirte que no confiaras en mi.

Supongo que en esa calle no solo murieron mis intentos de que no creyeras en mis palabras, sino también lo poco que me quedaba de valor para no aceptar que sentía cosas inexplicables por ti, por tus ojos enormes que tenían el color de mis antojos, por tu cintura tan perfecta y tus labios, esos que al final de cuentas terminaron por enviciarme.

Esa vez dijiste adiós, hasta mañana.

Yo dije si, hasta mañana.

Esta vez dices, adiós, si quieres.

¿Sabes algo?

No.

No quiero.

No es tan fácil como te lo imaginas en medio de la tempestad que atravesamos.

Lo insostenible del momento hace insoportable el transcurrir del tiempo lejos de tu piel desnuda y mis labios sobre tu espalda.

No es suficiente el deseo, ni las ganas, ni las intenciones que sobrevivieron luego de comprender que no podía huir de ti, porque sea por la causa que sea eras mi destino, eras lo que debía pasarme, el hoy que se convirtió en mañana.

Tan solo eres esa despedida con la que empecé a querer reencontrarme. Aún te debo la bienvenida a mi vida y la cortesía de preguntarte ¿Cómo estás?

Es curiosa la manera como empezaste a moldearte a mis circunstancias y yo a las tuyas en la manera de lo posible. Si tú eres vacío yo soy tu soledad, si tú eres sonrisa yo soy la espontaneidad.

No te puedo negar que me gustan los días lluviosos si puedo sentir tu calor cobijandome los sueños.

Quieres decirme adiós y yo quiero decirte bienvenida, al infierno que compartimos los mortales que aprendimos a amar en medio de las caídas.

Si tú quieres.

Solo si tú quieres, puedes seguir sembrando sueños en esta pradera antes que se marchite por completo.

Somos tan intrascendentes, y odio tanto las despedidas.

¿No te sucede que te cansas de decir adiós?

Puedes quedarte, si tú quieres. O puedes marcharte y volverte el recuerdo de algo maravilloso que no pude retener entre mis manos cansadas de escribir cartas al vacío.

Cuando llegue el momento de marcharnos, puede ser que lo hagamos por rutas separadas, pero somos demasiado imperfectos y llenos de errores como para creer que este es el momento indicado.

¿No te sucede que te cansas de decir adiós?

Aún te debo la bienvenida a mi vida y la cortesía de preguntarte ¿Cómo estás?

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