Diseñar, asesorar… e inspirar.
Hace casi ocho años, decidía dejar de diseñar para agencias de publicidad e incursionar en el meticuloso mundo de los estudios de diseño. Quería escapar de los tiempos imposibles de la publicidad y volcar en cada pieza de diseño toda la dedicación que se merecía.
Me decepcioné al descubrir que muchos de los vicios que quería evitar se repetían también en los estudios: entregas a contrarreloj, concesiones a los clientes, jornadas de trabajo interminables… Por el contrario, me sorprendí gratamente cuando develé una cara de mi profesión que nunca había considerado: la consultoría.
Con un poco de ayuda, aprendí que hablar, escribir, aconsejar y guiar a quienes trabajan con marcas es tan importante como el diseño de cualquier objeto o pieza de comunicación. Aunque requiere de habilidades diferentes.
Lo que no imaginaba por aquella época es que hoy iba a disfrutar tanto de algunas de las tareas que tenemos los diseñadores y consultores: hacer presentaciones de proyectos, llevar adelante sesiones de consultoría o dictar workshops e inducciones de marca. ¿Cómo iba a encontrar satisfacción exponiéndome ante una audiencia? ¿Por qué iban a creerme? ¿Si se aburrían? ¿Si no lograba convencer a nadie?
“Cuando estés en duda, se vos mismo” Simon Sinek
Que se aprende con la práctica, no es ninguna novedad. De todas mis experiencias recopilé una serie de reglas que intento tener presentes cuando llevo adelante cualquiera de estas tareas. El objetivo inmediato es generar conexión con las personas con las que estoy trabajando. La meta final, lograr inspirarlas.
- Intento hablar de manera clara
Si queremos conectarnos, tenemos que entendernos. No siempre hay diseñadores del otro lado (la mayoría de las veces no los hay). Con el tiempo, fui dosificando el uso de los términos específicos de la disciplina. Y al emplearlos, los acompaño de una explicación breve sobre su significado para asegurarme su correcta comprensión.
- No pretendo tener la razón
El objetivo no es convencer sino exponer un punto de vista. Y lograr inspirar a los otros para que quieran compartirlo. Si es necesario, reconozco alguna falla o error durante la exposición. Cuando soy auténtica, mi discurso es consistente y el resultado suele ser mejor.
- Escucho
En más de una ocasión, me encontré pensando una respuesta antes de que otro termine de formular su pregunta. Una vez detectado el error, sólo es cuestión de corregirlo. Escuchar con atención antes de hablar e incluso hacer una pausa para pensar, me ayuda a orientar las respuestas para que resulten verdaderamente útiles.
- Estoy dispuesta a cambiar el rumbo
Aunque suelo tener una idea muy clara de a dónde quiero llegar, no me empeño en seguir un único camino. El punto anterior (escuchar) es fundamental para poder llevar la exposición hacia un lugar inspirador.
- Realmente creo lo que digo
Simon Sinek dice que cuando hablamos de los que nos apasiona, lo hacemos con una energía que los demás sienten. El diseño es parte de lo que hago todos los días. Y no tengo dudas de que es para mí una pasión. Ojalá los demás así lo perciban.
Soy diseñadora y consultora, apasionada por el diseño, las marcas, la comunicación… y por cómo nos afectan a diario. Estoy convencida de que ser crítico con lo que uno hace nos ayuda a hacer mejor cada día.