Photo by Julián — Buenos Aires

Doble vida

Todo es una cuestión de cercanías

La gente es irresponsable, hace lo que desea con el tiempo de los demás. Juega con el interior de nuestros sentimientos y pide luego reconocimiento.

Es así, les encanta destacar y ser objeto de deseo. Imprescindibles en la vida de los aspirantes a la vida. Es que somos simples aspirantes que no merecemos la condecoración que llevan ellos. Somos nada y ellos lo son todo.

Es por ello que vivimos arrastrando la hidalguía, la humildad, la bondad, la honestidad; tras nuestra persona. Va juntando polvo y se desgasta en andrajos. Pedazos de consideración van quedando en el camino y pasamos a ser cosas que no tienen estima.

Eso es lo que buscan. Y eso es lo que no podemos aceptar. Lo más difícil es lo desigual de la lucha. Dependemos de aquel lugar, es nuestra subsistencia y la de nuestra familia. Es una maldita encrucijada, una trampa social en la que el engaño es el arma homicida.

Deberían tener un poco más de respeto, pero no se le puede pedir peras al olmo.

El nido

En lo alto de un árbol, un nido sopesaba su dicha. Una rama refulgente de energía, sostenía la vida con delicadeza. Semejante responsabilidad, la llevaba a enviar toda su sabia allí, engrosando su aeropuerto dónde la esperanza aterrizaba con puntualidad inglesa, ataviando los demandantes e insistentes piares que delataban al futuro y hacían burla al pasado.

Lejos, eso es lo que buscaba el árbol. Alto, eso es lo que intentaba el árbol. El peligro, la ansiedad, los miedos; son para la almohada y él buscaba ser una cama, un lugar de descanso y reposo, un lugar que mantuviera en el olvido a esos indeseables que giran en lo alto, reptan por lo bajo o trepan sin miramiento.

Él se sentía vida y a la vez sentía la vida. Aquél nido era como una más de sus hojas que son sus hijas. Y así lo trataba, como su único hijo. Pronto emigrarían, pero sabía que su destino es ese. Sentir el abandono. Primaveras e inviernos que transcurren incesantes e insensibles. Aunque más bien era sentir en el abandono, que sus raíces eran profundas en todo sentido. Profundas de afecto, profundas de arraigo, profundas de vida.


Doble vida es una conjunción de la lucha que día a día se presenta en la vida. Tanto si ya somos rehenes del León de Nietzche como si reposamos en la inocencia y virtud del niño.

Es un vuelo rasante en el que podemos encontrar el miedo de la cercanía o el jolgorio de lo emocionante.

Doble vida no es una solución. Intenta poner en consideración y en la aceptación; de la dicotomía de la vida, de los distintos papeles que interpreta y se reinventa pasando de un papel secundario a uno fundamental y principal, acuñando así una palabra que en la cultura japonesa responde a las claras: itadakimasu *

(*) La palabra itadakimasu está relacionada con el principio budista de respetar a todos los seres vivos. Antes de las comidas, itadakimasu se dice para dar gracias a las plantas y animales que dieron su vida por la comida que vas a consumir. También agradece a todas las personas que han participado en el proceso de elaboración de la comida. Itadakimasu quiere decir “humildemente recibo”.