Dr.Gauss.

“The doctor won´t be the doctor”. — The Name of the Doctor.


“Deseo saber cuál es el inicio de éste problema mental que no me deja dormir de día y despertar con los truenos bulliciosos de la noche”-le comentaba una paciente moribunda, a puertas de la muerte, al Dr.Gauss, (su médico-compañía durante sus días de enfermedad). La respuesta que ella buscaba no tardó en llegar, sin embargo, el doctor, conocido por ser el neurótico en su área de especialización, dejó a un lado su ética y frenesí al enfrentar con su paciente la realidad que una ilusa venda de suero fisiológico le había cegado por tanto tiempo. “Señora mía, le hablaré con total vehemencia, sinceridad y aunque no me crea, manejaré al límite con usted, el cinismo que me caracteriza. No me recuesto sobre usted porque conozco sus debilidades, sé lo mal que su cuerpo está, sin preámbulos, sé con toda seguridad que su corazón dejará de responder en las próximas horas. Así mismo, señora mía, su cabeza le hará pasar ratos desagradables, donde creerá que vive en un mundo de elevadas nubes al ras de estos rascacielos. Sin embargo, en el momento en el cual el efecto del calmante pase, el monstruo vestido de negro vendrá otra vez por su alma y yo no haré nada por detenerlo. Señora mía, no lo siento. Así mismo, no haré más por evitar el destino que le espera y llama, el cual he intentado mantener lejos de la vida que ya no le pertenece.”

Al terminar con esas palabras, la paciente, tan llamada “suya”, soltó una risilla tonta, entre esos dientes totalmente consumidos por un manto amarillo y algunas manchas de los años que a su vida no volverán. No le quitó la mirada en ningún momento al Dr.Gauss. Al contrario, con cada segundo que pasaba su mirada reflejaba más fuerza y control, haciendo que a su acompañante le recorriera un viento frío y desconsolador por todo el cuerpo. La paciente, consiente de sus movimientos, decidió retirar de sus brazos y cuello todas aquellas conexiones que por tanto tiempo la mantuvieron lo suficientemente consiente para ver al Dr.Gauss. Sin prisa alguna, quedó libre de tales artificios, pero parecía que sus acciones no terminarían ahí. De golpe, su boca se abrió tanto que del lugar donde los labios se unen para formar un sólo movimiento, estallaron leves rayos de furor, rayos goteantes hechos de sangre. El escándalo de estos no se hizo esperar; salieron lentamente, acariciando, sin rumbo, la mandíbula de la enferma.

–Acto seguido- la paciente pronunció las siguientes palabras. “ Dr. Gauss, ¿se acaba usted de dar cuenta que no detuvo a una paciente moribunda en el momento en que está decidió no depender más de una las creaciones inertes del hombre? ¿Se dio cuenta que la respuesta que yo buscaba estaba frente a usted? Dr. Gauss, usted acabó de desconectar su pasado con lo que buscaba del presente. Le enseñé a vivir mi vida, siendo ignorante del poder al que regaló la suya. Seré suya, por siempre, pero nunca podrá mirar hacia el frente sin verme a mí, porque usted aprendió a vivir de la rutina de la enfermedad, la enfermedad que lo postró en una cama sin ánimos de levantarse, si quiera para ver si el sol para usted, ya se había apagado. Ahora, con una camilla más desocupada en éste velorio improvisado, ¿qué hará para evitar que su mente le mienta cuando le muestre la agonía de una sombra, su sombra, en éste cuarto?”

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