‘Eat that question’: Frank Zappa en sus propias palabras

El genio explicado en sus propias palabras. Palabras precisas, pausadas y armadas de coherencia con las que el compositor estadounidense Frank Zappa dispara contra la industria discográfica, las drogas, el poder judicial, la política, la falsa moral… Palabras con las que explicarse a sí mismo. Palabras para expresar pasión por la música. Carisma. Insubordinación. Extravagancia. Integridad. Vanguardismo. Autenticidad.

Así es el Zappa que presenta el documental francés Eat that question, dirigido por Thorsten Schütte y que ha contado con el apoyo de la familia del artista. Para su elaboración, el cineasta ha recopilado varias actuaciones y entrevistas televisadas de Frank Zappa, desde su juventud, cuando insistía en que podía hacer música utilizado una bicicleta como instrumento, hasta su fallecimiento por un cáncer de próstata a los 52 años en 1993. No hay narrador ni declaraciones de las personas que lo conocieron. Solo él. Y sus entrevistadores. Y su música. Y sus letras.

Frank Zappa fue lo que hoy llamaríamos un artista 360. Su carrera no solo se centró en la composición musical: fue director de cine, productor discográfico, cantante, guitarrista… Lo cierto es que durante su infancia enfermiza nada hacía suponer una carrera similar. Fue un artículo en la revista Look lo que le hizo fijarse en las composciones de Edgard Varèse, un episodio que despertó al genio creativo. El artículo decía que en su pieza Ionisation, no había «nada más que batería, es disonante y horrible, la peor música del mundo», lo que llamó automáticamente la atención del joven Zappa, que ya de adulto siempre citó entre sus primeras influencias a Varèse, La consagración de la primavera del ruso Igor Stravinski y al autor dodecafonista austríaco Anton Webern. Todo esto, que quedó recogido en el divertido libro autobiográfico La verdadera historia de Frank Zappa (Ediciones Malpaso), forma también parte de Eat that question.

Zappa, que detestaba las letras de amor (en su opinión, estas letras dictan normas de conducta subconsciente), defendía que las palabras de una canción son «ruidos vocales armonizados» al servicio del conjunto de la pieza. La sexualización de sus temas le reportó fama de subersivo y, en 1985, se vio obligado a testificar ante el Senado de EE. UU. para evitar que la censura del Parents Music Resource Center, organismo del que formaba parte la mujer de Al Gore, etiquetara sus discos alertando de su contenido sexual. En su lugar, Zappa denunció la «teocracia fascista» de su país e incluyó la siguiente advertencia en sus discos: «¡CUIDADO! Este álbum contiene material que una sociedad verdaderamente libre nunca temería ni suprimiría. […] Esta garantía es tan real como la de los fundamentalistas que atacan la música rock en su vano intento de transformar América en una nación de estúpidos (en el nombre de Jesucristo)».

Zappa fue un compositor prolífico. Publicó más de sesenta álbumes en vida (en solitario y con The Mothers of Invention) y otros cuarenta póstumos. Su estilo evolucionó con los años y tras el rock experimental y doo-wop iniciales, transitó por el jazz y el pop para desembocar en el mar de la música sinfónica en la década de los noventa. Thorsten Schütte hace el apoteósico intento de mostrar una obra monumental en apenas hora y media de metraje. Y cuando este llega a su fin, al menos sí tenemos la sensación de conocer un poquito más sobre esta vibrante mente, quizá la más grande de la música del siglo XX, a la que no le importó no ser recordada (esos anhelos los dejaba para Ronald Reagan y su «obscena forma de conseguir fama y fortuna») y que incluso reconocía que «soy famoso, aunque la mayoría de la gente no sabe qué hago».


Publicado originalmente en www.expansion.com el 5 de noviembre de 2016.