‘Eblouie par la nuit’

Una noche en el noreste mexicano. Titulada en francés, escrita en español.

Hoy quisiera irme a casa caminando. Disfrutar la noche cálida —«caliente» dirían muchos puesto que vivo en el noreste mexicano y es agosto— sentir el aire en la cara, escuchar mis pasos en los distintos tipos de suelo que me tocaría caminar desde el restaurante en el que estoy. Pasar el cine, el vivero, el terreno con pasto que los dueños de la colonia cercaron por egoístas o por miedo a que la gente se estacione ahí debido al nuevo y cercano y famosísimo estadio de fútbol.

Después de eso pasaría por un pedazo donde hay mucho tráfico y entraría a la colonia. No a la mía, sino a la de junto. Me iría por la primera calle hasta llegar a la plaza donde está la cancha. Cortaría por el parque y empezaría la larga, pero no muy pesada subida.

Vivo en las faldas de un cerro grande y conocido. Este pequeño alejamiento de la ciudad resulta bastante significativo en cuanto a calidad del aire se refiere.

Me gusta estar al aire libre. En esta ciudad caliente y consumista se usa mucho el aire acondicionado. En el trabajo, en el teatro, en el auto, en el transporte público… en este restaurante. Hasta los negocios más pequeños cuentan con su minisplit.

No es que no use el aire acondicionado. Sí lo uso. Sobre todo andando en el coche, atrapada en el tráfico. Pero tanta «frialdad» me cansa. Continuamente me descubro disfrutando al salir de un lugar con clima. Y no porque tuviera frío. ¿No te ha pasado? Sentir el calorcito que abraza la piel también es rico.

Hace dos años que me fui por unos meses a vivir a la Ciudad de México, me tocó un mes completo de lluvia y días nublados. Y ¡me encantan! Los amo. Pero después de 30 días con sus noches de nubes, el primer día de sol fue para mí como lluvia después de sequía. Sí, así: como lluvia después de sequía.

Sé que no soy a la única que le pasa. Tengo varios amigos norteños que en repetidas ocasiones han externado ese mismo extrañamiento.

En fin que hoy quiero caminar, pero no puedo. Traigo el carro. No puedo dejarlo aquí, mi hermana lo necesita mañana temprano.

Puedo llegar, dejar el carro y salir a caminar, pero no tendría sentido. No caminaría con un objetivo. Regresaría al mismo lugar.

Ayer saliendo del teatro caminé al camión. Un amigo me preguntó si quería ride, pero no quise. Esa caminata no me fue suficiente y me bajé del camión en el cine… y así caminé un poco menos de lo que caminaría hoy.

Ayer no quería llegar a mi casa… hoy tampoco. La verdad no quiero pensar mucho en eso. Quiero seguir caminando… en el presente, a veces muy poco en el pasado. No angustiarme si no hay objetivo. Si no hay razón. Tal vez llegando sí salga a caminar. O tal vez de un paseo en mis sueños. Eso sería bello.

Ayer caminando escuché de nuevo Eblouie par la nuit de Zaz. Iba andando exactamente así:

Deslumbrada por la noche y sus luces mortales. Pateando latas, desorientada como un buque.

No pongo más de la canción ya que no hablo francés y no quiero «traducir» cosas que no son. Pero arriba dejé el enlace.

Jamás he estado Francia, pero sé que los sentimientos no dependen de regiones. Hoy, en medio de este calor y ya acabado de escribir en el carro con los vidrios abajo, estoy de nuevo eblouie par la nuit.

Gracias. Mercy.