Ediciones recientes, en España, de diez libros infantiles antiguos (1)

Los libros infantiles y juveniles suelen contener historias muy deudoras del momento y la sociedad en los que se escribieron y publicaron. Así lo exige de modo natural un público que, como vive de lleno en el presente, necesita que tanto el lenguaje como los contenidos de lo que se le cuenta sean reconocibles. Eso también explica que haya libros con mucho éxito en determinados entornos culturales que no cuajan en otros.

Por eso, los relatos que han gustado en ambientes distintos a lo largo de muchas décadas, relatos que siguen editándose y teniendo un público lector entusiasta, son como un milagro no tanto del talento como del corazón, cuya causa no está solo en que los adultos siempre recomiendan a sus hijos los libros que a ellos les gustaron, sino en que son relatos que, de distintos modos, tratan sobre sentimientos humanos profundos y universales.

Así que, dejando de lado libros que siempre han estado en el mercado pero que últimamente han vuelto en ediciones especialmente cuidadas —como por ejemplo La isla del tesoro y Los libros de la selva—, indico a continuación algunas ediciones recientes, en España, de libros históricamente importantes de los que beben tantas historias posteriores. Esta selección sólo contiene libros que originalmente se publicaron en el siglo XIX y principios del XX.

1851 y 1853. El libro de las maravillas y Cuentos de Tanglewood, Nathaniel Hawthorne. En el primer libro, Eustace Bright, un joven estudiante, relata viejos mitos griegos en forma de cuentos: La Cabeza de la Gorgona, Dedo de Oro, El Paraíso de los Niños, Las Tres Manzanas de Oro, El Cántaro Prodigioso, La Quimera. En el segundo, ya sin niños oyentes, Eustace pone por escrito nuevos relatos de la misma clase: El Minotauro, Los pigmeos, Los dientes del dragón, El palacio de Circe, Las semillas de la granada, El vellocino de oro. Nathaniel Hawthorne fue el primer autor norteamericano que se propuso escribir específicamente para un público infantil y tuvo un éxito enorme, que dura, con estos libros.

1885. El pequeño Lord Fauntleroy, Frances Eliza Hodgson Burnett. Cedric Errol, un niño nacido en Norteamérica, es llamado a Inglaterra por su abuelo, el Conde de Dorincourt, para ser educado allí. La sencillez de Cedric romperá con todos los convencionalismos y ablandará el corazón de su abuelo. Primera novela de su autora, que la hizo muy popular, y que le abrió el camino a otras de argumento semejante que serían mejores.

1910. El jardín secreto, Frances Eliza Hodgson Burnett. Novela que hoy se considera la mejor de su autora. En ella, la malcriada Mary Lennox se transformará en una niña encantadora gracias a la bondad y al talante optimista de las personas del servicio de la mansión inglesa en la que aterriza, y gracias al descubrimiento de un jardín cerrado hace años. Novela que trata muy bien el sueño infantil de tener un lugar privado y es una gran defensa del valor formativo que tiene el contacto con la naturaleza.

1906. Los chicos del ferrocarril, Edith Nesbit. Libro que no se había editado antes en España, igual que muchos otros de Nesbit, y del que se han publicado hace poco dos ediciones. Una familia se ha de trasladar al campo, a una casa situada cerca de una estación de tren. Mientras la madre trabaja, los niños, dirigidos por la responsable Roberta, intentan no darle disgustos, ayudar en la casa y conocer el entorno. La narración divierte y tira del lector con distintos hilos, con las pequeñas intrigas de los sucesivos episodios, y con el uso de un misterioso narrador, que a veces usa la primera persona como por despiste o incluye paréntesis hablando directamente al lector.

1910. La ciudad mágica, Edith Nesbit. Philip juega a construir, él solo, una ciudad en miniatura componiendo libros, vajillas y objetos de distinto tipo. Asombrosamente, esa ciudad cobra vida y Philip descubre que su presencia en ella confirma una vieja profecía y es imprescindible que pase por siete difíciles pruebas. Novela que, aunque no fluye tan bien como otras de la autora pues las arbitrariedades son muchas, pone de manifiesto su talento narrativo y su buen humor, igual que su soltura para que lo fantástico engrane con lo real y su acierto en la descripción de las reacciones interiores infantiles.

1912. Papá piernas largas, Jean Webster. Novela epistolar. Judy Abbott escribe a un desconocido benefactor desde el colegio donde estudia. Es un relato de formación, de cambio personal, y de enamoramiento. Su atractivo está en que la narradora es muy desenvuelta y, a veces, cómica. La autora, que fallecería joven, publicó poco después Querido enemigo (1915), otra historia con rasgos parecidos.

1913. Pollyanna, Eleanor Hodgman Porter. Novela cuya heroína ha quedado como el modelo de chica optimista frente a cualquier problema. En el relato es una niña huérfana, desbordante y parlanchina, que acaba ganándose a todos los habitantes del pueblo al que la mandan. Como en novelas semejantes, se presenta la naturalidad y el sano sentido común del niño como un revulsivo para que se dé una transformación alrededor. Pollyanna, que siempre recuerda la enseñanza de su padre de intentar descubrir, en todo, cuáles son los motivos para alegrarse, desarrolla un modo de ser capaz de consolar a la persona más triste. En su favor se ha de decir que consigue su buen talante con esfuerzo y que no siempre le resulta sencillo.

1921. Viajes de Kásperle, Josephine Siebe. Libro en el que se presentan los personajes de una larga serie protagonizada por un nuevo Pinocho. Fridolín, un fabricante de muñecos de guiñol, también llamados kásperles, sabe que uno de sus antepasados tuvo uno que estaba vivo y un día lo encuentra. Kásperle no hace caso de los consejos prudentes que le dan, se deja llevar por sus ansias de juego, y va provocando toda clase de conflictos. Con todo, tiene una enorme capacidad de hacer reír y de ganar el afecto de todos. El acierto de la autora está en haber hecho convivir con gente normal a un personaje con los rasgos de un muñeco de guiñol: divertido y exasperante, aparatoso cuando ríe y cuando llora, con sentimientos instantáneos que le hacen capaz de pasar de los lloros más amargos a la risa más estentórea.

1922. Guillermo Brown, Richmal Crompton. Tal vez la mejor serie del subgénero de los chicos revoltosos. A lo largo de unos cuarenta libros se narran las hazañas del protagonista, un chico al que no le importa nada ser mal estudiante, y sus amigos, que forman una pandilla llamada los Proscritos. Son relatos con acusadas referencias británicas, muchas situaciones verdaderamente cómicas, y un humor sarcástico certero un poco al modo de Wodehouse. El libro titulado Las aventuras de Guillermo es una edición que contiene los cinco primeros libros del protagonista: Travesuras de Guillermo, Los apuros de Guillermo, Guillermo el proscrito, Guillermo hace de las suyas, Guillermo el genial.

1923. Emily la de Luna Nueva, L. M. Montgomery. Primer libro de una famosa trilogía canadiense. Cuando su padre fallece, Emily tiene que irse a vivir a la Granja Luna Nueva con sus tías Murray, hermanas de su madre, una dulce y otra muy, muy rígida; ha de ir al colegio y aprender a convivir con distintos vecinos, unos con rivalidades históricas con los Murray, otros con historias tristes en su pasado… Muchas páginas tienen la misma escritura y redacción de Emily, con faltas de ortografía que van disminuyendo según avanza la novela, y que dan a conocer bien tanto lo que ocurre como su mundo interior y su maduración.