Ediciones recientes, en España, de otros diez libros infantiles antiguos (y 2)

Después de la selección de finales del XIX y principios del XX, pongo ahora otra con nuevas ediciones de libros originalmente publicados en las décadas centrales del siglo XX. Igual que ocurría en la selección previa hay varios que se publican por primera vez en España, otros vuelven con su segunda o tercera edición, y otros aparecen en libros que recopilan varios relatos del mismo personaje.

Tampoco menciono aquí esos libros que siempre han estado en el mercado pero que han sido reeditados con ilustraciones distintas y en ediciones especialmente cuidadas —como Rebelión en la granja y El señor de las moscas—, ni, con una excepción, nuevas ediciones de libros de algunas series —como las de Pippi Calzaslargas y Los incursores—, ya mencionadas en la nota Grandes series de fantasía infantil.

1936. Las zapatillas de ballet, Noel Streatfeild. Relato primero de los que hablan del talento artístico, también con lo que tiene de descubrimiento de uno mismo. Tres huérfanas, Pauline, Petrova, y Posy, aprenden a actuar, a bailar y a cantar. Un elemento propio de estas historias es el de un personaje sin especial inclinación para la vida propia de un artista que hace de contrapunto. Otro es el contraste entre personas con trabajos tan dependientes del reconocimiento de los demás y quienes desempeñan trabajos que nadie contempla ni aplaude.

1948. El dragón de papá, Ruth Stiles Gannett. Narración amena, con golpes divertidos, que inicia una trilogía. La narradora habla de que su padre, Elmer Elemento, «que entonces era pequeño», fue a la isla Mandarina y a la Isla Salvaje, para cumplir su deseo de volar: debía liberar a un dragoncillo preso que, agradecido, le dejaría volar con él.

1950. Los trece relojes, James Thurber. El malvado duque del Castillo del Ataúd mató el Tiempo y, por eso, los trece relojes de su castillo están parados a las cinco menos diez. Un misterioso trovador le ha de hacer frente. Relato que, si atendemos a su ironía y a su extravagante argumento, no es un libro infantil salvo para los especialmente aficionados al nonsense y al ingenio. Sí es infantil si pensamos en su gran valor como lectura en voz alta (en inglés), pues son muchos los juegos con el lenguaje: hay rimas internas y muchas palabras y frases que suenan muy apropiadas a lo que se cuenta.

1957. La maravillosa O, James Thurber. Como el anterior, relato más que singular. Littlejack, un tipo que tiene un mapa de un tesoro en una isla lejana, se pone de acuerdo con Black, un pirata con un barco llamado Aeiu (debido a que odia la letra o), para ir a buscarlo. Llegados a la isla, Black decide suprimir del todo la letra o. Estalla la rebelión, basada en cuatro palabras con o, de las que recuerdan tres —ilusión (hope, en inglés), amor, valor— pero han de encontrar la cuarta. Historia que es una parábola que ataca cualquier imposición arbitraria en el lenguaje por parte del poder. La riqueza y el ingenio verbal que despliega el autor son notables.

1958. Un oso llamado Paddington, Michael Bond. Primer libro de una serie muy popular. Su protagonista es un oso pequeño que vive, como uno más, en una familia inglesa, y que se comporta como un niño bondadoso y amable pero que comete monumentales travesuras, unas inconscientes y otras no tanto. Paddington se comporta, en parte, como un niño cuyas travesuras son inconscientes. Además, es siempre amable y respetuoso. El estilo de Bond es fluido y capaz de arrancar la risa con sus comentarios.

1961. La cabina mágica, Norton Juster. Viaje de nonsense cautivador. Un aburrido chico de diez años emprende un viaje por un país donde hay lugares como Las Expectativas, La Murria, Diccionópolis, el Bosque de los Puntos de Vista, las ciudades de Ilusiones y Realidad, la isla de las Conclusiones, las montañas de Ignorancia, etc. La idea de tratar en clave fantástica el sentido de aventura que tiene ir adquiriendo conocimientos resulta estimulante. Son muchos los juegos de palabras y las situaciones hilarantes que comunican significado y diversión a cada personaje y a cada escena.

1962. Carta al rey, Tonke Dragt. Una de las mejores novelas de aventuras juveniles. El joven Tiuri, dieciséis años, ha de entregar una carta a un vecino rey después de un largo y peligroso viaje. En la continuación, Los secretos del Bosque Salvaje (1965), Tiuri y su escudero Piak descubren quienes son los misteriosos habitantes del Bosque Salvaje y los planes ocultos de una futura invasión. Son relatos que se desarrollan en una Edad Media verosímil, sin encantamientos ni seres imaginarios, pero también ingenua y caballeresca como en las aventuras del ciclo artúrico. El argumento es coherente y presta particular atención al interior y al aprendizaje del protagonista.

1965. El polizón del Ulises, Ana María Matute. Uno de los mejores libros de la autora. Jujú, un chico que vive con tres señoritas solteras que lo han adoptado, se ha fabricado un mundo propio de sueños, «otra vida». Las cosas cambian cuando hace amistad con un preso fugado de una cárcel cercana, que se oculta en el desván. Cuento paralelo en muchos aspectos a Marcelino pan y vino. En él se habla bien del mundo imaginativo del niño, y de la fuerza transformadora de la bondad del niño en los adultos.

1977. Una vida mágica, Diana Wynne Jones. El primer y mejor libro de la serie Los mundos de Chrestomanci, ya mencionada en la nota Grandes series de fantasía infantil. Los protagonistas son la dominante Gwendolen Chant y su tímido hermano pequeño Eric, conocido como Gato que, aunque no cree tener talento para la magia, va descubriendo sus propias cualidades y recibiendo lecciones sobre la forma de usar sus poderes. Al presentar los conflictos de los héroes, la narradora va llevando al lector a reflexiones de más calado.

1988. Estrella Negra, Brillante Amanecer, Scott O’Dell. Novela que, igual que otras del autor que merecen ser reeditadas y conocidas, presenta muy bien una formidable historia de superación. Una chica esquimal ha de correr la famosa carrera de Iditarod, en Alaska: unas mil doscientas millas entre Anchorage y Nome al frente de un trineo tirado por una veintena de perros. La narración es fluida y ordenada. El estilo es lacónico, preciso y, cuando hace falta, informativo. La heroína es atractiva por su sensatez reflexiva y su valentía sin aspavientos. Se dibuja bien el choque cultural entre el mundo esquimal y el mundo «blanco».