El último refugio de la intimidad

Necesitamos exhibirnos. Internet nos puso a prueba y si no mostramos, no existimos. Hay quienes resisten porque prefieren otro tipo de comunicación todavía, sacuden un Star Tac gritando que la batería dura 3 días, pero los jóvenes comprueban esta conducta cada vez más en redes como Tinder y Happn. El mundo es una vidriera.

Un estudio realizado por la Universidad de California Los Angeles (UCLA) asegura que los Me gusta activan el núcleo accumbes, que es el sistema de recompensa del cerebro, es decir, la parte que se encarga de nuestro placer. No importa si son personas conocidas o desconocidas, sentimos un estímulo. Lo necesitamos. Nos agrada gustar.

Nadie debe acceder a nuestro inodoro personal. Los romanos hacían de una necesidad fisiológica un espacio social, defecaban juntos y dialogaban. Hoy lo que más nos avergüenza marca el límite de exhibición.

Ante esta necesidad, los espacios de intimidad son cada vez más acotados: fotos de cumpleaños, el nacimiento de un hijo, yendo al gimnasio, una declaración de amor, recién despierto, una separación, un compromiso, unas fotos de unos tallarines al pesto. Cuando se avanza un paso más dentro de ese espacio mental que es nuestra privacidad, aunque nos avergüenza, nuestros Mundos Privados miden bien. Lo íntimo obtiene Me gusta, llama la atención.

Abrimos la puerta a casi todo, excepto lo desagradable, lo que sabemos que puede no gustar. Nadie debe acceder a nuestro inodoro personal. Los romanos hacían de una necesidad fisiológica un espacio social, defecaban juntos y dialogaban. Hoy lo que más nos avergüenza marca el límite. Pero ¿Qué pasa cuando ese tipo de contenidos tiene más y mejor recepción que el resto? La respuesta está en que ya se exhibe lo que avergüenza o perjudica al otro y repercute, por ahora, viralizándose infinitamente y en segundos, como sucede con los videos amateur que circulan a diario por WhatsApp. ¿Cuántos Me gusta tendría la foto de Elvis muerto a los 42 años por una sobredosis en el baño de su mansión de Graceland? ¿Cuántos tuvo la del fiscal Nisman?

Baños públicos del Imperio romano.
El nombre de inodoro viene de que es el primer aparato sanitario que tuvo un cierre hidráulico para evitar la salida de olores. Antes de la aparición de este sistema, evidentemente era maloliente, y se encerraba en un local pequeño, exclusivo para ese uso, que tenía el nombre de retrete (que viene de retirete, retiro pequeño).
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Un fanático del Indio Solari fue encontrado a las 4 de la madrugada atascado en un baño químico, cubierto de materia fecal, ebrio y con un cuadro de hipotermia, después del recital al que concurrieron unas 120 mil personas en el autódromo de Mendoza. Finalmente, no le sucedió nada grave, pero a las pocas horas su foto comenzó a difundirse por las redes sociales y llegó a los noticieros casi instantáneamente.

Nadie tiene acceso a nuestro inodoro y depende de nosotros abrir la puerta. Pero Bill Gates, el hombre más rico del mundo, se está ocupando de la mierda de todos, literalmente. Desde hace unos años, el co-fundador de Windows apuesta por la creación de el nuevo inodoro porque una familia de cinco personas contamina más de 150.000 litros de agua en un año. En 2012, premió con 100 mil dólares un nuevo modelo a energía solar que genera fertilizante, hidrógeno y electricidad. Y va por más: en 2015 comenzaron las pruebas en Senegal para la creación de un inodoro que transforma los excrementos en agua potable. Es muy probable que Bill Gates logre que no nos tape la mierda y que esa mierda, además, nos salve.

Tu defecto te nombra. —Charly García

Mientras tanto, en ese pequeño retiro que escondía en la adolescencia lo secreto y lo prohibido: fumar a escondidas, tener sexo casual, huir a llorar, vomitar o conocer las drogas; en ese espacio en donde se grabaron voces de demos de rock y donde la masturbación no es un tabú, Miley Cyrus se fotografía desnuda para sus millones de seguidores que le regalan corazones. Por eso, el último refugio de la intimidad es nuestro inodoro personal. Lo que no se muestra ni se cuenta es lo desagradable de nosotros mismos. No sabemos por cuánto tiempo.


Hay más notas sobre cómo las tecnologías y las redes sociales cambiaron nuestra vida para siempre en mi perfil: https://medium.com/@matguillan