El arte del amor y la guerra

a.k.a Sun Tzu aplicado al ligue

Como un adepto forzado a esta etapa de soltería (otra vez), con una más que menos larga serie de intentos por montarme de nuevo en la carreta de una relación estable (esta vez, esperemos que lo sea), se me ocurrió que uno podría aplicar un poco de filosofía milenaria al problema de ligar más eficientemente.

Por experiencia, el ámbito de las citas y el ritual de las conquistas en mi país se parece mucho más a una guerra que a un proceso normal de conocer a alguien, conectar y finalmente emparejarse. Se me hace algo utópico aplicar aquí el método gringo —por ejemplo— de simplemente irle a hablar a alguna chavala en el bar y que de ahí pueda pasar algo. Tal vez no tengo lo que se necesita para que eso pase, pero tampoco lo he visto con nadie que conozca así que creo que el problema de fondo es que esa táctica simplemente no funciona en climas tropicales.

Mucho menos creo en que sean ellas las que den el primer paso, eso es un mito urbano al mismo nivel que los OVNIS.

Entonces, ¿cómo hacer? Pasando revista a mi experiencia propia, no logro dar con un común denominador que ayude, parece que todos los casos fueron muy distintos unos de otros.

Como mujeres y guerra están en el mismo capítulo de mi libro y al final del día una conquista es una conquista, no importa si son tierras, pueblos o mujeres, veamos cómo se haría siguiendo las enseñanzas del gran Sun Tzu en El Arte de la Guerra, aplicado al sublime arte de ligar en estos lares. Aclaro que sólo tomé los capítulos que me parecieron más relevantes, no necesariamente en el orden del autor y que por ahora esto es una simple hipótesis que ustedes me pueden ayudar a comprobar.

Quién sabe, con suerte y salimos ganando todos.

Capítulo 1: Estimaciones iniciales

Aquí es donde hay que hacer un análisis previo de pros y contras que cada uno tiene y cómo podríamos tratar de sacarle el jugo a los puntos fuertes mientras metemos los puntos flacos en algún lado que no se noten. Guapo, plus. Con plata y carro, plus. Ex-esposa e hijos, contra. Más de 40, contra. No aparentar la edad, plus. Por regla general, si tiene más contras que pluses, no queda más remedio que bajar la barra.

Capítulo 3: El plan de ataque

Ya sabiendo por dónde hay que explotar el asunto, hay que decidir la estrategia. ¿Me mando con una amiga que ya me conoce y a la que no hay que explicarle mucho, pero que también ya sabe algunos de los “contras”, o amplío el radio de búsqueda y le entro a la chavala guapa del gym que medio me saluda y flirtea de vez en cuando, pero que puede salirme loca? Entre más círculos sociales haya, mejor, pero es un axioma popular que no se deben mezclar entre ellos.

Nota del Autor: La proporción de ticas locas es alta, por lo que esto último puede ser riesgoso. Se sugiere cautela y uso acertado del siguiente punto

Capítulo 13: El uso de espías

Acá los conocemos mejor como “wingmans”, pero no necesariamente tiene que ser un amigo. Es más un aliado que allana el camino para llegar al objetivo, a veces, proveyendo la inteligencia suficiente para ni siquiera entrar en batalla y evitarnos hacer el ridículo, e.g. “tiene novio” o “todavía stalkea al último”. Los espías son vitales en el arte de ligar porque sin ellos nos toca descubrir nosotros mismos la historia y habilidades del oponente, cuando ya puede ser muy tarde.

De no haber nadie que sirva de espía, como segunda opción, es recomendable el uso de redes sociales para determinar temas críticos como: Cantidad de selfies publicadas (linealmente relacionado con problemas emocionales), tipo de amigos que tiene (manada de tinieblos o muchas amigas tostadas no son buenas señales), a quién hace Follow en Twitter e interacción con ellos (si sigue a Lady Gaga y encima le escribe, mejor dejarla ir), etc.

Capítulo 10: El Terreno

Tanto en la guerra como en esto del amor, el terreno alto es una ventaja. Créanme que ir cuesta arriba para llegarle a una chavala no es fácil, apuntar alto se paga y se desgasta uno más de la cuenta, terminando por poner mucho en algo que tal vez no proponga un retorno adecuado de la inversión. Salir del friend-zone (o hate-zone como me pasó a mí una vez) es una tarea épica que hay que medir muy bien valorando el beneficio esperado.

Terrenos inapropiados para la batalla son la casa de ella (puntos extra si está la familia presente), alguna iglesia o lugar de culto extraño, reunión con todas sus amigas. Terrenos en igualdad de condiciones: el cine, un bar, un restaurante. Terrenos con ventaja a nuestro favor: Mi casa con películas y palomitas.

Capítulo 6: Ilusión y realidad

Este punto aplica cuando ya uno se encuentra en batalla, es decir, sentado al frente de la muchacha en cuestión. Sin lugar a dudas, hay que dejarle saber que nuestras fuerzas están en movimiento y el objetivo es claro. Nada de andarse por las ramas con eufemismos. Es hora de enfrentar los ejércitos y que gane el mejor. La reacción del enemigo (ella) es la que tenemos que saber interpretar para maniobrar y no sucumbir en la refriega.

“Triunfan aquellos que saben cuándo pelear y cuándo no” –Sun Tzu

Nota del Autor: Las chicas locales son expertas en tácticas evasivas para confundir al oponente (yo). Aún cuando ya decidieron dejarnos ganar, quieren llevar la guerra hasta las últimas consecuencias y que nos cueste invadir el territorio. Tener especial cuidado.

Nota del Autor 2: El licor es y será siempre un gran lubricante social, aunque su uso indiscriminado puede tener efectos adversos. Usarlo a discreción.

Por último nos queda el,

Capítulo 9: Maniobrando a la armada

Durante la batalla, hay que adaptar las tácticas y llevar al enemigo por la senda que queremos. Aquí la experiencia puede ser un activo muy valioso. Recuerden los pros y contras del principio, tenerlos claros es decisivo para la victoria. Cuidar todos los flancos y evitar caer en trampas comunes como hablarle de la ex, o de aquella etapa de desenfreno de la que nos arrepentimos a veces (borrar cualquier evidencia digital de la misma es altamente recomendado).

Ya para este punto, solamente hay dos posibilidades: el enemigo sucumbe ante nuestra avasalladora fuerza militar y cae rendida a nuestros pies, escenario que deseábamos, en el cual no es para menos que disfrutemos las mieles de la victoria y comencemos ese deseado período de 100 años de paz, o lo que dure el amor. O bien, que no logremos vencerlo y suceda lo contrario, que nosotros terminemos solos en el campo de batalla mientras vemos que el oponente ignora nuestros avances, rechaza los embates, o nos incluye en su selecto círculo de “buenos amigos”, dejándonos en la ignominia de reagruparnos, lamer las heridas y reflexionar hasta que estemos listos para la siguiente batalla.

Pase lo que pase, siempre se aprende. Y cuando me toca estar del lado perdedor, que es más frecuentemente de lo que quisiera aceptar, me acuerdo de la frase de otro de mis estrategas favoritos, Sir Winston Churchill, quien dijo que “para ganar la guerra, no hace falta ganar todas las batallas, solamente la última”.

¡Felices batallas!

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