
El cabello largo como símbolo de feminidad.
O algo así como: solo las chicas de cabello largo son las bonitas.
A los 12 años, cuando estaba empezando a cursar primer año de secundaria, fui a cortarme el cabello, era algo que hacía regularmente desde kinder.
Mi cabello era sumamente lacio, díficil de peinar y el estilo de “príncipe valiente” me acompañó por algunos años desde el kinder. Conforme fui creciendo adopté diferentes cortes, usaba diademas y balerinas, a veces lo cortaba nuevamente, como niño, eso me decían algunos(as) compañeros(as) de clase.

Recuerdo que había niñas en la escuela que se sentían orgullosas de lucir su cabello a la cintura, usar listones o moños, y era como si automáticamente el largo de su melena fuera proporcional a su mirada de disgusto cuando mi cabello era apenas unos centímetros mas largo que la punta de mis dedos, y como si aquel estatus de diosas de la melena les diera el poder para proferir insultos en mi contra. También contaba con mi bully personal, llamada Karla Regina, pero esa, es otra historia.
Sobre las críticas a mi cabello, yo no daba mayor importancia, me sentía cómoda, feliz y me gustaba mi cabello tal y como estaba.
El corte.
En el salón de belleza, quedé en manos de una chica que no era la mas experimentada. Quizás yo tenía 12 años, pero llevaba varios usando mi cabello corto, tal vez más de los que ella trabajando, y sabía que aquello que veía en el espejo, no era de mi agrado. Inmediatamente se dio la siguiente conversación:
-“Mamá, no me gusta como me quedó.”
-“Mmm… Tienes razón. ¿Qué quieres hacer?”
-“Raparlo.”
-“¿Segura?”
-“Si.”
-“Ok. Pídelo.”
Fue como si aventaran una bomba en el salón de belleza. Las estilistas emitieron una risita nerviosa como pensando que era broma. Los clientes que estaban alegremente platicando, callaron. Miré fijamente a la chica que minutos antes había hecho un trabajo bastante inaceptable y le dije con mi aguda y aún infantil voz: ¿puedes raparlo por favor?, ella dudó en tomar su máquina, volteó a ver a mi madre como buscando una última señal de que se trataba de una broma, mi madre la miró fijamente y le dijo: lo que ella decida.
Salí feliz, mi cabeza “pelona”, ¡ooh lá lá! la libertad. No había niña más feliz que yo en ese momento.
La felicidad duró 5 minutos.
Las miradas de la gente mientras caminábamos me hicieron sentir incómoda, como un bicho raro. Mi mamá y mi papá me habían dicho que me veía muy bonita, ¿acaso me mintieron?. Ahí me quedó claro que la sociedad no ve bien a quienes deciden optar por cambios radicales, no importa que tan bien luzcas, si es algo a lo que no “están acostumbrados”, harán patente esa diferencia y te harán sentir mal por no ser como todos, en este caso como todas: las niñas usan el cabello largo, los niños el cabello corto.
Los comentarios alrededor de mi nuevo look y mis respuestas o pensamientos alrededor de los mismos fueron:
“¿Porqué dejaron que hiciera eso?” (la gente le decía esto a mis papás y ellos respondían que era mi cabello y yo podía decidir sobre el. ❤)
“Pero… tu cabello que era tan bonito” (¿porqué tanto drama?, el cabello crece, pero aparentemente también la superficialidad de la gente.)
“Pareces niño” (pues no lo soy, ni quiero serlo, y la última vez que fui al baño, nada había cambiado por cortar mi cabello)
“No le vas a gustar a los niños” (no corto mi cabello para gustarle a nadie)
“Las niñas se ven mejor con el cabello largo” (¿en serio? deja le aviso a Winona Ryder y a Sinead O’Connor, seguro están preocupadas por tu opinión)
No todo fue taaaan negativo, algunas personas me dijeron que me veía bien, que lucía mi rostro, que iba con mi personalidad. Pero la mayor parte del tiempo tuve que defender mi elección. Tuve que aguantar comentarios durante el tiempo que mantuve mi cabello de esta manera, alrededor de 1 año. Tuve que entender que la gente chinga, y chinga bonito.
Los medios no ayudan.
Nunca me sentí representada, no es que lo necesite, pero jamás vi, al menos en esa época, un comercial de shampoo o tinte con alguien de cabello corto.

Claro, el cabello largo funciona bien para generar ese “movimiento sensual” de rizos definidos, para lucir el rojo pasión del tinte de aplicación casera en la televisión, ¡ah! y también para llenar una hoja completa en una revista. Tal parece que quienes tenemos el cabello corto no lo necesitamos lavar o no deseáramos teñirlo, o tampoco somos lo suficientemente atractivas para representar a dichos productos.
Mujeres de cabello corto, you are fuckin’ hot y no dejen que nadie les diga lo contrario. Ser femenina no tiene que ver con el largo de tu cabello, o lo alto de tus tacones, ni con el maquillaje — o la falta del mismo — , el largo de un vestido, o lo profundo de un escote. Ser femenina tiene que ver con cómo te ves a ti misma, estando cómoda y feliz, con el simple hecho de que te sientas bien siendo mujer y sin tener que probarle al mundo que eres más mujer por hacer tal o cual cosa.
He usado mi cabello de muchas maneras, sin embargo lo prefiero cuando este es corto, lo he pintado de mil colores (bueno, no tantos, pero si los suficientes para saber que me fascina), uso tenis religiosamente, a veces flats, y casi siempre me verán en jeans, y puedo jurar que al verme en el espejo, aún con un look que muchos tachan de “poco femenino” me siento tan sexy como cualquier modelo a punto de salir a la pasarela.
Mi mejor consejo, después de años de cambios de look, críticas y comentarios tan diversos como los colores que me he puesto es, lleva el cabello como tu quieras y a quien critique tu look bien puedes decirle: es mi cabello, no el tuyo. Y si no te has animado a hacer un cambio por “el qué dirán”, atrévete. Es tu cabello, es tu vida.