El cantar del corazón

Dichosos los pobres, que no tienen nada que perder.

Dichoso el que no sabe, y así, no sabiendo, no se preocupa por más saber.

Qué dicha nos brinda el ser humano que no supo acumular; y al estar vacío, nunca supo carecer.

Qué canto más hermoso el del corazón que abjuró la memoria, regocija en el presente, no se imagina el mañana, y al ayer, no necesitó llenar de gloria.

Es un eco infinito quien peregrina a la esencia, pierde la mente, recupera los sentidos, y así es como el eco Divino carece de conveniencia.

Es el arquetipo de la Unión Universal, el corazón que canta sin razón trivial; y solo por el hecho de cantar, se entreverá con la verdad, sin negar su melodía, a la multiplicidad.

Hermoso es, sin dudar, el himno del noble palpitar; que generosamente, y con poderosa resonancia, hizo de su vida, al compartir con todos, una ejemplar estancia.

Los corazones que cantan van todos al mismo oasis; así, ya adentrados en el edén, su coro, es la más humana catarsis.