El detallista

Me pidió que la retratara a la perfección.

Empecé por el contorno armónico de su cabeza. Su pelo le tapaba la medida justa de la frente. Dibujé sus orejas grandes y escondidas. Seguí por sus ojos, redondos e intensos, y luego por las cejas espesas. Su boca la retraté con labios gruesos y seductores. La hice sonriendo, con su hoyuelo del lado derecho y sus dientes tímidos apenas asomados.

Sin embargo, algo faltaba. Un vacío frío dominaba el centro del dibujo; en algún lado sentía una ausencia acusadora.

Toqué su cara, buscando algún elemento que no encontré.

Me senté.

Pensé.

Y finalmente, después de horas de observar, me di cuenta, y marqué sutilmente una pequeña franja de puntos finos, discretos, incipientes, que en no demasiado tiempo formarían la línea gruesa de un bigote tupido y elegante.