
El dilema de la corrupción
El hombre, como especie, es corrupto por naturaleza, y egoísta por convicción.
Todo texto debe —necesariamente— llevar un propósito. Pero cuando éste va en relación a la humanidad del ser, su objetivo no es más que dilucidar lo bueno y lo malo, sin caer en el paradigma de la ética, contradictoriamente.
Cuando un maestro exige a sus alumnos leer 50 páginas en una noche, sabiendo él mismo que en su gaveta hay un libro de 200 páginas que lleva guardado más de 3 meses, o cuando un médico le dice al paciente que debe llevar una vida saludable, pero realmente está pensando en el postre que va a tener al llegar a su casa, o cuando un científico remarca lo insustancial de la apariencia física, pero en su guardarropa hay piezas que combinan a la perfección según los expertos en moda, son todos estos ejemplos que podrían demostrar muchas cosas en una primera instancia. Pero la corrupción innata del hombre seguro no te pasó por la mente.
Esto —según pienso— está dado por lo aprendido sobre lo socialmente aceptado, o más bien, lo que nos han obligado a aprender. Todos tenemos la necesidad de hacer las cosas de manera correcta, pero no necesariamente de la manera que realmente deseamos. Si el maestro lee mucho o el médico es saludable, ¿son entonces corruptos? Mi respuesta sería simple: Sí. Aunque depende mucho de las circunstancia, claro está. Quizás aún no me de a entender, porque la sociedad es quien dicta el patrón conductual del hombre, y según esto, estarían haciendo lo correcto. Si el maestro no desea leer el libro porque prefiere dormir, si el médico decide salirse de la dieta, o incluso si el científico decide vestir a la moda, siguen sin ser corruptos, ya que nos limita este término a lo estrictamente legal. Pero si vamos más allá y conocemos el concepto de corrupción, el cual dice que es alterar algo, y sabiendo que en este caso nos referimos a la humanidad del ser, lo cual incluye libre albedrío y libre pensamiento, todo aquel que altere sus deseos mas íntimos por aceptar la imagen de buen ciudadano que nos han impuesto estaría en esencia corrompiendo su ser.
Esto ocurre todos los días, a cada momento, con cada decisión que tomamos. No estoy criticando al hombre, ni a la sociedad, que en efecto es una respuesta a una necesidad de organización dada por el mismo hombre. La idea de este texto es muy simple: hacer entender al lector que no podemos, ni debemos, juzgar a nadie por sus acciones, quizás incluso las de «moral débil», porque en dado momento nosotros, al igual que este sujeto, podemos estar en la disyuntiva de elegir entre lo que está bien para nosotros o lo que está bien ante la sociedad.
…¿y cómo decidir entre dos cosas que parecen estar bien?
Este ensayo lo escribí en el 2013 cuando ejercía la medicina en mi año rural. Una época difícil en la que me encontraba con un sentimiento de ser parte de una maquinaria que se movía siempre en una sola dirección y sin consideración de lo que yo estuviese pensando.
¿Alguna vez se han sentido de esta manera?