El enemigo invisible

Desde hace algún tiempo me he estado preguntado ¿por qué las cosas no suceden como las tenía planeadas? Y eso creó en mí cierta cantidad de incertidumbre porque al final es algo que todos alguna vez en la vida nos preguntamos (obviamente cuando no estamos en nuestro mejor momento). A pesar de que la pregunta dio algunas vueltas en mi cabeza por unos días, sencillamente no le presté atención y me decidí a resignarme a encontrar una respuesta, luego como si la vida quisiera alimentar mis dudas existenciales, vi como alguien cercano no consiguió su meta a pesar del gran esfuerzo que había hecho para lograrlo (ignoremos la meta). En ese momento pensé que no merecía nunca las cosas que alcanzaba porque realmente nunca le daba tanta importancia. Mi naturaleza desinteresada sencillamente hacía el trabajo por mí. Luego de un tiempo, pensé en todas las oportunidades que se me habían presentado y había desechado por no hacer ni un poco de esfuerzo. Un amigo me comentó sobre cosas que pasaban a mi alrededor y nunca me daba cuenta. Según él, no podía creer que yo ignoraba las oportunidades que tenía.

Llegué a una conclusión luego de una larga discusión: simplemente me rendía antes que sucediera. Al parecer, sufro de «el mal de rendirse antes de intentarlo» y solo yo tenía la culpa de ello. Me di cuenta que lo más probable es que lo que pensaba que era tranquilidad en verdad era un refugio para evitar momentos amargos o situaciones poco convenientes.

No cambiaré de la noche a la mañana, pero ahora sé quien es mi enemigo, esa voz que te dice cada vez que debes tomar un riesgo que te quedes y no hagas nada, ese sentimiento de resignación al no lograr lo que esperabas o peor aún sin haberlo intentado. Nadie más que nosotros mismos podemos detenerlo. Al final, el enemigo está más cerca de lo que esperamos.

El enemigo invisible eres tú mismo.