El predicador

Y Obama salió de La Casa Blanca, ante ocho mil espectadores físicos y millones de seguidores virtuales. El primer presidente negro de occidente se ha despedido en la ciudad que lo vio nacer políticamente hablando, Chicago, y allí ante sus fieles vuelve a entonar el «Sí se puede», el «Yes we can» que lo llevó a la presidencia de Estados Unidos hace ahora ocho años. Pero no pudo con todo, no pudo con muchos de los suyos y con pocos de los republicanos del congreso. Fue el presidente que más gente deportó de su país en toda la historia, no reformó el ejercito como prometió, y no cerró la ignominiosa Guantánamo.

«Yes we can, but we don’t want».

Es verdad que mantuvo al país a la cabeza de las grandes economías mundiales pese a la crisis reinante, es verdad que acabó con el enemigo público número uno o que implantó un sistema de seguridad social a la «europea», pero no fue suficiente.

El color en un mundo de blancos (White House Situation Room, photo by NPR)

Él, negro, no consiguió que el racismo fuera erradicado de las calles. Al revés, ha habido un repunte en los últimos años. Y tampoco pudo devolver a la clase media su estatus: el país sufre la dolencia moderna más peligrosa de nuestros días, la brecha entre ricos y pobres, que cada vez es más profunda. Pero no por ello lo califico, en mi humilde opinión, como un mal presidente, al revés. Fue conciliador, nos hizo creer en la esperanza que todo lo mueve, es y será uno de los mejores oradores que he escuchado en estos días de políticos de 140 caracteres, un hombre que daba la cara y una eterna sonrisa. Lo echaremos en falta aquellos a los que le importa la ciencia denostada de la política, aquellos que queremos creer. Yes, we want to believe, Mr. President.

Barack & Michelle, Michelle & Barack. (Reuters)

See you soon #potus Obama.