El proceso

Fotografía de Christopher Payne, The Stainway Way.

Los Dedos inquietos quieren bailar, bailan todo el tiempo. Conocen ya mil posiciones y diversas formas de entretejerlas. Se entretienen, se divierten. Danzan en eternos movimientos, se mueven de una tecla a otra, no descansan. Cuando no están entre las blancas y las negras, están entre el Qwerty y el Poiuy. Las yemas son poderosas, en ellas descansa toda la magia del proceso. Preferiría maquillar mis fingertips en lugar de mis párpados y mis cejas, esas no hacen nada más que ser vistas… Mis yemas merecerían un color dorado con brillos que relucieran con el sol. Transmisoras del arte, son el último elemento que separa el objeto inerte del cuerpo expresivo.

Los Ojos van de un punto a otro, lo detectan todo, están atentos, son hábiles, rápidos… sagrados. El cerebro veloz procesa mil y un símbolos al mismo tiempo, y como por arte de (“magia”) mucha práctica, los convierte en movimiento, que a su vez, se convierte en sonido. Es un hermoso proceso, de artesano.

La Espalda a veces se cansa, no encuentra su lugar, se siente algo estática y está ahí quejándose, dándole impulso a las extremidades, esperando con ansias el momento interpretativo del día, pues en él se siente libre. Se impulsa, se contrae, se relaja, se encorva, se estira, va de un lado a otro, ¡qué dicha!

Y justo cuando se sentía ya tan libre… ¡Qué! ¿Otra lectura nueva? ¡No!

Entonces los Dedos también se aburren, no pueden moverse tan expresivamente como quisieran., ni siquiera con un ritmo agradable. El Cerebro entra en acción alegremente, aunque otras veces más lánguidamente: descifra, evalúa, considera, recuerda, memoriza. Le pide a las manos y muñecas un catálogo de diferentes posiciones para aquello que está descifrando. Los Dedos, obedientes, cumplen con su deber, es todo un trabajo en equipo. El Cerebro decide la mejor opción, esa misma que permite que todos se sientan relajados, y cuando la opción se ha establecido, es momento de repetir. Repetir y repetir. Después repetir un poco más. Los dedos tienen que aprender su coreografía. Con el baile se cansan y hasta sienten que hacen ejercicio.

De pronto, ¡viva! El baile está aprendido. El Oído cada vez se siente más en su hogar y comienza a imaginar el sonido ideal. Lo recrea para el Cerebro y pone a trabajar a los Dedos en busca del sonido más rico. Después muestra su catálogo al Cerebro. Éste, una vez más, decide. Y otra vez repetimos… Repetir y repetir. Pensar. Repetir… Buscar la perfección, la más hermosa armonía, la manera más inteligente de reproducir un sonido. Tiene que haber coherencia, Cerebro y Oído se alían cada vez más. Es un trabajo arduo y meticuloso. Se compenetran en el mar de símbolos para hallar una historia escrita entre sus olas. Esta debe tener un sentido, un discurso, incluso una bella conversación. Todo debe cuadrar cual piezas de rompecabezas. El cuerpo se pone cada vez más feliz al sentir cada vez más la belleza del proceso.

Le piden a un Pie que colabore con los efectos especiales. Hey, pero ¡Cuidado! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Lo estás embarrando todo! Quítate un rato, Pie, haz las cosas bien… Tenemos que dar un entrenamiento especial al pie, dice el Oído al Cerebro, asqueado con la pretenciosa participación que acaba de escuchar… Lo entrenan, lo educan, lo enseñan a escuchar. Le muestran estructuras y dónde tiene que entrar, pero sobretodo: ¡Dónde tiene que salir!

El otro pie, curioso e inocente pregunta si también él puede participar. “Nosotros lo llamamos si lo llegamos a necesitar” fue la respuesta que recibió. Sin embargo, lo pusieron como ‘Apoyo corporal’, y muy resignado se fue a juntar con la Espalda, esperando ahora juntos el momento de los ensayos de la interpretación, y finalmente, la interpretación misma, para sentirse partícipes del proceso.

La obra está casi lista. Todo el elenco está listo, saben perfectamente qué tienen qué hacer, han ensayado mucho. Sigue el reto final, el trabajo magistral del gran Cerebro: la Memorización. Se prepara arduamente. Necesita el apoyo de todos, pero él es quien hace el gran trabajo. Crea estrategias y posibles puntos de escape. Se prepara emocionalmente, también. Hace todo un ritual… Su gran hazaña es hacer descansar a los Ojos… y recordarlo todo.

Llega el gran momento y están todos listos. El cuerpo entero espera de pie. Todas las células y demás partes del cuerpo están expectantes, tienen ya sus boletos en primera fila. Algunos están nerviosos, pero seguros de que todo va a estar bien.

El Corazón está lleno de júbilo. Allá, frente al piano, entrará en un trance de aparente infinidad en el que todo lo que haya alrededor desaparecerá, solo estará ese dinosaurio de madera negra, y él, en un éxtasis de adrenalina y felicidad.

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