
El segundo encierro de San Fermín me ha reconciliado con la Especie Humana
Una secuencia de actos heroicos que ha pasado desapercibida.
Los dos últimos años han sido nauseabundos, da igual el color, la ideología nos está matando, es como un virus que borra nuestro cerebro, lo alisa, elimina las arrugas y con ellas se van las dudas. Hay zombis de todos los colores. El último mes y medio, la epidemia predominante ha sido el terrible virus brexit.
Y en medio de toda esta miasma, esta mañana, un grupo de tres personas, dos hombres y una mujer, ellos con el pelo blanco y ella rubia, han decidido ver el encierro en un portal, a rás.
«Artillero», es así como se llama el toro de esta historia, pintaba mal desde el principio, pintaba a resabiao y eso en asunto de toros es malo, lo dejaremos en toro bravo y fiero, que es la marca de su ganadería, los «Cebada Gago». Luego he sabido que Javier Jiménez las ha pasado «canutas», dicen que en la enfermería ha dicho: «No maten al toro, salgo yo».
Pero volvamos al grupo. Ellos estaban en el portal, probablemente despistados. La manada ya había pasado y de repente ha aparecido «Artillero» y se ha abalanzado sobre ellos. Uno, bajito y con un poco de barriga, se ha adelantado, y se ha llevado un buen varetazo en la cara que lo ha desplazado hacía atrás, desequilibrándolo. El bronco de «Artillero» ha girado la cabeza fijando los ojos en la mujer rubia. Ella sin más se ha tirado al suelo. Quizá tenga formación militar. Acto seguido, el señor de la barriga, consciente de la situación, se ha tirado encima de la mujer cubriéndola con su cuerpo. Quizá ambos tengan formación militar. Y «Artillero», el resabiao, lo ha volteado. No sé si la cosa ha acabado con un puntazo o solo con la evidente cuquera que delataba la sangre sobre su blanca nuca.
Y en ese momento, el tercero del grupo, un señor alto con el pelo blanco, ha agarrado el asta izquierda de «Artillero» y con una destreza, que lo delata como hombre de campo, con formación militar, o no, pero con muchos redaños, ha doblado la cabeza de «Artillero» desenfilándolo del grupo. Créanme si les digo que el propio «Pappus de Alejandría» hubiera soltado una lagrimita ante tan acertada palanca.
Tres personas, ante una situación de riesgo vital, y sin el más mínimo conocimiento de cómo comportarse ante un toro, que optan por colaborar y salvan la vida. Es como un vaso de agua helada en el desierto. La escena ha pasado desapercibida, el editor de RTVE no le ha prestado gran atención, en el minuto 1:06 puede verse la fase final del épico episodio que desde luego no le hace justicia, ¿por qué?
Los Cebada Gago protagonizan un segundo encierro con siete heridos por asta de toro, Telediario online, completo y…www.rtve.es
Si fuéramos un país como Dios manda, los tres héroes hubieran abierto los telediarios, los tres protagonizarían esos muermos de la televisión y las matinales de la radio y nuestros avispados políticos les habrían propuesto la nacionalidad española — temo que son canadienses— y hasta el pobre Nash, si no estuviera muerto, escribiría una ecuación taurina que justificara el éxito del grupo que colabora ante la amenaza de «Artillero», toro colorao y fiero.
Eso sí, si fuéramos…
Vaya, acabo de enterarme de la muerte del torero Víctor Barrio. Iba a avisar al editor, para que no publicara este artículo en señal de respeto, cuando me he topado con unos mensajes en Twitter que me han dejado helado. No consigo entender cómo es posible que un ser humano muestre tamaña falta de compasión por la muerte de otro. No hay justificación posible para todo ese odio, para llegar a la burla. La ideología fabrica monstruos y de eso trata este artículo.
Descanse en paz Víctor Barrio.
