El teléfono no se sienta en la mesa

Mi secundaría estaba bien rara, no era de monjas pero si era extra religiosa, cada primer viernes de mes había misa, teníamos una capilla, al inicio del ciclo escolar había un retiro espiritual donde nos llevaban a una casa marista a nutrir el alma y el espíritu, cosa que evidentemente nadie hacía, porque solo esperábamos el break para platicar, correr, lo que fuera menos nutrir el alma o rezar.

Mi directora no me caía tan bien, sentía que sus métodos nos quitaban muchas libertades: no nos dejaba perforarnos, ni llevar la falda arriba de la rodilla, teníamos que ir con uniforme de gala para ocasiones especiales, bien peinadas y arregladas. Los chicos no podían llevar el cabello largo, los zapatos sucios o de lo contrario casi que los regresaban a casa. A cada oportunidad que tenía la directora, se encargaba de decirnos que la hora de la comida era para tener un momento en familia, para enterarnos de cómo iba el día de nuestros padres o hermanos, para platicar y convivir, ella decía que no debía de haber televisión prendida o elementos que nos distrajeran de estar presentes en el momento.

Mi mamá tuvo su momento de hacerle caso, ese momento nos duró poco porque realmente mi familia nunca ha sido de mucha convivencia familiar y, a decir verdad, a mí me resultaba pesado tener que hablar con ellos porque no me sentía cómoda contando mis patoaventuras de adolescente boba.

Conforme fue pasando el tiempo, se me fue olvidando todo lo que la directora nos contaba y nos había enseñado, pero ayer recordé y entendí por qué nos decía eso.

Somos tan fáciles de distraer, por todos lados hay WiFi o televisiones o algún elemento que separa nuestra mente de estar y convivir con las personas que tenemos alrededor, así sean nuestros colegas, nuestra familia, nuestros amigos, las personas que se supone nos interesan o queremos.

Tengo que confesar que tuve mi momento donde estaba más preocupada por saber que pasaba en Facebook y Twitter y en todos lados menos en el lugar donde estaba, me distraía súper fácil (de por sí, tengo ADD).

En el último año he tratado de cambiarlo, ya no hago una cita en el café con mis amigas para pasarme el tiempo pegada al celular, para lo único que utilizo mi celular es para saber si tardan en llegar o si les pido algo mientras llegan y una vez que estoy en compañía dejo el teléfono guardado para poder enfocar mi atención en la platica.

Si estoy con mi familia, con mi novio, con mi hermana trato de hacer lo mismo, no creo que por un par de minutos u horas sin Ana, el mundo vaya a sufrir un colapso.

A veces caigo en la tentación y me distraigo dando scroll en Instagram o en Twitter, pero en cuanto me doy cuenta que estoy haciéndolo, guardo el teléfono, porque el teléfono no se sienta ni está invitado a la mesa o al café o al sillón o al cine o al estadio o a las juntas o a las clases.

Ustedes, ¿sientan al teléfono en la mesa?

A.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.