El valor de un diploma en el mundo de la tecnología

Andres Sarrazola
Nov 30, 2016 · 5 min read

La universidad ha sido, en nuestra historia reciente, un respetado símbolo de conocimiento y su resultado final, los diplomas, un generalmente aceptado validador de tener toda una lista de habilidades.

De ahí que las empresas públicas y privadas echen mano de este pre-filtro para conseguir talento calificado, con cierta confianza.

La universidad es un excelente lugar para aprender y hacer relaciones personales, en el ámbito del emprendimiento, normalmente un lugar para conocer futuros cofundadores, jefes o empleados.

Pero la tecnología avanza a pasos tan rápidos, que las universidades quedan bastante incapaces de modificar su pensum académico a este ritmo. Partiendo de ese punto, ¿realmente merece la pena invertir 5 años y varios miles de dólares en ella? Veamos:

Calidad de la educación

Si uno va a la universidad en Latinoamérica, especialmente si es una de prestigio, uno puede sentir la sensación de que está estudiando en un lugar de alto nivel, y que eso le va a conseguir un buen trabajo en el futuro.

La realidad es que normalmente no existe ninguna universidad latinoamericana en el top de las mejores 200 del mundo —salvo a veces que se cuela el Tec de Monterrey o la UNAM, dos universidades mexicanas.

Eso nos deja bastante mal parados, la innovación no es algo muy propio de las universidades de esta región, y está claro que deben pagar su nómina y ser rentables a través de unos buenos años de educación (5 normalmente). Así pudieran enseñar todo en 3 años, ¿cómo van a perder 2 años de ingresos?

Si bien no soy el más amigo de las patentes porque me parecen que amarran un poco el libre camino de la innovación, sí es cierto que pueden ser un buen termómetro para saber que tan innovadores somos. Israel, un país de escasos 8 millones de habitantes, registra más patentes que todo Latinoamérica y el Caribe juntos.

«Sí, leyeron bien: toda América Latina y el Caribe, con una población de casi 600 millones y dos países —Brasil y México— que respectivamente son la séptima y decimoquinta economías del mundo, registraron menos del 5 por ciento de las patentes registradas por Corea del Sur, y apenas el 23 por ciento de las registradas por Israel».

—Andrés Oppenheimer

Un fenómeno global que no va a parar

No mucho tiempo después de empezar mi primer emprendimiento, la agencia de marketing digital, hace unos 6 años, tuve mi primer encuentro fuerte con este paradigma:

Tenía un proyecto que necesitaba desarrollo de software, lo promocioné en un sitio especializado para contratar talento (freelancer.com) y terminé contratando a un muy buen desarrollador, ágil y no muy caro en Bangladesh.

¿Qué iba a hacer, le iba a pedir el diploma de la universidad de Bangladesh? ¿Copia de los aportes a la seguridad social y sacarle rete fuente? Seguro que no, otras personas ya habían calificado su trabajo como positivo, rápido y de buena calidad, eso es más que suficiente, y efectivamente fue capaz de demostrarlo durante el tiempo que trabajamos juntos.

Cuando Google da clases de reclutamiento

Google es ampliamente conocido por pagar salarios tremendamente competitivos y por su fascinante cultura empresarial, por eso se dan el lujo de buscar el mejor talento del mundo. Finalmente una empresa no es otra cosa que el equipo que la compone.

Google ha manifestado en varias ocaciones su cambio de chip y evolución al concluir que, según sus estudios, no existe ninguna relación entre la calidad del trabajo y los títulos formales, por lo que incluso en su guía de contratación oficial publican que no se necesita un diploma para ingresar.

Análogamente cuando estoy contratando para mi empresa estoy buscando gente increíblemente talentosa, con la mejor actitud y disposición, no una persona con cierto diploma en particular.

No es fácil romper la costumbre

Siendo hijo de dos docentes, profesionales y con maestrías encima, era difícil cambiar el rumbo de las cosas, pero para mi fortuna, yo tengo algo invaluable: Disfruto mi trabajo y disfruto aprender como casi nada en este mundo.

«Tu cerebro es como un banco, lo que deposites es lo que puedes sacar».

Un diploma no garantiza dinero o estatus

Ya todos conocemos la historia de algún primo que intenta sin mucha suerte conseguir un trabajo enviando miles de hojas de vida a todas las empresas, a pesar de sus excelentes notas en la universidad.

Mientras, en el mundo de la tecnología, la guerra se trata de conseguir programadores, y personas talentosas. Las empresas quieren «robarse» a estos personajes de otras empresas, ofreciendo salarios al doble o triple de lo que cualquier profesional con maestría tiene, y sin siquiera preguntar si pasó o no por la universidad.

De hecho más del 15 % del listado de los 400 más ricos de EUA, no tienen un título universitario formal

Seguro todos los conocen pero no está de más recordar algunos actores de tecnología que abandonaron su carrera, ellos tenían claro que podían aprender más de cuenta propia: Mark Zuckerberg, Steve Jobs, Bill Gates, Sean Parker o Dustin Moskovitz.

Educación de diferentes sabores y colores

Es bastante probable que los trabajos del futuro no requieran un diploma, lo que sí es seguro es que van a requerir el doble o triple educación, así que al contrario de pensar que es fácil, probablemente será el doble de difícil.

Tal vez la universidad sea una buena idea si lo tuyo es la investigación profunda de la teoría, lo que está bien. Confieso que en una vida alterna me hubiera gustado haber estudiado física cuántica a profundidad.

Pero siempre hay que tener en cuenta que la teoría absoluta ha llevado a muchos científicos a no tener un final tan feliz por no tener una visión comercial, así como Nikola Tesla murió pobre a pesar de haber patentado más de 600 inventos.

Debo confesar que la universidad me abrió la ventana al mundo del emprendimiento y me enseñó a aprender por mi propia cuenta, y por eso estoy sumamente agradecido de los varios —muchos— años que pasé en ella, pero luego de aprender a aprender, lo que sigue es esfuerzo personal.

A mi concepto, es mucho más duro pero más gratificante que salir a sentarse en un puesto del gobierno bien pago a ver pasar la vida y a esperar que sean las 6 p. m. para salir.

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CEO ayendarooms.com Mi gato se llama Titán.

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