La chica de acero

Ella es dura, dura como el acero, o eso dicen. Es independiente, tanto que a veces asusta.

Asusta el hecho de pensar que no vuelva, que se centre en otras cosas.

Quiere vivir su vida, aprovechar al máximo cada día, recuperar el tiempo perdido. Que la busque quien quiera, ella está a lo suyo.

Es segura de sí misma, a veces no se valora lo suficiente y necesita un empujón de sinceridad, de apoyo. No siempre sabe lo que quiere. Hay tantas cosas… Pero todo o casi todo, se reduce a «poco». Salir a ver mundo, divertirse, reír hasta no poder más, disfrutar de momentos de felicidad, hacer todo lo que le hace sentirse bien. Sin preocupaciones — solo las necesarias.

Tiene su espacio vital y no hay que invadirlo, muchos necesitamos nuestros momentos a solas.

Ella es seria, o eso dicen. Tan seria que te dedicará pocas sonrisas, sí, pero valdrán la pena por su pureza. Sonríe a medias, como digo yo — no es fácil hacerla reír a carcajadas.

Ella es arisca, ya no se fía de nada. No se deja querer. Ni quiere querer, ni quiere que la quieran. Aunque no siempre es así, le gustan los piropos que le hagan sentirse bien — a quién no — . Quiere que la cuiden, aunque no lo pida. Que la abracen bien fuerte hasta que diga basta.

A veces se resiste, pero sólo intenta decirte que insistas un poco más, que lo intentes otra vez.

No le van los abrazos, ¡con lo que me gustan a mí! Pero cuando decide darte uno, sientes como no puede existir nada más, tan real como ese momento, esa unión.

Ella no es tonta, sabe de sobra quien la quiere o aprecia. Insinúa, provoca, porque quiere oírlo de tu boca. Por mucho que lo tenga en cuenta, no hay nada que pueda superar esas palabras bonitas saliendo de ti.

Ella se sentirá ruborizada, lo notarás en su expresión, en su mirada, en su tono de piel, pero en cuanto te despistes habrá vuelto al frío acero.

Disimula bastante bien, tanto que en ocasiones no sabes si va en serio o te está vacilando. Hasta que empieza a reír: la risa lo cura todo.

Ella es guapa, cuando se deja llevar. Cuando se relaja y todo rueda solo. Cuando es ella al descubierto por instantes, cuando el acero más puro se ha fundido. Cuando con esa persona en confianza salen pequeños rayos de ternura que vuelven a tapar las nubes en segundos. Esperando el momento correcto para volver a relucir.

Le gusta el «tonteo» con la única finalidad de volver a la inocencia, a ese juego de niños. O, al menos, intentarlo.

No se despide. La mayoría de veces sale volando sin decir adiós, desaparece.

Así te recuerda que es libre, independiente, como debe ser.