Ella es el mar


Ella no es una sirena, con una belleza superflua que te atrapa con su canto. Que te arrastra y antes de que te des cuenta te tiene encantado, sin una posible escapatoria de un final meramente trágico. No, ella es más que eso. Ella es el mar. Naturalmente hermoso, mágico. Donde sin saber por qué, te sientes feliz.

Es lo suficientemente transparente para reflejar el azul del cielo, y a la vez reflejarte a ti. Cambia constantemente sus matices, desde un color verde esmeralda a medio día hasta un rojo intenso en el atardecer. Pero te aseguro que querrás capturar cada uno de ellos.

Por las noches muestra su faceta más oscura y peligrosa, pero si te tomas el tiempo de mirarla, te percatarás de que se sigue viendo igual de hermosa, reflejando a la luna y las estrellas. Te hará cuestionarte si la oscuridad es tan peligrosa como dicen, pues verás como ella la usa a su favor.

Es traviesa y le encanta jugar. Te seducirá para que le recorras cada rincón, cada ola. Te permitirá creer que el que la está navegando eres tú, aunque en el fondo sabes que no hay nada mejor que dejarte llevar por la corriente, su corriente.

Tal vez haya lunas llenas donde no puedas controlar sus olas, pero sabes que al día siguiente te regalará el más hermoso amanecer. Nunca vas a terminar de conocerla, creerás haber llegado al horizonte pero te sorprenderá mostrándote que hay más allá.

Mamá te decía que no te metieras «muy profundo» al mar. Pero ahora ya no lo puedes evitar, la curiosidad que sientes por saber que hay más allá de la espuma de la bahía te hizo dejar tus miedos en tierra, volverte marinero y aventurarte a conocer el mar.