En el apocalipsis de los ‘makers’, los teóricos son jueces

Muchos sueños e ideas reales, son masacrados por quienes nunca han construido nada

Una corta historia ficticia basada en hechos reales

Eran las 10 A. M. y Juan se disponía a presentar su trabajo de práctica. Luego de 6 meses en una empresa de servicios, venció una pila de hojas de cálculo con una solución simple en la cual toda la información había sido consolidada y su jefe inmediato se sentía muy satisfecho con la manera como Juan había logrado mostrar de manera unificada lo que antes parecía un completo desorden. Ante él estaba Federico, un profesor que debía calificar su trabajo y quien esperaba ver la manera como Juan había aplicado sus conocimientos como ingeniero de informática en la empresa donde había laborado.

Luego de que Juan, orgulloso de sus resultados, presentara el problema y la manera como lo había resuelto, Federico bajó la mirada para hacer anotaciones y luego, mirando a Juan le dijo: «¡Eso no es trabajo de un ingeniero! Es solo una hoja de cálculo».

Juan perdió ese día su práctica, pero más que eso perdió la noción de lo que debería realmente ser un ingeniero. Él sabía que había enfrentado un problema, que lo había solucionado usando sus conocimientos y que el usuario final estaba satisfecho. «¿Qué hice mal?» Fue la pregunta sin respuesta que se hizo repetidamente.

Luego de Juan, una serie de estudiantes presentaron sus proyectos y varios obtuvieron la misma respuesta de Federico. ¿Quién es Federico? Es un profesor, con especializaciones y doctorados, pero que más allá de eso nunca había laborado en una empresa y de hecho nunca había salido de la academia. Básicamente, alguien que no ha resuelto más que problemas hipotéticos fue capaz de demeritar, descalificar, exterminar y masacrar el trabajo y las ideas de alguien que había resuelto un problema real a clientes reales.

El problema no era Juan, el problema estaba en Federico. El problema no siempre es el creador, sino quien lo juzga.

Los pájaros tirándole a las escopetas

El conocer la historia anterior, me hizo pensar que este problema no se quedaba solo en el ambiente académico; quizás tu hayas escuchado casos como el de Juan, no solo en universidades sino en ambientes empresariales e incluso, tristemente en los llamados ecosistemas de emprendimiento. En mi contacto con algunos emprendedores he visto comentarios con los que quizás te sientas identificado:

  • El juez de mi idea de emprendimiento fue alguien que no sabía nada de mi modelo de negocio.
  • Mi proyecto no pasó por la calificación de alguien que no había montado una sola empresa.
  • Mi proyecto es de fintech y me lo evaluó alguien que solo sabía de eCommerce.

Este tipo de situaciones se sienten injustas, incorrectas y realmente te hacen pensar que quien elige a estas personas está desenfocado, que no hace lo que tiene que hacer o que está buscando los objetivos que no son, o en el peor de los casos está ahí porque tocaba poner a alguien y no había nadie más.

Como te sientes cuando alguien opina sobre lo que no sabe

Tristemente el peso de los títulos académicos ha comenzado a tener mayor relevancia que la experiencia para las situaciones equivocadas. No quiero demeritar el trabajo de los estudiosos e investigadores que dedican su vida a generar nuevo conocimiento, investigar nuevas tecnologías y en muchos casos a crear innovaciones disruptivas; lo que quiero dejar claro es que esto no necesariamente les da los criterios necesarios para emitir juicios definitivos sobre ideas que vienen desde la práctica; pueden aconsejar, pueden orientar y pueden ofrecer alternativas, ¿pero juzgar? No siempre.

Son muchos los casos en los que estas críticas negativas llegan a emprendedores que no saben interpretarlas y sus ideas terminan siendo asesinadas por personas que realmente no tienen más que teorías para soportar sus opiniones. Alguien recomendaba en alguna parte:

No aceptes críticas «constructivas» de personas que nunca han construido nada.

Esto es en parte cierto; una persona con conocimientos teóricos puede quizás opinar si tu modelo de negocios está bien construido, si tu canvas está bien redactado y si la propuesta de valor está bien presentada; incluso hasta podría darte una lista de chequeo sobre los posibles recursos, canales o estrategias de monetización que puedes aplicar, pero sus opiniones sobre si tu proyecto tiene mercado o si tu manera de llegar a ese mercado son correctas, quizás requieran de alguien que ya haya al menos vendido algo, que haya enfrentado a un cliente y que sepa lo que es crear un producto, venderlo e incluso fallar en el intento. Los fracasos de otros son grandes fuentes de conocimiento y muchas personas pueden hablarte de cómo ellos se equivocaron, pero para ello debieron hacer algo en la vida real.

Para complicar más esta situación, también en convocatorias y programas de gobierno asociados al emprendimiento se dan casos de mala selección de jueces. Esto impacta seriamente no solo la poca inversión en buenas ideas mal juzgadas, sino que le restan valor a esos programas, ya que los emprendedores pueden dejar de participar en ellos y acabarlos; lo cual es triste porque he visto grandes ideas que solo necesitan de recursos para salir adelante.

Si vemos un poco más allá, se han presentado casos donde en estos programas asignan a emprendimientos o startups, mentores que carecen de los conocimientos o la experiencia adecuados, llegando incluso a desorientar emprendedores y ocasionar fracasos en ideas de negocio que pudieron llegar a ser exitosas, si hubieran contado con un mentor idóneo.

Zapatero a tus zapatos

No es que sea mejor ser teórico o ser práctico; lo mejor es que cada uno comprenda su posición y aporte de manera colaborativa a cada situación. Yo creo que estamos cansados de perder buenas ideas por juicios sin criterios, de emprendedores desmotivados por opiniones sin fundamento dadas por personas que realmente no entienden los contextos, de ver cómo hay personas que quieren sobresalir por ser los Simon Cowell de los programas de emprendimiento o los Hannibal Lecter de las universidades, basados sólo en sus títulos académicos y no en su real aporte a los proyectos e ideas. Las verdaderas personas valiosas dejan su marca porque ayudan a construir, no quiero decir con esto que no debes dar juicios negativos o críticas, sino que cuando los hagas tengas la certeza y el respaldo de un buen criterio para sustentarlas.

El modelo a seguir de algunos jueces de programas de emprendimiento o profesores universitarios

Por favor, señores directivos de universidades, de programas de emprendimiento gubernamentales y de aceleradoras; elijan bien a sus jueces y mentores. Sus programas son la base para las nuevas ideas que desean mejorar el mundo, por lo que estos estudiantes y emprendedores requieren de personas valiosas que ayuden a construir desde su conocimiento y desde su experiencia; no solo personas que por tener muchos títulos o por solamente contar con el tiempo, pueden desempeñar roles claves en la construcción de nuevas startups y proyectos. El valor de sus programas lo dan las personas que eligen para realizar todos los procesos.

Es bueno que muchos aprendan a juzgar con humildad y a realmente ofrecer críticas constructivas que ayuden a construir y dejar de dar opiniones despectivas y sin fundamento con la esperanza de obtener la fama de chicos malos. Por el bien de tantos emprendedores y tantos creadores, espero que estos casos dejen de suceder y que el valor de las ideas y de quienes se atreven a hacerlas realidad, sea reconocido y evaluado por personas que realmente tienen los conocimientos y la experiencia necesaria para acompañarlos en cada fase de su proyecto de emprendimiento.

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